Nunca llegó la magia

Crónicas de oscuridad y urbanidadluis hernández aranda

Nunca llegó la magia

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Escrito por luis hernández aranda 05 de diciembre de 2008

La magia no llegó al Estadio Corona. “Hachita” Ludueña y Cuauhtémoc Blanco olvidaron su varita mágica y nunca sacaron alguna genialidad de su chistera.

Ayer fue una noche fría, donde la pasión propia de la creatividad fue cortada de tajo por el Toluca, un equipo canchero que vino por el empate y que por poco se lleva la victoria.

La pasión tampoco apareció en la tribuna, que a pesar del boletaje agotado lucía desolada en diferentes sectores del estadio. Y es que ayer tampoco fue un buen día para los revendedores, quienes cinco minutos antes de que iniciara el partido ofrecían los boletos de plateas a 600 pesos, cuando su costo original es de 900.

“Lo que queremos es ya no perderle tanto”, comentaría un revendedor que tenía boletos para todas las localidades. Todos a un precio más bajo que en la taquilla... Ayer tampoco apareció la pasión por comprar boletos al precio que fuera.

Muy pronto las ilusiones se apagaron en los aficionados que vieron con preocupación cómo al minuto nueve salía lesionado Fernando Arce, ese medio de la derecha que nunca deja de correr y sacrificarse por el equipo. Su lugar fue ocupado por un voluntarioso Paco Torres que no pesó en la cancha.

“Sin Arce y sin el ‘Guti’ ya nos llevó la fregada”, dijo alguien en la tribuna que veía desesperado cómo Ludueña, Vuoso y Blanco eran incapaces de romper el cerco defensivo del Toluca.

La falta de magia permitió a Hernán Cristante, portero argentino de 39 años, convertirse en el arquero con más minutos sin recibir gol en la historia del futbol mexicano, al acumular 746 y superar por diez a Alan Cruz.

 

Ni Blanco, ni Ludueña pudieron perforar la meta de Cristante, el más cercano a hacerlo fue Vuoso al minuto 28, cuando "Hachita" le filtró el balón desde el medio campo. El “Toro” entró al área y disparó cruzado por abajo, pero ahí estaba Cristante, quien se tendió para hacer una espectacular desviada.

“Pin... Vuoso ese era el gol”, se lamentaba un aficionado al mismo tiempo que combatía el frío con una cerveza.

En las tribunas no había gritos, nunca apareció la ola. Incluso al finalizar el primer tiempo Oswaldo Sánchez volteó con los aficionados de Sombra Sur para reclamarles su falta de apoyo, como respuesta sólo obtuvo un “jueguen bien”.

Fue hasta el minuto dos del segundo tiempo que apareció el grito de ¡Santos, Santos! en la tribuna. Grito que rápidamente se desvaneció en el aire junto con las esperanzas de una afición que veía cómo su equipo era incapaz de hilvanar una jugada de peligro ante el marco de Hernán Cristante.

A medida que los minutos transcurrían, el Toluca se adueñaba de la cancha ante la desesperación de una afición que veía que el Chepo de la Torre le ganaba en estrategia a Daniel Guzmán. Vaya, hasta la porra visitante se dio el lujo de corear algunos “oles” cuando el equipo choricero tocaba el balón ante la incapacidad de los santistas, que se convertían en testigos del buen juego que desplegaba el Toluca.

Y si la magia no apareció en "Témoc", ni en Ludueña, sí lo hizo en Oswaldo Sánchez, que en más de una ocasión salvó a su equipo. Ya para entonces, el brasileño nacionalizado mexicano “Sinha” hacía lo que quería con la defensiva del Santos.

Los minutos transcurrían lentamente para los aficionados que veían con desesperación y tristeza cómo estaba más cercano el gol del Toluca que del Santos.

“Ya que se acabe por favor”, suplicaba alguien en la tribuna.

Su lamento no fue escuchado por el árbitro, que dio cuatro minutos de compensación.

“Así juguemos otro tiempo completo no vamos a hacer nada”.

Poco antes de que acabara el partido, el refuerzo de lujo, Cuauhtémoc Blanco, abandonó la cancha. Hoy no hubo alaridos como el día de su presentación ante el San Luis. En su lugar entraba el “Cepillo” Peralta. La afición ya sólo esperaba el final de un partido que no alimentaba sueños de triunfo.

Por fin el silbatazo final, en la tribuna sentimientos encontrados. Por un lado, el alivio de no perder, y por el otro, tristeza de saber que todo se decidirá el domingo en la Bombonera. Alguien comenta que se acabó la temporada, otro que no hay que perder la fe. Lo único cierto es que ayer la estrategia le ganó a las individualidades, todo porque la magia nunca apareció en el Corona.

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