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ROBERTO MARTÍNEZ GARCÍA Domingo 22 de mar 2015, 12:55pm ... Anterior 13 de 13 Siguiente ...

De Villa Guerrero, Coah. a La Laguna

La boca de Picardías fue escenario de muchos encuentros bélicos durante la Revolución.

SIGLOS DE HISTORIA

Tercera parte - Coordinación de la serie: Yeye Romo Zozaya

Mientras tanto, López Ortiz y sus seguidores atacaban las vías del Central entre la estación Picardías y La Colorada, Zacatecas, la gerencia ferrocarrilera daba instrucciones en el sentido de que los ferrocarriles con pasajeros siguieran una ruta alterna que los llevara por Monterrey, ya fuera a la capital mexicana o a Ciudad Juárez, ya que los puentes y tramos de vía eran destruidos por la acción de los rebeldes.

El destacamento en Torreón era el encargado de enviar tropa de infantería para tratar de restablecer lo destruido ya que mucho dependía de ellos, por esa ruta se les hacían llegar víveres y armamento así como refuerzos. El día 28 de febrero 12 coches destruidos por un incendio al sur del puente de Picardías eran recogidos para permitir la reparación de la vía. Estas acciones eran fortalecidas por la presencia de 400 hombres montados para perseguir a los maderistas.

La fuente aquí citada afirmó que "el líder de los malhechores es Mariano López Ortiz y el secretario es un hombre de apellido Zamora, quien estampó su firma en un recibo por más de 600 dólares exigidos a Juan Terrazas. Varios pasajeros y el conductor del pullman contribuyeron al fondo de Terrazas como préstamo". Todavía tuvo Mariano la hombría de enviar un recado con las mujeres que viajaban en el ferrocarril al comandante del destacamento federal en Torreón en el sentido que lo iba a esperar bajo el puente de Picardías.

En esa etapa, operaban cinco grupos revolucionarios encargados de boicotear todo movimiento ferroviario, así como proveerse de bienes y metálico para continuar la lucha, en esa parte de La Laguna circulaban el Ferrocarril Internacional, tramo Durango-Torreón y el Ferrocarril Central, tramo Torreón-Zacatecas. El mencionado Zamora era quien se encargaba de reunir fondos en Pedriceña, Pasaje, Yerbanís, Nazas, Velardeña, todo para la sobrevivencia. En algunos lugares obtuvieron dinero, por ejemplo en Yerbanís 130 dólares, en Nazas se les unieron personas que hicieron la función de cocineros a los que se les pagaban dos dólares diarios; en la estación Jimulco, Mariano entregó 50 dólares a los propietarios de fondas y restaurantes con el fin de que atendieran a sus seguidores.

Tenían la precaución de confiscar toda la correspondencia que circulaba por la región, así obtenían valiosa información sobre movimiento de tropa federal y posición política de personajes de la región.

Bajo esas condiciones operó hasta mayo de 1911, el día 15 de este mes las tropas maderistas expulsaron a las tropas porfiristas de la ciudad de Torreón, seguramente Mariano López Ortiz y sus seguidores entraron triunfantes a la urbe lagunera ese día. Se reencontraba con la ciudad donde se había establecido como comerciante, de esa manera, y ya firmados los Tratados de Ciudad Juárez con Porfirio Díaz rumbo al destierro, el panorama parecía halagador, su familia volvería de San Antonio, su amigo Eugenio Aguirre Benavides ocuparía altos puestos políticos en el nuevo gobierno, don Panchito Madero se lanzaría a la presidencia de la República, y ganaría, ¡no faltaba más!, al fin, México libre de antidemocracia, de corrupción y de intereses bastardos, así es que ¡Todos a trabajar y a buscar la felicidad! Y efectivamente, Eugenio que ya era teniente coronel llegó a Torreón donde lanzó su candidatura para fungir como presidente municipal, cargo que logró por mayoría de votos. Don Panchito arrasó en las elecciones presidenciales, mientras Mariano, sus hermanos e hijos permanecían expectantes, esperando que alguien de los nuevos poderosos volteara a verlos.

Pero, don Panchito no buscó cambiar casi nada: el mismo ejército, los mismos políticos, los mismos administradores, los mismos dueños de la tierra y las fábricas, las mismas artimañas, casi todo igual, se olvidó de lo prometido en el Plan de San Luis. Así es que era necesario defenderlo y Mariano, seguramente también sus hermanos e hijos, empuñaron las armas para combatir a quienes descontentos por la situación actuaban con el nombre de orozquistas. Revolucionarios contra revolucionarios, pueblo contra pueblo.

Pero los enemigos de Madero no dormían y en febrero de 1913 fue ejecutado junto con el vicepresidente Aquiles Serdán y surgió el gobierno del chacal Victoriano Huerta. Otra vez a tomar las armas, ahora en apoyo al Plan de Guadalupe lanzado por Venustiano Carranza y así, Mariano y familia son localizados en la hacienda de La Loma para confirmar la gran voluntad formada por chihuahuenses al mando de Francisco Villa, duranguenses de Calixto Contreras y laguneros de Coahuila y Durango con Orestes Pereyra, Sixto Ugalde, Gregorio A. García y muchos más. Esa gran voluntad se transformó en la División del Norte del Ejército Constitucionalista, cuyo primer jefe era el señor Carranza.

Esa famosa División, cuyo jefe resultó ser el representante del Movimiento Revolucionario de Chihuahua, general Francisco Villa, estaba formada por varias brigadas, y éstas por varios regimientos, veamos la membresía de la Brigada Zaragoza a donde perteneció Mariano López Ortiz y en la que figuró su hermano Pablo como capitán primero:

Jefe de brigada: Eugenio Aguirre Benavides, Subjefe: Raúl Madero González, Primer regimiento: Felipe Macías, Segundo regimiento: Raúl Molina, Tercer regimiento: Lauro Guerra, Cuarto regimiento: José Hernández Centeno, Quinto regimiento: Lucio Joven, Sexto regimiento: Sixto Ugalde, Séptimo regimiento: Mariano López Ortiz, Batallón Ignacio Zaragoza: Enrique Rodríguez, Cuerpo Auxiliar de Exploradores: Roberto Rivas.

Entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre de 1913 se escenificó otro combate para tomar la plaza de Torreón; después del triunfo, las huestes norteñas se tomaron un respiro y volvieron a su región de procedencia a buscar reorganizarse para atacar con mayor fuerza al huertismo. Volverían a tomar Torreón en abril de 1914, desde entonces se iniciaron hechos trascendentales que cimbrarían al proceso revolucionario. La posición del primer jefe Carranza, en el sentido de imponer su autoridad a los comandados por Villa dio al traste con la unidad revolucionaria. Tanto Eugenio Aguirre como Mariano López Ortiz siguieron fieles a la estructura de la División del Norte y así acudieron a la toma de Zacatecas, batalla que marcó la derrota de Huerta y su gobierno. Asistieron a la Soberana Convención de Aguascalientes iniciada en 1914 y fueron testigos del nombramiento del general Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente provisional de la República, pero ya tanto Carranza como Villa y Zapata estaban en pugna mortal.

La entrada de Villa y Zapata a la capital de la República inició una etapa borrascosa, la autoridad de ellos se imponía a la del presidente Gutiérrez que se veía imposibilitado para meter al orden tanto a villistas como a zapatistas. Apenas había tenido tiempo de ascender a varios de sus leales entre los que se contaron a Lauro N. Garza, Felipe Macías, Mariano López Ortiz y Sixto Ugalde, quienes recibieron su nombramiento como generales de brigada a mediados de 1914. La indisciplina de Villa y Zapata provocaron que el presidente abandonara la ciudad el 16 de enero de 1915 y con él, varios jefes revolucionarios como Eugenio Aguirre Benavides y Mariano López Ortiz. Ahora no eran ni carrancistas, ni villistas. Bien se les podría llamar: gutierristas. A partir de entonces Aguirre Benavides y sus hombres sufrieron varias derrotas propinadas por los villistas y los carrancistas, ante situación tan apremiante Eugenio pensó en exiliarse en los Estados Unidos, pero su destino se escribió cuando fue capturado a fines del mes de mayo de 1915 en la hacienda Guadalupe y fusilado el 1 de junio en la primera curva de la vía del tren, al norte de Los Aldamas en el estado de Nuevo León; sus hombres quedaron al garete, encargados al general Mariano López Ortiz, quien sin futuro alguno se vio obligado a entregar sus tropas a los triunfantes carrancistas.

vobe44@yahoo.com.mx

FUENTES: Luis y Adrián Aguirre Benavides, Las grandes batallas de la División del Norte al mando de Pancho Villa, editorial Diana, SA, México, 1964:36-38

Taracena, Alfonso, La Verdadera Revolución Mexicana: etapa 1914-1915, editorial Jus, México, 1960:282

The Mexican Herald, (diario) México, DF, 22 de diciembre de 1914.


Si tiene comentarios, escríbanos a: yromo@elsiglodetorreon.com.mx

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