Siglo Nuevo
Miguel Báez Durán Miércoles 9 de dic 2015, 2:42pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Guillermo del Toro

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Simpatía por los monstruos

Cuenta que, de niño, hizo un pacto de no agresión con ellos. Desde entonces, su simpatía no es injustificada pues los monstruos han alimentado generosamente su obra desde la ópera prima en México: Cronos. En la actualidad las películas del cineasta mexicano Guillermo del Toro cruzan fronteras al mostrar un universo propio donde tales amigos de la infancia son capaces de habitar a veces en paz y otras no tanto.

EL TRIUNFO DE LA FICCIÓN

La historia de una niña que ama los cuentos de hadas es también un ensayo sobre el imbatible poder de la ficción y su triunfo sobre la intolerancia con la recompensa de la inmortalidad. Heredera de personajes bibliófilos de gran tradición como don Quijote, Madame Bovary y, mucho más cercano a su edad, Bastián Baltasar Bux; esta Alicia en el país de la posguerra española deberá enfrentarse a una serie de monstruos para alcanzar un preciado don. En el comienzo de El laberinto del fauno Ofelia llega a un entorno rural custodiado por un molino y lo hace de la mano de su madre embarazada. Ahí conocerá a su padrastro, el capitán Vidal, el ogro del estrato real de la historia. Su madre le aconseja que deje de leer cuentos maravillosos pues ya está muy grande para esas “zarandajas”. Pronto, en el laberinto cercano al nuevo hogar, Ofelia se encuentra con el fauno, ser mitológico que le hace una revelación increíble: ella es en realidad una princesa, debe pasar por tres pruebas para demostrar su valía y alcanzar así el don de la inmortalidad. Al mismo tiempo del ideal de la niña, corre paralelo el de los rebeldes ocultos a los que combate Vidal y de quienes son informantes la criada Mercedes y el doctor Ferreiro.

Para quien no ama las historias escritas sobre una hoja de papel o las contadas a través del haz de luz de un proyector difícil será explicarse la actitud obsesiva de Ofelia y seguramente la verá con extrañeza, como lo hacen Carmen o el capitán. Habrá quienes incluso cataloguen su conducta como escapismo. Sin embargo, conforme avanza el filme, el poder de la fantasía y de la imaginación irá robándole terreno a los excesos de una realidad histórica encapsulada en los años posteriores a la guerra. La ficción es, entonces, mucho más convincente que la realidad. Sin embargo, ni una ni la otra deja de ser despiadada con Ofelia. En el universo creado por el director los cuentos de hadas son como fueron concebidos antes de la influencia de Disney. Aun así para la niña el plano de la imaginación resulta más familiar y deseable que el de la realidad, ya que en este último la trascendencia se obtiene solamente a través del recuerdo de otros o depositado en las frías manecillas de un reloj. La inmortalidad es el tema que flota e invade cada uno de los planos de la película. Desde el relato que Ofelia regala a su hermano nonato sobre una rosa que concede dicho don hasta el (en apariencia) desolador desenlace -el punto de colisión entre las dos tramas. A pesar de un desenlace que pudiera parecer devastador y triste más allá de lo imaginable, el sacrificio de la niña es la única llave de entrada al reino de la inmortalidad.

El laberinto del fauno es, sin lugar a dudas y de ahí su mérito, una cinta en donde todos los elementos están equilibrados. Ni el trabajo histriónico ni el del realizador está por encima del conjunto y cada una de las piezas que conforman un filme embonan en su lugar de manera adecuada. Con influencias de Goya, Lewis Carroll, entre otros; Guillermo del Toro lograr crear un universo fílmico propio y original que supera el logrado en sus anteriores créditos. Con ello se materializa una verdadera obra maestra.

GÓTICO MEDIO REDIVIVO

La cumbre escarlata es el intento del cineasta de revivir el cadáver del relato gótico. Cada uno de los elementos necesarios está presente en esta obra del mexicano: la mansión en decadencia, la llave reveladora de información, el secreto vergonzoso, la inocencia pisoteada de la heroína, la imagen de la joven mujer pálida entre tinieblas y con un candelabro en la mano. La pregunta reside en si vale la pena o no resucitar este género en la época actual. Y hacerlo sin mayores modificaciones. Habrá sí, en cambio, una obsesión de enamorado en cada detalle de la dirección artística.

Al inicio de la cinta Edith anuncia temblorosa y ensangrentada que ella cree con firmeza en los fantasmas porque ha comprobado que son reales. Esta introducción recuerda en mucho a la de El espinazo del diablo. A través de la creatividad de Edith, escritora en ciernes, habla la del realizador cuando afirma que su novela es una historia de amor con fantasmas y no al revés. La reflexión se hace con toda la intención para indicarles a los espectadores el verdadero género de la cinta: el romance gótico. Para hacer la historia de amor realidad llegan a la ciudad dos foráneos provenientes de Inglaterra: Thomas y Lucille Sharpe. Pronto la intención firme de Thomas será casarse con Edith. Tras la inesperada muerte de su padre, Edith será llevada hasta Inglaterra, hasta Allerdale Hall: lugar aislado y decadente también conocido como “la cumbre escarlata” por la arcilla roja que yace en su corazón.

Como ya lo advierte el cineasta a través de Edith la trama se ciñe a las reglas del género sin vacilación alguna. Los sustos se verán racionados. De acuerdo con las declaraciones del director, éste sería el primer trabajo fílmico en el que un estudio importante le permite hacer una cinta de corte maduro en inglés. Quizás por hallarse en la frontera entre el cine de autor y el comercial el proyecto no cuaje del todo. La timidez de la violencia -contenida hasta el clímax donde se revelan los secretos- con respecto a sus anteriores créditos en español, apunta al deseo de apelar a un público mucho más amplio e incluso adolescente. Tratándose además de un género bastante manido y en muchos aspectos pasado de moda, la trama se torna predecible y no hay ningún personaje lo suficientemente atractivo como para dejar en un segundo plano el defecto anterior. Y aunque la hechura de la película es de una exquisitez encomiable, se tiende hacia lo hiperbólico con los decorados, el vestuario y ni se diga los fantasmas generados por computadora. Parecería que a Guillermo del Toro le viene bien la austeridad, cualidad antes vista en su obra en español. Eso no quita momentos de innegable belleza. Desde la romántica con el vals entre los amantes sosteniendo la mecha que no se apaga. Hasta la escalofriante con la genial imagen de la arcilla roja, del mismo color de la sangre, exudando por cada rincón alrededor de la casa.

Hay también a lo largo de la cinta un constante e incómodo sentimiento de lo ya visto: por esa bañera de Allerdale Hall tan parecida a la de Ofelia en El laberinto del fauno, por esa flotante y sangrante herida de uno de los fantasmas tan similar a la de Santi en El espinazo del diablo. No hay pretensión desmedida ni soberbia detrás de este noveno crédito como director. Sólo hay un hombre sumamente enamorado de sus aficiones. Nada criticable. Sin embargo, será una minoría entre los espectadores quienes estén preparados a abrazar sin reticencias este romance gótico en el cual los monstruos son más humanos que etéreos. Lo logrado por Guillermo del Toro con respecto a los cuentos de hadas en El laberinto del fauno por desgracia no se encarna aquí con la misma contundencia.

(TABLA) FILMOGRAFÍA

Cronos (1993).

Mimic (1997).

El espinazo del diablo (2001).

Blade II (2002).

Hellboy (2004).

El laberinto del fauno (2006).

Hellboy II: el ejército dorado (2008).

Titanes del Pacífico (2013).

La cumbre escarlata (2015).

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