Coronavirus: El Mexicano se extinguió por egoísta

En boca de todosEmmanuel Félix Lespron

Coronavirus: El Mexicano se extinguió por egoísta

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Escrito por Emmanuel Félix Lespron 17 de marzo de 2020
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FUENTE: TWITTER: @RADIOHEN

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En diez minutos de estar viendo Facebook me di cuenta tristemente de dos cosas: muchos de mis amigos en México creen como AMLO que el coronavirus “no es tan grave”, y que el valemadrismo está superando las medidas de precaución internacionales.

Siguiendo las enseñanzas mexicanas del “todo se puede”, “todo se arregla”, “por mis pistolas” y “a ching*, ¿cómo que no?”, estamos dando una oportunidad muy grande a que el coronavirus se coma al país bajo excusas tan estúpidas como que “la temperatura en México acaba con el virus”, “la sangre del mexicano es muy impura y por ello resiste a las enfermedades más que otras”, “el virus no resiste al alcohol (tomado)” y demás.

Señores: el mundo se detuvo por este virus. Empresas multimillonarias cerraron sus puertas. Escuelas internacionales dejaron de recibir estudiantes.

Y aún así, los sistemas de salud más preparados en el mundo colapsaron ante un contagio masivo que se mantuvo en silencio en un principio afectando a miles y que por ello llegó a la puerta de nuestros hogares.

¿Qué significa esto? Que a pesar de que nosotros tenemos la información y las medidas de prevención adecuadas, aún así nos vamos a la playa, a Tequila, a cenar con los amigos, a la disco, al Vive Latino, a la quinceañera de la novia del Brayan, a la carne asada con mis “compas”, a los mítines políticos (sin siquiera ser temporada electoral, por favor) y demás.

El coronavirus nos está jodiendo silenciosamente no sólo por desconsiderados sino por ser egoístas. El egoísmo, el “yo puedo”, “por mis pistolas”, “a mí no me pasa nada”, “el mexicano todo lo resiste” es lo que va a causar que un día salgamos al médico y no haya abastecimiento de medicamentos porque el problema no es contagiarse, sino que se contagien muchos al mismo tiempo que es precisamente el talón de Aquiles del virus pero una situación que a muchos no llegan a comprender bien.

Si algo hemos aprendido de esta pandemia es que tristemente el coronavirus no se previene cuidándose uno mismo, poniéndose un suéter, tomando de mi propia bebida, vacunándose o utilizando preservativo, como pasa con las demás enfermedades, sino protegiendo a los demás. El COVID-19 (como también se le conoce) se frena evitando que uno se exponga a un foco de infección y lleve y traiga la enfermedad a todos lados porque, cierto, a muchos no les significará síntomas, pero esto nos convierte en detonadores ambulantes capaces de mandar al hospital a otros. La máscara quirúrgica es otro buen ejemplo. En otros países no la llevan sólo para no inhalar y proteger los pulmones de uno, sino para evitar que la saliva, el estornudo, la tos y demás llegue a los demás.

Los números oficiales de contagios están muy seguramente maquillados y son muy ambiguos. Si no hay un seguimiento de los viajantes que llegan a México, si no se les pone en cuarentena, si no hay un sistema de salud monitoreándoles a cada paso, es imposible saber por dónde se mueven los focos de infección y sólo estamos tomando nota de quien ya tiene síntomas. Por cada persona que ya tiene síntomas, muy seguramente muchas más ya están contagiadas. Además, con nuestra cultura del auto-medicarse, es muy probable que muchos cuadros de síntomas estén mareados con aspirinas y demás sin que nos demos cuenta.

¿No hay acaso un desabastecimiento de medicamentos en México? ¿No nos quejamos del sistema de salud aún y cuando tenemos cita con el médico? ¿No nos parece que los hospitales están saturados aún y en temporadas sin pandemias? Entonces ¿qué nos hace creer que estamos listos para enfrentar un contagio masivo en el que todos estén enfermos al mismo tiempo?

¿Qué es lo que podemos hacer entonces?

Primero, dejar de hacer caso a todas las p*ndejadas que dice AMLO. El coronavirus SÍ es grave, SÍ nos puede afectar, SÍ es pandemia mundial y él sí es un foco de infección por andar besando niños que ni quieren ser besados, saludando de mano y evadiendo el gel antibacterial.

Segundo, seguir los consejos internacionales en donde la pandemia ya se esparció y se está conteniendo: EVITAR MULTITUDES, lavarse las manos con más frecuencia, cocinar en casa, utilizar máscara si presentamos tos o estornudos, llevar un gel antibacterial de mano y utilizarlo después de tocar objetos que mucha gente toca (botones de ascensor, plumas, manijas de puertas, NO saludar de mano y mucho menos de beso, etcétera; en pocas palabras, no salir y no dejarnos llevar por el “se adelantó la Semana Santa” sino entender que “nos toca cuidarnos unos a otros para que esto no se ponga feo”.

Tercero, monitorear la temperatura de todo individuo en lugares públicos, a la puerta de la oficina, de la escuela si todavía hay clases, en casa, y en los restaurantes que sigan abiertos. Si alguien tiene temperatura, enviarlo al hospital a que se haga la prueba correspondiente. 

Cuarto, evitar entrar en pánico e irnos de compras. Si ven una multitud en algún centro comercial, sáquenle la vuelta, bye. Permitir que los ancianos, embarazadas y demás compren primero e ir sólo por lo que necesito después.

Si seguimos estas medidas de prevención, si dejamos de ir de vacaciones o de fiesta con nuestros amigos, tendremos una oportunidad muy grande de salir de esta vivitos y coleando. Ya es momento de entender que del coronavirus uno no se salva por ser “ching*n” sino por no ser egoísta, que de seguir siendo así, va a dejar a México sin muchos mexicanos. Si el gobierno no quiere hacer nada, que no hagan nada entre ellos, al cabo necesitamos uno nuevo. Pero una sociedad nueva costaría muchos años reconstruir y recordemos que cuando alguien se nos va, les lloramos toda una vida. 

A cuidarnos unos a otros como cuando hay terremotos entonces.

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