Regidores tras el botín

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

Regidores tras el botín

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Escrito por luis hernández aranda 23 de agosto de 2010
General

En el pasado inmediato, cuando el PRI no perdía ninguna elección en el país, los políticos de oposición que alcanzaban un puesto de regidor en un municipio se esforzaban al máximo por cumplir con su trabajo. Denunciaban irregularidades del partido en el poder, los excesos y dispendios de los recursos eran señalados con valentía y argumentos. Esto sucedía porque los partidos de oposición no podían darse el lujo de perder la confianza ciudadana tras ocupar un puesto que habían sufrido por alcanzar.

En la actualidad ya no sucede así. La mayoría de los regidores en todos los municipios del país ha caído en las trampas de corrupción que antes denunciaba. Paradójicamente la llegada de la oposición al poder en vez de generar una competencia que obligue a mejorar el desempeño de los políticos, únicamente ha evidenciado la falta de compromiso y ética de aquellos que tienen la oportunidad de ocupar una posición en la función pública.

En este escenario no es descabellado afirmar que el puesto de regidor pasó de ser un incómodo vigilante, a un puesto prostituido que en la mayoría de los casos se ve como un botín económico o una especie de premio de la lotería, como consecuencia de los altos sueldos y los beneficios que da el puesto para ejercer y gozar el poder.

Esta falta de compromiso nuevamente quedó en evidencia la semana pasada cuando 10, de 15 regidores, que integran el Cabildo de Gómez Palacio solicitaron al alcalde Mario Calderón la entrega de un bono de marcha que ascendía a 360 mil pesos para cada uno, lo que causaría un impacto al erario de 5 millones 400 mil pesos.

El argumento de los 10 ediles que buscan su bono, es que en cualquier empresa el trabajador tiene derecho a una liquidación tras concluir su contrato. Lo cual es cierto, pero los regidores olvidan que también en cualquier empresa hay indicadores de productividad lo que no sucede en el Cabildo de Gómez Palacio.

¿Cómo decir que los regidores fueron productivos cuando las sesiones no duraban más de cinco minutos?, ¿Cómo hablar de productividad cuando en tres años los regidores no se ocuparon ni preocuparon por crear los reglamentos que normen las labores de las direcciones de: Desarrollo Rural y Deporte, al igual que las del Instituto Municipal de Cultura y del Instituto Municipal de la Juventud?

Como la cereza del pastel se encuentra el grave rezago que hay en 13 comisiones con 58 asuntos pendientes por resolver, algunos de los cuales fueron turnados desde el primer año de la administración que termina funciones el 31 de agosto.

Debido a este rezago los regidores fueron incapaces de aprobar o rechazar propuestas como la de otorgar estímulos económicos a deportistas destacados; colocar cuatro puentes peatonales en el Periférico de Gómez Palacio y la donación de un terreno para la construcción de una Unidad Médica Urbana, ente otras.

En cualquier empresa, donde hay indicadores de desempeño, un rezago como el que dejan los regidores de Gómez Palacio sería motivo de despido. En el Cabildo no sucedió así. Por tres años los regidores gozaron de un sueldo nada despreciable: 25 mil pesos mensuales, más 30 mil pesos de compensaciones, 150 despensas, 10 mil pesos en vales de construcción y 300 litros de gasolina. Con este sueldo el trabajo de los regidores obviamente se convierte en un botín nada despreciable.

Es innegable que en Gómez Palacio, como en otros municipios del país, la falta de una auténtica rendición de cuentas y la desagregación de compromisos, ocasiona que entre los regidores se dé una especie de confabulación para realizar actos fuera de toda ética. Ejemplos sobran, cuántas veces no hemos escuchado que regidores se concedieron a sí mismos licencias de alcoholes, de taxis, o que cambiaron usos de suelo en zonas no permitidas.

La mayoría de los regidores no tiene cargo moral de sus acciones, ya que quienes ocupan este cargo no fueron votados directamente por los ciudadanos. Quien hace campaña es el candidato a alcalde, los futuros regidores están tras bambalinas y sólo aparecen cuando llega el momento de asumir el poder.

La falta de competencia política que mencionaba líneas arriba, se evidencia cuando son regidores del PAN quienes promueven la entrega del bono en Gómez Palacio. ¿Qué acaso no son ellos quienes denunciaban un mal manejo de los recursos públicos?

La petición de los panistas se vuelve más inmoral, cuando por primera vez tienen seis regidurías gracias a la votación histórica que obtuvo hace tres años Augusto Ávalos, y ese capital político es dilapidado por intereses monetarios.

¿Por qué la regidora María del Carmen Ávalos no siguió el ejemplo de su compañero de bancada Jorge Calero?, ambos pidieron licencia para buscar una diputación local y tras los malos resultados la edil regresó a su puesto y ahora quiere su bono de marcha, mientras que Calero no regresó a la administración y por la tanto no volvió a cobrar en la sagrada nómina.

Mientras no haya indicadores de desempeño, los regidores seguirán viendo su puesto como un botín económico. Ante este escándalo es importante saber a qué se comprometen los nuevos regidores que entran en funciones el 1 de septiembre: ¿establecerán indicadores de desempeño?, ¿se fiscalizarán los gastos de gestoría?, ¿promoverán una reducción en sus compensaciones? Por desgracia, estoy seguro que mientras la ciudadanía no se vuelva más participativa, esta misma historia la veremos dentro de tres años ya que por desgracia el ejercicio de la política y la función pública se ha convertido en una mera agencia de empleos.

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