El nulo compromiso de los políticos

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

El nulo compromiso de los políticos

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Escrito por luis hernández aranda 09 de febrero de 2009

Normalmente cuando algún funcionario aspiraba a competir por un cargo de elección popular lo primero que hacía era renunciar a la chamba que tuviera en ese momento, o en su defecto pedir licencia. Sin embargo, la semana pasada Rodolfo Walls, director de Planeación, Control de Programas e Innovación Gubernamental del Ayuntamiento de Torreón, se auto destapó como aspirante a una diputación federal sin renunciar a su puesto.

En las calles de Torreón ya se puede apreciar su fotografía, afirmando que él si comprende las inquietudes de los ciudadanos.

Más allá de criticar esa táctica de “chapulín”, de la cual Eduardo Olmos se ha convertido en un especialista, es importante analizar el fenómeno de como el propio hábitat donde se mueve la administración pública es la que fomenta que los funcionarios no se comprometan con su cargo y privilegien los intereses propios de la “arena” política.

Un ejemplo de cómo los partidos dan prioridad a los resultados electorales sobre los beneficios que pueden dar al pueblo, fueron las elecciones locales de Coahuila celebradas en octubre de 2008, donde el gobernador Humberto Moreira movió a diversos secretarios, como el propio Olmos, buscando arrasar en las urnas lo cual logró, pero sin generar ningún beneficio a los ciudadanos. Incluso Olmos justificó la licencia que pidió recientemente al Congreso del Estado para regresar a la Secretaría de Desarrollo Regional, afirmando que todos estos movimientos eran para trabajar mejor el proyecto político de Moreira. Es decir, lo político resulta más importante que el dar buenos resultados dentro de la administración pública.

De acuerdo al investigador David Arellano en su texto titulado “Nueva Gestión Pública ¿el meteorito que mató al dinosaurio? Lecciones para la reforma administrativa en países como México”, en nuestro país la burocracia gubernamental tiene un doble papel de amplia importancia política:

“Ser espacio real de la lucha por el poder, la arena política pues, y por el otro lado constituirse como el espacio objetivo de representación social”.

Es decir, que en el ejercicio público su propia naturaleza lleva a los funcionarios a aprovechar los espacios para consolidar su imagen política olvidándose en dar buenos resultados a sus verdaderos jefes, es decir a los ciudadanos.

La ausencias de contrapesos en la burocracia, ha permitido que los políticos brinquen de un puesto a otro sin que nadie les cobre la factura. O incluso como en el caso de Walls, el político ni siquiera ha dejado de cobrar su quincena, sin embargo ya se promueve con el único objetivo de saber que tan bien posesionado está para buscar la alcaldía de Torreón o en su defecto la diputación, aspiración que actualmente le sirve como cortina de humo para ocultar sus verdaderas intenciones.

Culpa de este actuar lo tenemos los ciudadanos, quienes no castigamos el comportamiento de estos políticos. Es cierto, no es una costumbre nueva, de hecho tiene su origen en el viejo PRI, cuyas tácticas ahora son empleadas por los panistas sin el menor pudor.

“(En México) el aparato gubernamental funge de facto como una arena política. Por estas mismas razones, el aparato gubernamental se convirtió en la práctica en la estructura institucional de representación, donde los diversos grupos sociales negocian o presionan para obtener respuestas a sus necesidades”, afirma el investigador del Centro de Investigación y Docencias Económicas (CIDE)”.  

Ante este panorama es urgente que se promueva el servicio civil de carrera dentro de las administraciones públicas, pero sobre todo es necesario que la sociedad se vuelva más participativa para auditar el desempeño de los políticos quienes por décadas, sin importar su filiación partidista, han privilegiado sus intereses particulares y políticos a los del grueso de la población.

Los ciudadanos debemos vigilar el aparato burocrático que nos gobierna, debemos dar incentivos para la buena administración pero sobre todo debemos castigar la falta de compromisos y la corrupción.

 

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