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Ing. Alejandro Ahumada Domingo 6 de ago 2017, 2:01pm ... Anterior 17 de 17 Siguiente ...

15 de mayo de 1911, descripción al detalle

Mensajero de la Cruz Roja.

SIGLOS DE HISTORIA

Ante la renuncia y destierro del Presidente Díaz, varios periódicos como El Imparcial y El Diario que apoyaba y celebraba los éxitos del Porfiriato quedaron en un vacio repentino, las prebendas y favores entre ellos se vieron afectadas con la llegada al poder de Madero fijando cambios y nuevas relaciones con ellos. Nacieron periódicos opositores a este nuevo Presidente donde los ataques y los señalamientos eran a diario para afectar su imagen. Uno de ellos que tuvo una corta vida (1911-1913) lo fue "El Mañana", y dentro de ese periodo apuntaló su crítica con hechos y sucesos dentro de esta etapa de transición del país buscando volver a la época de régimen de Díaz.

La ideología y el objetivo del periódico era clara y en 1912 a un año después de la matanza de los chinos en nuestra Comarca Lagunera apareció este escrito sin firma alguna en las hojas de este medio. Sin embargo, la descripción clara y puntal de la ciudad, de los múltiples personajes mencionados, junto a algunas de las fotografías de Hartford Miller y varias descripciones breves y testimonios orales (algunos tal vez exagerados) de esos momentos hacen suponer que es la narración de un testigo que vivió muy cercano esos tristes hechos y escalofriantes momentos en nuestra ciudad. A continuación, la transcripción fiel de esas hojas.

DÍA 15 DE MAYO ENTRADA DEL EJERCITO LIBERTADOR. SAQUEO EN TORREÓN

Seguramente que ninguno de los habitantes de esa población que haya presenciado la entrada del ejército maderista en Torreón, olvidará las escenas de bandidaje y de sangre que se verificaron en ese acto. Por mucho tiempo que darán en la memoria tantos actos de salvajismo, que recordaban las horripilantes leyendas de los hombres de Atila.

Serían como las cinco de la mañana, cuando se supo que los federales habían. salido de Torreón,

En la Plaza de Armas se veían algunos caballos pertenecientes a rurales y a soldados del octavo, que, sin jinetes, vagaban sueltos por las callejuelas del jardín. Más adelante se veían mochilas de soldados, correajes, chacós y capotes, que estaban en los charcos que anegaban las calles.

La mañana estaba despejada, y muy pocas personas sé veían por las calles, que, con canastas en la mano, iban en busca de comestibles para el desayuno:

Así transcurrió una hora, y la gente siguió aumentando, hasta las seis y media en que, por el lado Oriente, empezaron a oírse gritos de la plebe que llamaba a los maderistas, diciéndoles que los federales se habían retirado.

Estos no lo querían creer y algunos se aventuraron a acercarse con desconfianza a las trincheras diciendo mujeres quo no los engañaran.

Los Maderistas de Torreón, que vieron salir a los federales no les avisaban a los de fuera, y permanecieron ocultos en sus casas.

Por fin, la plebe penetró a la cárcel, que estaba sin guardia, y abrió a los presos entre los cuales se encontraban muchos criminales, correccionales y algunos presos políticos, entre ellos Manuel

Oviedo, que desde noviembre de 1910 había sido encarcelado. Esto individuo habían sido director de "La Hoja Suelta", periódico

anti reeleccionista, y presidente de un club integrado por Orestes Pereyra Mariano López Ortiz, los hijos de estos, Severo Bruciaga, Vicente Arellano y otros. Habiendo salió de allí, sin darse cuenta de lo que se trataba y fue llevado entre la multitud hasta la plaza "2 de abril."

Gritos de ¡ Viva Madero ! ¡ Muera Porfirio Díaz! ¡ Viva la Virgen de Guadalupe!; tiros y exclamación es se oían por doquiera, y una multitud del pueblo se lanzó por las calles vitoreando a los primeros revoltosos que entraron en Torreón.

La muchedumbre fue creciendo visiblemente, ya las siete de la mañana Torreón estaba invadido por pelados, mujeres, muchachos y revoltosos que no dejaban de gritar desaforadamente y disparar sus armas al aire.

Todos los revoltosos llevaban sus sombreros literalmentete tapizados de estampas de la Virgen de Guadalupe, Cristos, Niños de Atocha. Virgen del 'Refugio ; algunos andaban montados en pelo, de dos enancados en los caballos, con las armas más diversas: carabinas, sables, pistolas, machetes y cuchillos y hasta carabinas de salón.

Varios llevaban en las grupas de los caballos, a las mujerzuelas de los arroyos; otros portaban banderas que agitaban frenéticos en medio de los gritos ensordecedores de la multitud.

Enseguida comenzó el saqueo y la matanza de los chinos en la ciudad.

Parecía que despechados por la resistencia de los federales que habían hecho morder el polvo a cosa de seis mil revoltosos, sedientos de sangre, la bebían en víctimas inermes, que nada tenían que ver con el sufragio efectivo y la no reelección que traían por bandera.

Son incontables las escenas horribles de la matanza de chinos, de los cuales sacrificaron cobardemente a trescientos tres. No quedó establecimiento de aquellos que no saquearan.

En la Lavandería Oriental, establecimiento de dos pisos, perfectamente montado, destruyeron las máquinas - abrieron la caja fuerte, y ésta, aunque pesada, fue. arrastrada hasta en medio de la calle. De las flamantes máquinas no quedaron sino aquéllas que están fijas en el suelo, pues hasta la bomba de la noria se llevaron. El Banco Chino, las lavanderías, los almacenos de abarrotes y ropa, todo cuanto perteneció a los chinos, fue saqueado, destruido o incendiado.

Se veía, cometer, con lujo de crueldad que erizaba los cabellos, los crímenes más atroces. Los maderistas hacían fuego sobre los pobres chinos, acribillándolos a balazos, y después muertos o moribundos, los cosían a puñaladas.

Del edificio Reforma arrojaron por un balcón la cabeza de un desgraciado, a la multitud que ebria de gozo la recibió en medio de gritos, silbidos, carcajadas y denuestos.

Por las calles se veían cuerdas de desgraciados, que iban atados al cuello, heridos, con las ropas tintas en sangre, conducidas entre la soldadesca desenfrenada, que los obligaba a caminar a fuerza de caballazos, empellones y culatazos, hacia las orillas de la población, donde los fusilaban sin misericordia.

De estos infelices quedaron muchos tirados agonizantes, y los pelados iban a rematarlos a pedradas o puñaladas. Algunos maderistas arrastraron a cabeza de silla a muchos cadáveres.

Frente al edificio del Correo, un desalmado le echó el caballo encima a un pobre muchachito chino, cuyo cráneo se partió como granada debajo de los cascos del caballo.

Otros se apoderaron de las criaturas y, llevándolas en alto, cogidas

por los pies, los azotaban contra el suelo, rompiéndolos la cabeza. Así murieron muchos. Tampoco se les perdonó a las chinas, muchas de las cuales murieron asesinadas.

Los que pudieron escapar de la matanza, fueron a refugiarse despavoridos, en grupos o aisladamente, en las casas, en donde los ocultaban las familias, con riesgo de ser descubiertas y de correr la misma suerte que los refugiados. Así se salvaron cosa de doscientos chinos. Entre las personas que valientemente se expusieron a salvar tanto infeliz, se cuentan: La señora Sinforosa R. de Cadena,

que salvó a más de veinte chinos; don Joaquín Daniní, en cuya casa se refugiaron siete: una señora americana que valientemente arrebató a las multitudes a un muchacho.

En la Continental Rubber Co., se ocultaron más de treinta.

Y otros nombres que jamás se borrarán de la memoria de aquellos infelices, cuyo mayor crimen consistía en ser trabajadores y tener algunos ahorros.

Un señor Escobedo fue muerto por salvar a un chino.

Entre los chinos que sucumbieron en la hecatombe que pálidamente bosquejamos, se cuentan el señor Juan Maa, rico propietario

y persona prominente entre los suyos, casado con una mexicana, cuya presencia no contuvo a los desalados asesinos; el gerente de la Lavandería Oriental y algunos que se decía, eran de estirpe noble en su país, El doctor Lim se salvó milagrosamente.

Entro tanto, el saqueo de los establecimientos comerciales y residencias particulares seguía, en todo su furor.

La gente quo inició el saqueo y la matanza, de chinos, era del denominado Primer Regimiento de la Laguna, con gente de San Pedro y de los ranchos, cuyos jefes no pudieron imponer orden; pues entraron horas después a la plaza, y aunque Sabino Flores, y después Orestes Pereyra, protegieron a algunos chinos supervivientes, ya sus soldados y los de los demás cabecillas, habían manchado para siempre la causa de don Francisco I. Madero.

La casa de don Carlos González fue saqueada por completo. Sus oficinas abiertas, las cajas abiertas; robado el dinero, destrozados los libros y los documentos; rotas las puertas y sus cristales y vaciada por completo de muebles, ropa, papeles, armas, caballos, etc.

Un mes después de estos hechos la gente de Sabino Flores estaba ocupando esa casa y las habitaciones, recámara y salones de la opulenta mansión, convertidas en caballerizas con el pavimento cubierto de estiércol y restos de pastura, viéndose, en lo alto del edificio, flotar la bandera de la libertad. Las pérdidas sufridas por el coronel González, en todas sus propiedades ,importan mucho más de un millón de pesos.

El saqueo de la casa de Tomás Zertuche. vaciada por completo de mercancías, por valor de más de cien mil pesos.

Don Enrique Wulff, americano que tenía máquinas de coser y armas en su tienda, fue robado y después incendiado el edificio. El fuego se propagó en seguida a la librería de don Alfonso Campbell, que también fue completamente destruida por el fuego, después de haber sido robada. El Modelo, papelería y tabaquería de Agustín Victorero y Hno. también fue saqueada en parte. El Banco de La Laguna fue abierto y algunas cajas destrozadas y robadas. La Agencia del Banco Mercantil de Monterrey, en donde también estaba la Gerencia de la compañía Constructora de Torreón, fue abierta y saqueada, y los libros y papeles destrozados.

La Presidencia Municipal, la cárcel y los juzgados, saqueados y quemados los edificios y archivos. En el edificio que ocupa la Presidencia estaban también las oficinas de la Tesorería. El Casino de la Laguna completamente saqueado. La casa del señor licenciado Salvador Garza Castillón, la zapatería "La Moderna", de un español, todos loa montepíos el almacén "El Nuevo Mundo un árabe la Jefatura de Armas, la casa del teniente coronel Enrique Sardaneta , la del señor don Adolfo N. Rodríguez y muchas tiendas pequeñas, todas fueron saqueadas. Las importantes casas de comercio La Suiza" y Bochenau y Cía., se salvaron del desastre gracias a que los propietarios recibieron a los cabecillas con obsequios de magníficas armas y monturas.

Las calles estaban inundadas por el aguacero de la víspera y sin embargo, se encontraban llenas de gentes.

Se veían hombres, mujeres y muchachos del pueblo, cargando muebles, piezas de géneros, cajas de zapatos, tercios de harina, azúcar libros, botes de manteca ropa ,espejos, pianos, macetas con plantas; en fin, una confusión indescriptible de cuantos objetos pueda imaginarse, que en todos sentidos, eran llevados; también llevaban con trabajo costales llenos de ropa, sombreros, telas de seda casimires, zapatos y armas, y no conformes con el botín que la suerte les había deparado detenían a la gente para arrebatarle 1o que del saqueo llevaban. Máquinas de coser, de escribir escritorios, jarrones, loza, mecedoras, aparadores mesas, confidentes, etc. formaban un cortejo no interrumpido que a poco andar se derramaba por los ámbitos de la población para hundirse en los locales más inmundos. Y cuando los maderistas notaban que la acción devastadora de la plebe se calmaba un tanto, excitaban al populacho para que se diera, prisa y continuara el saqueo.

Y los gritos, los tiros y los golpes no cesaban. Se oían clarines que tocaban destempladamente toques qué pretendían ser militares de todas clases, en una confusión horrible. Algunos pianos fueron a dar a los jacales de orillas, en algunos de los cuales se tuvo que derribar parte de ellos para dar paso al instrumento pero muchos objetos fueron llevados a los carretones, que los esperaban en las afueras de la población para conducirlos á Gómez Palacio Lerdo, Matamoros y a ranchos circunvecinos pues desde días antes se sabía que se permitiría seis horas de saqueo a las fuerzas del Ejército Anti reeleccionista libertador.

Que vergüenza y que desesperación causa ver ultrajados los colores nacionales, por turbas desenfrenadas sin ley y sin conciencia!

¡Cuántos renegaban en esos momentos de ser Mexicanos y cuantas lágrimas surcaban las mejillas de las gentes honradas!

alejandroahumadatorreon @gmail.com

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