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ROBERTO MARTÍNEZ GARCÍA Domingo 21 de sep 2014, actualizada 8:41am ... Anterior El Siglo 8 de 13 Siguiente ... El Siglo

El mineral de Velardeña

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SIGLOS DE HISTORIA

(Tercera parte)

Después de la tragedia en la mina de Terneras los males siguieron llegando, pues el mundo capitalista entró en crisis financiera por sobreproducción, siempre generada por la desmedida ambición. Y es que cuando los inversionistas ven que su empresa crece y sus productos tienen demanda, crean otra, y otra, y otra… llegando a resultar que saturan el mercado y de pronto ya no pueden vender más. Empiezan los despidos y los posibles consumidores se quedan sin ingresos. La producción se paraliza y todos a sufrir. Eso pasó desde principios de 1907, pero en La Laguna y su área circunvecina, como los minerales de Velardeña y Cuencamé, los efectos se sintieron los últimos meses de este año. La agricultura, el comercio, la minería y casi toda la actividad económica se afectó.

Y para acabarla de atrasar, el paradigma del capitalismo -los Estados Unidos- empezó a expulsar a mexicanos, total: la situación se tornó grave para las familias, la molestia era evidente ante el cierre de la minera de Velardeña, Tal decisión, que de pronto no se explicaba, perjudicó directamente a la Compañía Metalúrgica de Torreón y a los que de ella dependías directa o indirectamente, ya que ahí se procesaba en gran cantidad las piedras metálicas de innumerables empresas y se afirmaba que las minas de esa gran empresa son de la Cooper con producto de 250 gramos de plata y el 3% de cobre; la de Terneras y Santa María son minas de plomo y plata. Las tres minas están conectadas por ferrocarril y poseen maquinaria moderna. En esta empresa la dirección está a cargo del señor D.M. Haynes, la superintendencia al del señor B.C. Cockle, la administración al del señor W.H. Foster y el cuidado de inspección está encomendado al señor W. Bowland Cox….

Se explicaba que todo obedecía a que el precio del cobre había sufrido una baja considerable en el mercado, no siendo por esto productivo el laboreo. Pero a la vez se hacían preguntas como: ¿Hay una crisis verdadera y honda, o solo es cuestión temporal? Mucho sufrirían los pobladores mineros de Velardeña los que ya se contabilizaban casi en 10 mil almas en la primera década del siglo XX.

El general Porfirio Díaz impuso una política económica de puertas abiertas al capital extranjero. Esta situación generó muchas inconformidades. No sólo los pobres protestaban, también los ricos, especialmente aquellos que aún con las posibilidades económicas, no podían aspirar al pleno desarrollo de sus capacidades. Para someter a los inconformes, el gobierno de Díaz recurrió a la represión social, económica, política y militar. Para ejercer la cotidiana práctica represiva solapó a individuos que desarrollaron su autoritarismo e instinto criminal como aquí se relata. La historia aquí descrita representa, junto con las rebeliones de Viesca y Las Vacas en Coahuila, las huelgas de Río Blanco en Veracruz y la de Cananea en Sonora, los antecedentes del movimiento revolucionario de 1910-1917, veamos: Los primeros días del mes de abril de 1909, el cura de Cuencamé don Ramón Valenzuela, se ocupaba de los preparativos para el festejo de la Semana Mayor en el mineral de Velardeña. De acuerdo a la costumbre, se tendrían que escenificar los pasajes más importantes del calvario católico. El cura y los mineros planearon y realizaron la procesión el miércoles 7, con todo y la prohibición del juez José Ángel Fabián, respecto de que las imágenes no deberían aparecer en culto externo, así que los fieles y el cura las cubrieron para no violar la ley.

Al ir en procesión, el juez les ordenó regresar, bajo injurias, y acusaciones de violar las Leyes de Reforma. Entonces se acostumbraba "abrir la Gloria", el sábado. El acto culminante era la llamada quema de Judas, donde se daba lectura a un documento llamado El testamento de Judas. Éste contenía recomendaciones en verso, señalaba errores de los pobladores o de las autoridades, todo ello para que se enmendaran conductas mal encauzadas. La situación era tirante, y a alguien se le ocurrió componer y leer en público versos picosos y albureros contra el juez local, quien llamó al padre Valenzuela, al cual maltrató verbalmente.

Ya en la noche, montando su caballo, atropelló a un niño frente a varias personas que estaban en la capilla; éstas, indignadas, reclamaron al jefe de cuartel quien junto con sus auxiliares, y con los rifles, hicieron disparos al aire. Los vecinos al verse agredidos tomaron piedras que lanzaron contra los auxiliares quienes tuvieron que replegarse asustados ante la imprevista reacción popular. Fabián huyó acompañado de su esposa con rumbo a la estación del ferrocarril y desde ahí envió un telegrama al gobierno del estado informando que, "los mineros del tiro de Velardeña se habían amotinado contra el Gobierno".

(Continuará)

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