El reclamo del silencio

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

El reclamo del silencio

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Escrito por luis hernández aranda 25 de agosto de 2008
Artículos periodísticos

Columna Perifèrico publicada en El Siglo de Torreón el 25 de agosto de 2008 

El silencio también pude ser estridente, sobre todo cuando es motivado por el descontento de una sociedad que exige vivir en paz. El pasado viernes alrededor de diez mil personas de toda la Comarca Lagunera tomaron las calles, recuperando sus espacios, para reclamarle a las autoridades de todos los niveles que hagan su trabajo, que cumplan con su principal función: dar seguridad a los ciudadanos.

En el lapso de un año la Comarca Lagunera perdió la paz y la tranquilidad que siempre le caracterizó. Por décadas fue común escuchar la frase de que en “Torreón no pasaba nada”, por desgracia hoy suceden muchas cosas que han provocado el miedo y la psicosis en la población.

Empresarios, religiosos, pero sobre todo amas de casa, niños y jóvenes universitarios caminaron en silencio y su “grito” se escuchó muy alto, los políticos no pueden permanecer sordos a su reclamo. Hoy todos somos víctimas de la violencia, las calles vacías son la manifestación palpable del temor que nos impide hacer nuestra vida cotidiana.

Por fortuna los alcaldes de la región comprendieron el objetivo de la marcha y no se aparecieron en ella. El reclamo también va contra ellos, hubiera sido muy mezquino el “secuestrar” el sentir de la sociedad para buscar algún beneficio político.

Por desgracia la marcha no soluciona de inmediato el problema, sin embargo su importancia radica en la participación ciudadana. Es cierto, poca gente fue si se compara con el número de personas que salieron a las calles a celebrar el último campeonato del Santos, sin embargo las cifras no minimizan el reclamo ciudadano.

Como sociedad estamos obligados a participar en las decisiones políticas y exigir a las autoridades que cumplan con su trabajo, después de todo son nuestros empleados, sus sueldos provienen de los impuestos que pagamos.

Hoy se marchó por la seguridad, pero también debemos aprender a alzar la voz para exigir obras de calidad, transparencia en el uso de recursos, buenos maestros en las escuelas, precios justos en los diferentes productos que consumimos, entre otras cosas.

Es cierto, nos falta mucha cultura cívica. En las escuelas de un brochazo desaparecemos las clases de civismo, y lo que es peor, poco inculcamos la participación de los ciudadanos en el acontecer político. Como maestro en dos universidades de la región es preocupante la apatía que muestran muchos jóvenes, quienes se manifiestan decepcionados de la clase política y por ende de la democracia.

En la mayoría de las escuelas la cultura cívica se limita a la impartición de una materia aislada, aburrida, que se limita a promover la identidad nacional a través del culto a los símbolos patrios y a las ceremonias cívicas, olvidando el fomentar la capacidad de crítica.

Adrián Acosta es su texto titulado “El déficit cívico” publicado en la revista Nexos afirma que “fue hasta las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado, cuando se permitió el ejercicio continuo de un poder cívico alentado por reformas en las instituciones públicas y electorales que provocaron una alternancia y la formación de un sistema de partidos.

Sin embargo, la experiencia del pueblo mexicano durante siete décadas se tradujo en una participación vertical de los ciudadanos en las elecciones de gobernantes, la cual se arraigó de tal manera que en la época presente resulta difícil pensar que puedan darse de manera automática comportamientos cívicos horizontales”, de ahí que limitemos nuestra participación ciudadana a emitir un voto en la jornada electoral.

Como sociedad es importante que nos caiga el “veinte” de que podemos y debemos participar más en la elaboración de Políticas Públicas, no debemos permanecer a la espera de que las autoridades se decidan a hacer su chamba. Entre más exigente sea la ciudadanía, más amplias serán sus expectativas y demandas respecto de la democracia y calidad de vida. Debemos dejar de ser la sociedad que sólo exigía que su voto contara, para ahora demandar bienes como el bienestar social y una mayor influencia en la definición de las políticas públicas.

Debemos recordar que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) establece en su Informe sobre la Democracia en América Latina 2004 el concepto de ciudadanía integral, el cual implica que los ciudadanos puedan ejercer sin límites sus derechos civiles, sociales y políticos. Un régimen que asegure estos tres tipos de derechos a su sociedad, ya no es una democracia electoral, sino una democracia de ciudadanía. Ésta debe ser nuestra ambición, la marcha del pasado viernes es un primer paso de muchos que debemos dar.

El pasado viernes por un lapso de tres horas desaparecieron las diferencias propias de los estratos sociales y en silencio los laguneros gritaron un “ya basta” contra la violencia, que esperemos pronto se haga realidad, al mismo tiempo que adquirimos un mayor compromiso con nuestro entorno social.

Artículos periodísticos, 4,850 lecturas.

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