De luces y sombras los primeros cien días de Olmos

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

De luces y sombras los primeros cien días de Olmos

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Escrito por luis hernández aranda 12 de abril de 2010
General

Cien días pueden parecer tiempo suficiente para evaluar a la actual administración municipal de Torreón, al mismo tiempo que son pocos días tomando en cuenta que la gestión del alcalde Eduardo Olmos, tendrá una duración de cuatro años. Sin embargo, se puede hacer un análisis sobre los principales lineamientos que han marcado estos primeros meses de trabajo.

Entre los puntos positivos está el mejoramiento urbano de la ciudad. Las labores de pavimentación, limpieza y de colocación de luminarias es algo que la población siempre agradece. El hecho de que la mayor parte de la inversión de estas acciones, 400 millones de pesos, provenga del Gobierno Estatal que encabeza Humberto Moreira, es algo que al ciudadano común no le importa. Para el grueso de la población lo importante es gozar de mejores servicios, lo de menos es que sean recursos estatales o municipales.

En ese aspecto Olmos tiene un punto a favor, sobre todo tomando en cuenta el deplorable aspecto que guardaba la ciudad al final de la administración de José Ángel Pérez.

Otro acierto fue el manejo del paro laboral de los policías municipales. Donde el alcalde no cedió a presiones y se despidieron a los elementos que no querían acatar las nuevas reglas de trabajo. Aquí también Olmos aprendió la lección de su antecesor, hay que recordar que tras el enfrentamiento de policías municipales contra agentes federales, José Ángel Pérez optó por defender a sus elementos lo que le restó puntos entre los ciudadanos.

El contacto directo con la población a través de redes sociales como el Facebook, es una modalidad que los más jóvenes agradecen ya que a partir de ella entran en contacto directo con el alcalde.

Hasta aquí pareciera que Olmos está comprometido con su trabajo. Sin embargo, al igual que con José Ángel Pérez, pareciera que los colaboradores más cercanos del alcalde son sus principales enemigos ya que le generan grandes problemas.

Al inicio de la administración estalló un grave conflicto laboral en el DIF, que al paso de los días resulta problema menor comparado con la opacidad promovida por el contralor Lauro Villarreal, así como los desatinos del tesorero Pablo Chávez Rossique, quien maneja las finanzas municipales como si fueran un negocio propio.

Resulta preocupante que los ciudadanos no puedan acceder a los sueldos y nombres de los directores a través de la página web del Ayuntamiento, la cual se limita a proporcionar una información mínima sin que hasta el momento el contralor, Lauro Villarreal, haya hecho pronunciamientos severos para solucionar el problema.

Cuando se hablaba de austeridad, el contralor rentó una casa para sus oficinas bajo el argumento de tener mayor independencia en su trabajo de vigilar las finanzas públicas, lo cual no ha sucedido. Ya que el funcionario ha optado por lanzar todos sus dardos contra la anterior administración panista, anunciando desfalcos y auditorías que hasta el momento no han pasado de declaraciones estridentes.

Además está su intervención para privilegiar a ciertos proveedores, como compañías de seguros, al mismo tiempo que ordena suspender los recursos a organismos no gubernamentales como el Instituto de Buen Gobierno.

En cuanto a pifias propias de funcionarios sin experiencia están las cometidas por el tesorero, Pablo Chávez Rossique, quien mandó imprimir recibos municipales cuando todavía no era autoridad, además de hacerlo sin una licitación previa e incluso con un domicilio fiscal erróneo.

Por otra parte, está el hecho de ser autoridad y no predicar con el ejemplo ya que el tesorero debe casi 60 mil pesos de pago de agua en una casa que tiene a su nombre el contrato con el Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento (Simas). Adeudo que no le ha generado ninguna multa.

El tesorero también se ha dado el lujo de no pagarles a 350 empleados, argumentando que Servicios Administrativos es el encargado de poner en orden una nómina que hasta el momento se ha manejado en lo "oscurito".

Incluso podríamos decir que tanto el contralor, como el tesorero, tienen actitudes similares en cuanto a desobedecer las órdenes del alcalde. Como muestra un botón: mientras Eduardo Olmos ya ordenó que se siga apoyando al Instituto de Buen Gobierno, hasta el momento el tesorero no ha entregado los recursos e incluso no ha recibido a los integrantes de este organismo.

Mención aparte merece el caso de Ricardo Hernández Gallardo quien es gerente comercial del Simas desde enero, y llegó al puesto a pesar de una denuncia de la misma empresa que hace cuatro años lo señaló como presunto responsable de manipular el padrón de usuarios para cancelar adeudos. ¿Quién autorizó su contratación?, ¿acaso no es una contradicción contratar a alguien que tiene una denuncia por malos manejos?

Hasta el momento la administración municipal se ha caracterizado por la opacidad y los excesos, como comprar Blackberrys a los funcionarios y gastarse varios millones en el acondicionamiento de nuevas oficinas del Banco de México.

El problema de la inseguridad, por desgracia, es aún el principal problema por resolver al tiempo que los robos van al alza.

Cien días son suficientes para que el alcalde, Eduardo Olmos, haga un ejercicio de autocrítica y más allá de amiguismos, vea qué funcionarios en realidad son eficientes. Porque en caso contrario, su administración no cumplirá las expectativas generadas ya que hasta ahora el color de su administración es gris.

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