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Saw: El juego del miedo

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Entender la naturaleza del hombre no es algo sencillo; por qué hace lo que hace, implica muchas variantes en juego, lo que conoce, lo que ha vivido o el momento y contexto en el que se encuentra. Una persona que lucha por sobrevivir, puede ser solidaria y amable en una determinada situación, pero agresiva y desconfiada en otra. La razón de su actuar va ligada a la situación en la que se halla y la relación que crea con sus semejantes, pero también a sus principios éticos y morales. ¿Sería alguien, que actúa siempre de manera amable y generosa, capaz de matar a otro con tal de salvarse él mismo? ¿Sería el dilema ético más o menos importante para alguien que, en lugar de ser cordial y honrado, siempre se dirige de la manera contraria, con orgullo, egoísmo o indiferencia social?

Estos escenarios son los elementos clave alrededor de la premisa de Saw: El juego del miedo (EUA, 2004), película escrita por Leigh Whannell en colaboración con James Wan, quien dirige. Protagonizada por Cary Elwes, Danny Glover, Monica Potter, Michael Emerson, Tobin Bell, Shawnee Smith, Dina Meyer y Leigh Whannell mismo, la historia se centra en Adam y Lawrence, dos hombres que en algún momento despiertan encadenados en un baño industrial abandonado, con la instrucción de que el segundo mate al primero, o su familia será asesinada.

¿Es la violencia un rasgo innato del hombre? ¿Lo es la búsqueda por la justicia o por la venganza? Sin duda la violencia es omnipresente en la historia de la humanidad, Los grupos e individuos poderosos o más fuertes se aprovechan y abusan de los débiles. Al contrario de lo que mucha gente piensa, la solidaridad y la conciliación no son siempre lo predominante en las sociedades basadas en la competencia y el individualismo. La guerra, forma intensa de violencia, está inmersa en el desarrollo histórico y el abuso y la explotación de los seres humanos por sus semejantes. Entonces, pasar sobre el otro, agredir a quien se considera un peligro no es algo nuevo en la historia del hombre. Los principios morales que supuestamente deben regir en la sociedad contemporánea, y las creencias religiosas, ¿impiden asesinar en casos de grave amenaza para la propia vida? ¿Qué tan lejos llegarían Adam y Lawrence por sobrevivir, para salvarse ellos mismos y, para Lawrence, salvar a su esposa e hija?

Entender la dinámica de este ‘juego’, como lo llama el personaje detrás de ella, es entender quién es John Kramer, mejor conocido como Jigsaw, o el asesino enigmático, un hombre que se dedica a colocar a gente en situaciones extremas en las que luchen por su vida, atravesando en el camino situaciones de tortura. Como Lawrence describe, Jigsaw técnicamente nunca ha matado a nadie, no de propia mano, pero sí planea y ejecuta los escenarios en que las personas deben hacer todo por sobrevivir, una lucha que parece imposible y que, si se supera, a ojos de Jigsaw, demuestran que aquel en cuestión que se libera, ‘merece vivir’, porque ha luchado por ello. Un “juego” macabro que en realidad oculta un comportamiento sádico y egoísta, un placer morboso por el sufrimiento ajeno.

Ya sea poner a una persona que tenga que encontrar la clave de una caja fuerte, que contiene el antídoto al veneno inyectado en su cuerpo, recorriendo una habitación bañada en vidrios rotos, iluminándose con una vela, cuando su cuerpo está cubierto de material inflamable; o colocar una trampa, que destroce su propia cabeza, en el cuello de alguien que tiene unos minutos para sacar la llave del estómago de la persona a su lado, paralizada por un veneno, a quien además tiene que matar para conseguir lograr el objetivo, las pruebas de Jigsaw implican hacer todo por vivir, sufriendo las consecuencias del recorrido, sacrificando el bienestar propio y hasta la vida del otro. ¿Cómo valorar si ‘lo vale’?

Es como si Jigsaw indirectamente les dijera a sus víctimas: si quieres vivir, lucha por ello. Su lógica tiene sentido, pues implica no dar la vida por sentado; son sus métodos los que resultan problemáticos, mejor dicho, censurables, ya que se inclinan por la vía de la tortura y el castigo. Vivir, superar obstáculos y luchar por la continuidad de la existencia es parte de la naturaleza humana pero, ¿lo es matar, eliminar a ‘la competencia’ y aniquilar todo obstáculo en el camino, ‘cueste lo que cueste’? Tal vez por eso en algunos espacios sociales se discute en torno al derecho a vivir sin violencia, y en otros sobre la posibilidad de ejercer el derecho a la violencia, justo para enfrentar a los violentos. Dilemas éticos aún candentes.

Jigsaw no puede hacer que las personas valoren más la vida, enfrentándolas no solo a un escenario de muerte casi segura, sino convirtiéndolos en asesinos en el proceso. El que orquesta les pregunta a las víctimas sobre su voluntad de vivir, pero no en el sentido que la frase estrictamente significa (actuar de forma que, ayudando a otros, se encuentre una motivación de vida, que se disfruta en plenitud, por ese bienestar que implica hacer algo por otros y sintiendo un bien en hacerlo), sino por el retorcido, crudo y malversado entendimiento que Jigsaw interpreta alrededor de ese significado. Vive y pelea, lucha por ti y vela por tus egoístas intereses, parece ser la filosofía de Kramer, un pensamiento individualista, ególatra, cruel, competitivo y despiadado. ¿Es posible valorar así la vida, poniéndose el individuo por encima de los demás? ¿Es posible vivir así la vida, o vivirla en plenitud?

Kramer no parece pretender enseñar a la gente la importancia de la voluntad por vivir, sino hacerles descubrir hasta dónde está su punto límite por la supervivencia; llevarlos a un extremo en que todo es posible y, por tanto, las consecuencias no importan, ganando como resultado, fieles seguidores que comprendan la vida como él, para que luego repitan el mismo patrón.

Si John es un hombre enfermo, con un tumor en la cabeza, a punto de morir, ¿cuál es su voluntad o interés de vivir? ¿Qué gana matando al otro o forzando a que alguien se convierta en asesino para sobrevivir? ¿Ve en su ‘juego’ una forma de justicia, castigando a aquellos que, en su opinión, dan la vida por sentado? ¿Elige a personas que realmente parecen no valorar lo que tienen, lo que son o lo que pueden perder si no cambian? ¿A partir de qué valores morales él se asume con derecho para interferir en la vida de otros?

¿Qué gana o qué pierde Lawrence, por ejemplo, un médico cirujano con una familia a la que no siempre hace caso y a quienes llega a ignorar para priorizar el trabajo o su relación con una estudiante? ¿Qué gana o qué pierde Amanda, la única sobreviviente hasta ahora en estos ‘juegos’ de Jigsaw, una adicta a las drogas que decidió matar a alguien más, con tal de ella sobrevivir? Si Lawrence escapa, lo que le cueste hacerlo, en este caso, cortarse el pie para deshacerse de sus cadenas, ¿encuentra redención para con su familia y consigo mismo? ¿Sucede algo parecido para Amanda? ¿Cómo y cuánto cambia su vida ahora, después de los horrores vividos en la tortura que Jigsaw preparó y que ella superó, sabiendo que su libertad está ligada a la muerte de alguien más, a mano suya? ¿Habrían sobrevivido de trabajar en equipo con el otro encerrado junto a ellos? En el caso de Lawrence, ese es Adam, un joven a quien repetidamente le pide colaborar y a quien, pese a las claras instrucciones de que matarlo es la única salida, no lo mata para escapar, aunque tampoco lo ayuda para que él logre salir con vida.

Pareciera que Jigsaw se considera una especie de vigilante clandestino o justiciero, que castiga a las personas que cree necesitan redescubrir el ‘valor de la vida’, muriendo los que no logran sacrificarlo todo por lograrlo. Pero ¿es Jigsaw realmente un hombre que busca aplicar justicia por su propia mano, o es simplemente un hombre, un asesino, que disfruta con el sufrimiento del otro? ¿Es posible esperar eliminar una solución violenta para enfrentar al poder que coloca a las personas frente al dilema de sobrevivir asesinando? ¿Por qué no es capaz el individuo en asumir la simple postura de esperar para evitar caer en la manipulación que alimenta el ego de quien se asume superior a los demás (en este caso el enigmático asesino)? Y, ¿no es acaso Jigsaw un psicópata que disfruta con el sufrimiento ajeno pero cuya personalidad también expresa cobardía?

¿Hasta dónde llegaría alguien por sobrevivir?, es una pregunta que cualquiera llega a hacerse en un punto de su vida. No vacilar, llegar a extremos con tal de salir adelante no es, en la realidad, tan sencillo de juzgar. Entenderlo no es sólo ponerse en los zapatos del otro, es darse cuenta que cada decisión está empapada de muchas variables, personales, sociales y éticas. Para los personajes en la película, la cuestión no es sólo salvarse y vivir, sino cómo hacerlo después de superar las pruebas. Así en la vida, cada decisión implica consecuencias; parte de la decisión es aceptar el resultado, lo que en ocasiones llega a ser lo más difícil y complicado de asumir para la persona, pues conlleva a valorar, entiéndase, la vida. No obstante, si en el discurso de este relato lo importante es la violencia y el asesinato como medio para sobrevivir, ¿cómo romper ese círculo vicioso de oscilación entre los pros y contras de ser violentos para imponer los personales puntos de vista, o valores, o formas de vida? Más aún, ¿hasta qué punto diseñar y difundir relatos de esta naturaleza alimentan conductas agresivas y violentas, al tiempo que enaltecen el individualismo y la indiferencia hacia los otros? Puntos importantes a considerar si se analiza el nivel de autoaniquilación que consume a la sociedad moderna.

Ficha técnica:Saw - El juego del miedo

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