El tiempo se le acaba al alcalde

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

El tiempo se le acaba al alcalde

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Escrito por luis hernández aranda 16 de enero de 2009

El alcalde de Torreón, José Ángel Pérez, inicia el último año de su Administración con un desgaste político que lo obliga a olvidarse de sus ambiciones de ser gobernador, de ahí que ya no piense en pedir licencia para dejar su cargo e irse de diputado federal por la vía plurinominal.

 

 A pesar de que en esta Administración se ha hecho obra pública como nunca, la imagen del alcalde se encuentra desgastada, principalmente por los problemas de seguridad relacionados con el crimen organizado. Pero también hay que decirlo, la imagen del alcalde está desgastada por la falta de cabeza fría que lo ha llevado en más de una ocasión a subirse al ring contra el Gobierno del Estado, así como contra todo aquel que critique el desempeño de su Administración o de cualquiera de sus funcionarios.

 

Directores como Aniceto Izaguirre en Obras Públicas, Alberto Hermosillo, como director de Desarrollo Urbano y en su momento Julián Jaime al frente de Fomento Económico, le han generado más problemas que aciertos a un alcalde que hace propias las críticas a sus funcionarios y no mide el costo político cuando se trata de salir a defenderlos.

 

Hasta el momento, José Ángel Pérez ha privilegiado el amiguismo, tanto para otorgar cargos como para mantener a sus directores, que constantemente evidencian la falta de coordinación. Hoy en la recta final de su Administración, José Ángel Pérez se atreve a hacer cambios los cuales parecen tardíos. De ahí que se tenga la percepción de que dichos cambios tienen como objetivo meter al menos “el gol de la honra” y cerrar lo mejor posible una Administración que ha dilapidado el capital político del Partido Acción Nacional en Torreón.

 

En los días de campaña, José Ángel Pérez había declarado que buscaría pasar a la historia como el mejor alcalde de Torreón por resultados y no sólo por el hecho de encabezar la primera Administración que duraría cuatro años en el poder. Hoy este deseo es una quimera, de ahí que el alcalde busque enderezar un barco que se ha ido lentamente hundiendo, sobre todo por no atreverse a cambiar a los “amigos” que nunca dieron el ancho en la función pública.

 

Cuando José Ángel Pérez todavía no se sentaba en la silla de la alcaldía ya soñaba con ser gobernador. La ambición política no es mala, el problema es cuando sólo se trabaja en la “grilla” para lograr el objetivo y no en dar satisfacciones a los ciudadanos que votaron por su proyecto de trabajo.

 

De manera inédita en La Laguna, coincidieron dos alcaldes con ambiciones de ser gobernador. Ricardo Rebollo, alcalde de Gómez Palacio, también desde el primer día soñó con la posibilidad de ser gobernador. La diferencia es que Rebollo se ha ocupado de hacer obra como nunca en su Municipio y mantener a raya a sus directores, donde al menos públicamente dan la impresión de que todos trabajan por un mismo proyecto. Obviamente los golpes por debajo de la mesa existen, pero nadie le puede cuestionar a Rebollo el hecho de que ha mostrado más oficio político para salir lo mejor librado de los problemas propios de la gestión pública.

 

Rebollo tiene su proyecto político y ha trabajado por él, buscando dar resultados que lo ayuden a posicionarse. En contraparte, José Ángel Pérez ha carecido de una buena estrategia que le permita cuidar su imagen, sobre todo cuando “compra” culpas que no son suyas.

 

A pesar de que la Administración de José Ángel Pérez ha hecho obra pública como ninguna otra, también como nunca hay un descuido urbano, lo que sin duda resulta paradójico y hasta contradictorio. La ciudad está sucia, los semáforos nunca están sincronizados, el alumbrado público es un desastre y por si fuera poco la inseguridad va en aumento, donde incluso los ladrones llegan al absurdo de robarse las alcantarillas.

 

A pesar del oscuro panorama, José Ángel Pérez aún tiene la oportunidad de cerrar de manera digna su Administración. Sobre todo si apuesta a rescatar a la ciudad del descuido en que se encuentra. Más allá de obras espectaculares, las cuales se agradecen, los ciudadanos quieren ver una ciudad limpia, con un alumbrado eficiente, al mismo tiempo que se rescatan los espacios urbanos.

 

Ya sin la ambición de querer ser gobernador a toda costa, José Ángel puede sentarse tranquilamente a despachar como alcalde, función que debió haber ejercido desde el primer día sin estar preocupado la mayor parte del tiempo de su futuro político.

 

Por desgracia para el alcalde, parece que sus colaboradores no buscan revertir la mala imagen que hay en la ciudad, y por el contrario quieren afearla más. Sólo así se puede entender el absurdo de quitar árboles para colocar ambulantes enfrente del Museo Arocena, afectando así el patrimonio cultural y turístico de la ciudad.

 

El proyecto que defiende a capa y espada Aniceto Izaguirre bajo el argumento de que en el corredor cultural se colocará a vendedores de artesanías, los cuales hasta el momento en ninguna parte del Centro de la ciudad existen, resulta un absurdo más que en nada contribuye al desarrollo de la ciudad.

 

Hasta el momento la actitud del alcalde de casarse con los proyectos de sus funcionarios le ha dado pocos dividendos políticos. Bien haría en dar marcha atrás con esa idea de colocar ambulantes frente a un recinto cultural que recibe mensualmente a 15 mil visitantes, sobre todo por que el alcalde mostraría una verdadera intención de rescatar la imagen de la ciudad.

 

El tiempo que tiene para virar el barco José Ángel Pérez es poco, sin embargo sólo de él depende aprovecharlo para acabar de manera digna la primera Administración de cuatro años que tiene Torreón.

 

 

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