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Roberto Martínez García, profesor de Historia Domingo 19 de jun 2016, actualizada 10:41am ... Anterior El Siglo 12 de 16 Siguiente ... El Siglo

Canto cardenche: un sentido lamento de peón

El Siglo
Los cardencheros de Sapioriz lograron en 2008 el Premio Nacional de las Artes. (ARCHIVO)

SIGLOS DE HISTORIA

Segunda de dos partes

Los testimonios. En 1990-1991 apareció en el valle de Nazareno y el cañón de Jimulco, en calidad de gratuito, un pequeño folleto titulado Cardenche que recogió algunos testimonios de los cardencheros de esa región. Uno de ellos fue don Francisco Orona Martínez (1904-1994), nativo de Barreal de Guadalupe municipio de Torreón, pero avecindado desde niño en la entonces hacienda de La Flor de Jimulco, esto es lo que dijo:

"A todos los que éramos peones de la hacienda nos gustaba cantar cardenche, generalmente lo hacíamos después de haber cumplido con la tarea del campo. El lugar era lo de menos, podíamos estar sentados sobre los rieles de la vía del tren, en los bordos de la labor o recargados en cuclillas en la pared del rebote, había a quien le gustaba hacerlo de noche, arriba del basurero, por aquello de que estaban a la mano los 'cañajotes' del maíz para encenderlos y hacer lumbre. En esta región llegó a formarse un grupo numeroso como el de don Atanasio Ríos de Sombreretillo, eran seis personas que hacían las tres voces y además imitaban instrumentos musicales, era una especie de coral. Muy buenos pesos se ganaban cantando los domingos en la estación Jimulco. Hace algunos años, mi hermano Arturo nos entusiasmó para que volviéramos a cantar cardenche, la verdad me doy contra el suelo por no haberme aprendido todas las canciones que se entonaban antes de los años veinte, así es que me propuse juntar los versos de varias de ellas y empezamos a ensayar corridos como 'La Martina Vieja' (romance español de fines del Siglo XV conocido como La Bella Alba) 'Pioquinto y Perfeto', (originarios de la hacienda de Menores, Durango), 'El Correo de San Miguel' (de San Miguel del Mezquital, Zacatecas), 'Lino Rodarte', (de Jerez, Zacatecas) y otras más". Además de corridos, hay algunas muy sentidas como la que dice:

Los horizontes son chiquititos,

muy parejitos al caminar,

y andan en busca de una paloma,

que se ha salido del palomar,

y si no sabes corresponder a un corazón,

yo sí sé.

"No es fácil cantar cardenche, pues cada quien tiene que seguir su tono. Una vez fuimos a cantar a Torreón con los (González) Domene, al poco tiempo me dijeron que ya cantaban cardenche. Sí cantaban, pero a su modo, no al de nosotros. Los de Sapioriz cantan alabanceao; y es que muchos cardencheros cantaban a los difuntos, yo nunca lo he hecho, lo que sí me gustó fue la pastorela, fui capitán aquí en La Flor durante muchos años. Casi todos cantábamos, unos (cantaban) feo y otros bonito, pero todos. Y es que aparte del rebote, la otra diversión era el canto."

Mi padre, José Martínez Cardona (1913-1993) nativo de Picardías, municipio de Lerdo, Durango, dijo: "También se cantaba en los barrancos, el rebote o arriba del basurero, yo creo que esos lugares servían como caja de resonancia, en la noche se oía muy clarito, ya que no había ruidos, sólo el ladrar de perros o aullar de coyotes. Cantábamos canciones como esa que dice:

Margarita, Margarita, vamos a jugar al río,

te llevas tu sabanita, y a ver qué nos hace el frío.

Margarita, Margarita, vamos a los caracoles,

tú juntas coloraditos y yo de todos colores.

De tu ventana a la mía, me aventaste

un limón,

el limón me dio en el pecho, el zumo

en el corazón.

Isidro Robledo vecino de Juan Eugenio, municipio de Torreón, dijo: "La canción era interpretada en forma pausada y lamentoso, había piezas que duraban hasta veinte minutos; primero se entonaba la más difícil: el arrequinte [requinto] ya que para lograrla ellos se tenían que encoger, pegar los codos a los costados, apretar los puños y hacer un gran esfuerzo, ¡hasta se ponían colorados! eso por lo largo de la última palabra. En esa posición me acuerdo de don Pablo López. Después de cantar uno o dos versos sacaban su hoja de maíz, la ensalivaban, le vaciaban tabaco que traían en una bolsita, luego se ponían a fumar. Hacían varias pausas en cada canción.'

José Luna (1923) nativo de Juan Eugenio, Coahuila: "Muchas de las canciones fueron traídas de San Pedro de las Colonias, Coahuila, a mí me invitaban a cantar en el rebote, ahí se juntaba la típica. A algunos versos se les entendía, a otros no. Gustaba mucho un canto donde al empezar, "don Conchita" (José Concepción), soltaba un entonado y carcajeado grito:

¡Qué bonito tiguerito! Y le contestaba

don Rodrigo Vázquez:

¡Ay qué precioso animal!

Luego seguían los versos, donde intervenían todas las voces. Los patrones se enojaban porque cantábamos, era entretenido, aún más si había sotolito o tequila. No querían que nos desveláramos."

El futuro del canto cardenche

Es evidente que la letra y musicalidad de algunas canciones tienden a perdurar en la memoria artística nacional. Es importante mencionar la valiosa labor de difusión del programa radiofónico El Chauiztle, en la frecuencia de XEEP Radio Educación, donde la música mexicana ha encontrado refugio -especialmente la vernácula- y lejos de morir ha reverdecido. Esta música, "la que sale del surco", resurge en los noventa con mucha fuerza, así, se escuchan sones, corridos, coplas, huapangos e incluso géneros tan especiales como el canto cardenche, interpretada por el grupo Jaguares que incluye en sus intervenciones "Al pie de un árbol."

Pero no basta su difusión; en este caso el estilo es fundamental. El autor ha escuchado a una cantante de fama internacional interpretar una canción, pero, claro, con su estilo que, no es cardenche. En los ejidos laguneros existen intérpretes que sólo esperan que se les organice, que su valor sea calibrado; es común escuchar por las noches en los ejidos laguneros los cantos acardenchados donde los jóvenes ni siquiera saben que eso es canto cardenche y que es un estilo peculiar de los laguneros. Basta apoyarlos con incentivos que los conduzcan a valorarse como depositarios, al fin y al cabo el desierto convoca a su canción "la imposible canción cardenche" como aludió Paco Amparán en uno de sus escritos. De lo contrario, estaremos asistiendo a sus estertores, pues los viejos depositarios se están extinguiendo, la fuerza de los medios y la urbanidad se encargarán de abrir la sepultura. Así, se estará comenzando a cumplir la sentencia de una de las más bellas y tristes canciones: "yo ya me voy a morir a los desiertos, me voy".

Afortunadamente, los cardencheros de Sapioriz, con perseverancia y mucha dedicación, han logrado llamar la atención de los personajes de la cultura nacional y así, en 2008, lograron obtener el Premio Nacional de las Artes. Les fue entregado su reconocimiento el 4 de marzo del siguiente año por el entonces presidente de la República Felipe Calderón. Un premio que muchos artistas famosos quisieran. ¡Enhorabuena!

Fuentes:

Cardenche, folleto cultural 3, "Nosotros, los cardencheros", enero de 1991, p. 3-5

El Siglo de Torreón, 5 de marzo del 2009

Jean Meyer, "Yo, el francés. La Intervención en primera persona. Biografías y crónicas", Tusquets Editores, SA, 2002, p.131

Roberto Martínez García, "Canto Cardenche: un sentido lamento del peón" en Fronteras, revista de diálogo cultural, año 4, número 13, CONACULTA, verano de 1999, pp. 12-17

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Canto cardenche: un sentido lamento de peón

Los cardencheros de Sapioriz lograron en 2008 el Premio Nacional de las Artes. (ARCHIVO)

Canto cardenche: un sentido lamento de peón

Testimoniaron en 1991 para la elaboración de este ensayo los señores don Francisco Orona Martínez de La Flor de Jimulco, don José Martínez Cardona de Picardías, Durango y don José Luna de Juan Eugenio, Coahuila. (ARCHIVO)


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