El ilusionista

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

El ilusionista

PUBLICIDAD

Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 07 de marzo de 2019
Cine, El ilusionista, The Illusionist
El ilusionista

El ilusionismo consiste en producir fenómenos, crearlos, para que parezcan inexplicables y que desafían las leyes del universo, la física y la naturaleza. Es un arte escénico que se sustenta en la subjetividad, en la apariencia y se expresa como espectáculo. Se trata de generar la impresión de alguna actividad o fenómeno que parece sobrenatural, pero que en esencia es un engaño resultante de la habilidad del ilusionista, o mago, como comúnmente se le conoce.

La charlatanería consiste embaucar al prójimo, engañarlo. La diferencia entre un ilusionista y un charlatán es que el primero no intenta engañar convenciendo a la audiencia de que su acto es cierto, sino que envuelve con ingenio y astucia un truco que reconoce no es real, mientras que el charlatán se aprovecha de la ingenuidad, falta de conocimiento o capacidad de análisis de su audiencia para hacerles creer que lo que hace en escena es verdaderamente un fenómeno sobrenatural, o paranormal, por ejemplo.

Existen distintas formas de engaño pero, ¿ocultar algo y decir mentiras son la misma cosa? ¿Puede un acto de ilusionismo develar una verdad aún más grande? Ejemplificándolo se encuentra la película El Ilusionista (EUA-República Checa, 2006), escrita y dirigida por Neil Burger, que se basa en el cuento corto ‘Eisenheim el Ilusionista’ de Steven Millhauser. Protagonizada por Edward Norton, Paul Giamatti, Jessica Biel, Rufus Sewell y Eddie Marsan, la historia sigue la vida de un ilusionista que en el siglo XIX (1889) realiza espectáculos de magia que asombran por sus trucos poco usuales. Trabajando en Viena se rencuentra con una amiga de la infancia, ahora duquesa, quien mantiene una relación política-afectiva, comprometida a convertirse en matrimonio con el príncipe de Austria, Leopold. Sin embargo, la relación de amor entre Sophie y Eisenheim evidenciará el temperamento controlador, celoso, autoritario y dictador del príncipe, cuyos planes son derrocar al Rey, su padre, a través de un matrimonio que le interesa por la relación de poder, no por la persona con la que potencialmente vivirá el resto de su vida.

Eisenheim y Sophie trazan un plan sin que nadie se entere: él pone en escena un nuevo espectáculo, en el que supuestamente puede convocar la presencia de fantasmas, mientras Sophie es aparentemente asesinada por Leopold. El príncipe, más resentido que realmente seguro de que todo es un truco, se convierte en el centro de la investigación comandada por el inspector en jefe Walter Uhl, quien finalmente trabaja para él, así que su misión real es encontrar cómo es que el otro pudo haber orquestado todo, un plan pensado con el simple objetivo que destruirlo, o destruir su reputación. Ambos, príncipe e inspector, son escépticos sobre la supuesta presencia de los fantasmas, pues saben que el trabajo de Eisenheim es realizar un espectáculo con parafernalia que engaña. Engaño que no logran descubrir pero que asumen tiene por intención dañar al príncipe. Las acusaciones no obstante se hacen explícitas cuando Sophie, supuestamente asesinada, aparece en el escenario, poniendo la inocencia o culpabilidad de Leopold en entredicho.

Todo finalmente es en efecto un engaño para sacar a la luz las verdaderas intenciones y actitud déspota de Leopold, que pueden afectar directa e indirectamente a la comunidad, a su familia, a su Rey, a Sophie e incluso a sus súbditos; pero lo interesante es la forma como este engaño, la ilusión de un fantasma toma por sorpresa a la sociedad y la convence de una culpabilidad del príncipe, sin siquiera tener evidencia clara del delito. Sophie no está muerta, pero al final no se trata de descubrir a Leopold culpable, sino de plantar la duda lo suficiente para que la gente comience a desconfiar de él.

“Él no dijo nada. Dejó que el público hiciera sus conclusiones”, se queja el aristócrata luego de una presentación en la que Eisenheim hace aparecer el supuesto fantasma de Sophie, y la gente comienza a culpar a este miembro de la realeza de matarla. “No parecen creer que es un truco”, insiste Walter, quien, sabiendo que Eisenheim es un ilusionista, lucha por entender la explicación lógica de sus trucos en el escenario, para entender cómo es que maneja esta información para un plan más grande, y se desespera por no poder conocer la verdad; sabe que hay un truco, pero no sabe cómo es que ese truco es llevado a cabo. Eso le intriga, interesa, inquieta y preocupa.

Cuando Walter apresa a Eisenheim, por órdenes del príncipe, le dice que lo llevará a la cárcel por fraude. La lógica del inspector, conforme a la ley, es que, si el ilusionista asegura tener poderes sobrenaturales y no es así, la mentira es un acto fraudulento. Eisenheim sabe que no hay forma de demostrar o comprobar una intención de fraude, porque de todas formas nunca la hubo. Por tanto, sale a la calle y les dice a sus seguidores que deben entender que lo que ven en el escenario tiene una explicación lógica, que no es más que un truco de ilusión.

Al decirlo y explicarlo de una forma clara y sin más pretensiones, entonces se imposibilita cualquier acusación de fraude. La gente puede elegir o no creerle, pero de esto ya no es responsable el ilusionista; además, para entonces el convencimiento en este supuesto fenómeno paranormal ya se ha arraigado de una forma tan fuerte en muchas personas que defender a Eisenheim es defender aquello que representa: la posibilidad de una fuerza espiritual que existe y que, por consiguiente, representa una puerta de esperanza al deseo de una vida después de la muerte, una idea que mueve masas, que se afianza como creencia ante la incertidumbre, dada la inquietud del hombre por entender temas relacionados con la eternidad y la trascendencia del ser.

La ilusión que planta la duda es más grande que la verdad misma, porque el ataque al príncipe puede convertirse también en un ataque al imperio, que pierde fuerza y poder si la gente comienza a creer más en una don espiritual (y el pensamiento mágico que ello implica), que en el poder terrenal del emperador. De hecho las monarquías de casi todo el mundo han sustentado su poder terrenal en la creencia de que son producto de la voluntad divina.

Si la ilusión sirve para levantar dudas, la evidencia sirve para poder tener fundamentos de culpabilidad, que Eisenheim se encarga de plantar y reforzar de diversas formas: testigos que ven la pelea entre el príncipe y la duquesa previo a su desaparición, el supuesto cuerpo sin vida de Sophie que aparece en el río, o las joyas de la espada del príncipe halladas en la escena donde aparentemente ocurrió el crimen.

La efectividad del plan consiste en la combinación perfecta entre lo real y lo imaginado, evidencia palpable que deja ver una verdad que se complementa con suposiciones planteadas y que las personas rellenan con su propia imaginación. Eisenheim sólo deja ver lo que quiere que la gente vea, no más, no menos, y esa es su capacidad de ingenio y creatividad para lograr una ilusión, observar detalles sin dar tiempo a que el otro lo haga también. Eisenheim administra la información encaminado a las personas a una conclusión o deducción planeada, juega con las emociones que genera en los espectadores y siembra dudas, permitiendo que la imaginación de los otros formule las respuestas que cada quien quiere creer; un engaño, en este caso, que guía hacia una verdad escondida, o poco evidente, que no puede salir a la luz a menos que sea así, no confrontada, sino inducida.

“¿Quién sabe qué sucedió en realidad?”, dice Walter en un punto de la historia, hablando de lo poco que conocen realmente el pasado del ilusionista y el cómo se convirtió en el mago que es ahora, dónde creció, de quién aprendió o cómo fueron sus años formativos, información que se recaba a partir de rumores y mitos, mitad verdad, mitad tal vez creados. Esa es la esencia del plan de Eisenheim, pero también es la esencia de muchas historias de la vida real y del ilusionismo en sí; es decir, lo importante no es sólo la duda, o el desafío de la lógica, sino la porción de verdad que se deja ver y que le da credibilidad y sustento al engaño, al truco y a la ilusión misma, y que hace posible que además sea convincente.

Ficha técnica: El ilusionista - The Illusionist

Cine, El ilusionista, The Illusionist, 774 lecturas.

lee más

PUBLICIDAD

Suscripción por correo

¿Te gustaría recibir los escritos de Diana antes que nadie? Suscríbete, es gratis.

Diana Miriam Alcántara Meléndez Blog de Diana Miriam Alcántara Meléndez

Más escritos

PUBLICIDAD

ver más escritos de Diana Miriam Alcántara Meléndez

PUBLICIDAD

Noticias populares ahora