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¡Qué bello es vivir!

Diana Miriam Alcántara Meléndez
Diana Miriam Alcántara Meléndez

Las decisiones dan forma a la vida, porque lo que se elige abre y cierra puertas, dan curso a caminos que van moldeando el presente y futuro de las personas, pero, además, una decisión también tiene eco en la vida de aquellos a quienes afecta directa e indirectamente, o lo que es lo mismo, lo que una persona hace o deja de hacer repercute en ella, como en quienes le rodean, familia, trabajo y hasta comunidad.

Ahondando en ello se encuentra la película ¡Qué bello es vivir! (EUA, 1946), producida, dirigida y coescrita por Frank Capra, en cuyo guión, basado en The Greatest Gift de Philip Van Doren Stern, también participan Frances Goodrich, Albert Hackett y Jo Swerling. Con las actuaciones principales de James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell y Henry Travers, la cinta obtuvo cinco nominaciones al premio Oscar: mejor película, director, actor principal, montaje y sonido.

La historia, que habla de valores sociales y morales, permite reflexionar sobre su importancia y relevancia, teniendo al centro de la narrativa a George Bailey, un hombre que está a punto de suicidarse en Nochebuena debido a las presiones que sufre en su vida y que lo tienen en un punto extremo de desesperación. Para ayudarle a poner sus decisiones en perspectiva, del cielo envían a un ángel guardián, quien repasa aquellos acontecimientos importantes, significativos, que fueron moldeando a George como persona y lo han encaminado a convertirse en el hombre que es.

El relato comienza desde la niñez del protagonista y plantea cómo pequeños detalles pueden llegar a convertirse en grandes momentos, con un impacto importante en la vida de aquellos que lo vivieron. George de niño, por ejemplo, evita que la equivocación con un medicamento que su jefe le envía a una familia con un niño enfermo termine provocando la muerte del pequeño. George no hace más que notar el error en lo que parecía una decisión sencilla, decir lo que sabe, pero también difícil, contradecir a una persona mayor; pero el impacto de sus acciones va más allá de lo que sucede al instante y termina por salvar no una, sino a dos personas en el camino.

Lo mismo va sucediendo a lo largo de la vida de George; momentos clave que repercuten en otros, muchas veces de forma profunda, como cuando, de joven, elige darle a su hermano la oportunidad de estudiar en el extranjero para él quedarse a cargo del negocio de préstamos de su padre, o cuando decide usar el dinero que tenía destinado para irse de viaje con su esposa en su luna de miel, con tal de dar un poco de apoyo a aquellos que en ese momento tienen deudas que pagar, para además evitar, al mismo tiempo, que su propia empresa se vaya a la bancarrota.

Todo va creciendo como bola de nieve o efecto dominó; una cosa lleva a la otra y una decisión da pie a otra, que es en esencia la vida misma, un continuo de cotidianas decisiones que llevan a la construcción del devenir y al encuentro de los compañeros del camino de la propia vida. George, sin embargo, comienza a fijarse en lo negativo de estas decisiones, en las oportunidades perdidas y las puertas que se cerraron, en los sueños que no se cumplieron y los anhelos y expectativas que se quedaron en el aire. Ello provoca un halo de negatividad que pesa sobre sus hombros al punto del desaliento, y al fijarse en lo que pudo ser en lugar de lo que es, va perdiéndole sentido a su propia vida. Esto hace que no pueda darse cuenta en cómo y a quién ayudó durante ese camino, las oportunidades que él mismo propició y la buena fortuna que se produjo gracias a su voluntad por hacer lo correcto.

George pudo abandonar la empresa de su familia y dejarla al avaro y egoísta banquero que quiere apoderarse de ella, e ir en su lugar a la universidad; pudo también permitir que la empresa cerrara, para entonces dedicarse él mismo a otro tipo de profesión, pero no lo hace. Esa es su convicción y también su decisión, lo cual conlleva asumirla con honestidad, responsabilidad y compromiso, porque provoca al mismo tiempo cambios en su vida y en la de otros. Siendo George producto de sus propias decisiones, no se trata de lo que pudo o no pudo hacer, sino de lo que hizo en efectivo., de las consecuencias de sus actos, de lo que en su momento le pareció la mejor decisión posible, para él y para sus semejantes.

Él piensa que sus elecciones le han traído mala fortuna, pero también le han traído cosas buenas, algo que por el momento parece olvidar, porque así es la vida, resultante de lo que anhelamos, queremos, deseamos, pero igual de lo que desean, anhelan y buscan las demás personas con quienes interactuamos, porque las decisiones de cualquier tipo pueden generar beneficios y prejuicios simultáneamente; porque si hubiera elegido dejar la empresa, su hermano nunca habría ido a estudiar a la universidad y entonces, tal vez, no habría realizado las hazañas que hizo. Si George hubiera dejado la empresa y ésta hubiera cerrado, no hubiera habido nadie que ayudara a la gente necesitada y les permitiera prosperar como comunidad; George no hubiera conocido a su esposa, no se habría casado con ella y no habrían formado juntos la familia que son.

Lo que este hombre entonces debe entender es que los tropiezos son necesarios para aprender, para levantarse, para volverlo a intentar; porque su segunda oportunidad no es volver al pasado y hacer las cosas diferentes, sino descubrir el impacto de sus decisiones en el aquí y el ahora, aprender a lidiar con las consecuencias de sus actos. Así se lo hace ver Clarence, el ángel enviado a ayudarle y quien le muestra a George cómo sería el mundo si él nunca hubiera existido: qué sería de la gente que confió y se apoyó en él, qué sería de su familia y de aquellos con quienes en algún punto coincidió. “La vida de cada hombre afecta a muchas vidas”, dice Clarence.

El relato no sólo habla de la importancia de hacer lo correcto o de que las buenas acciones traen también cosas buenas (una buena acción recompensada), sino que recalca cómo muchas veces estas acciones y decisiones implican sacrificios. George, gracias al escenario que le presenta Clarence, debe darse cuenta que hay muchas formas de cumplir sueños, porque esos sueños cambian y evolucionan. Él se siente atrapado en las injusticias de un mundo que cree, o considera, le ha fallado, y piensa que ha tenido que renunciar a sus sueños producto de las desigualdades del mundo, específicamente la economía, que se desgasta por un sistema capitalista que comienza a presionar con su poder a las clases más bajas.

George se enfrasca entonces en lo que potencialmente ha perdido, en lugar de valorar lo que tiene. Su decisión de cambiar una oportunidad por otra implica evolucionar como persona y modificar esas expectativas de vida que espera para sí, porque él mismo ya no es la misma persona que fue hace 10 o 20 años atrás, porque el mundo tampoco es el mismo y lo que puede esperar o desear de su futuro debe adaptarse a la vida que está viviendo ahora.

Su lección más importante será aprender a apreciar los pequeños detalles, aquellos en donde recae la felicidad, y agradecer por lo que ha logrado, darse por satisfecho con sus éxitos personales y familiares, algo que sólo es posible si se permite enfocarse en los triunfos, no en las caídas. “Quiero volver a vivir”, dice George una vez que ha entendido el mensaje, centrándose al fin no en la sombra de lo que pudo ser, sino en la valía de quien sí es, una persona bondadosa y amable que con sus acciones (dando el ejemplo), valores, apoyo y solidaridad hacia otros (negando así el individualismo egoísta propio del ciudadano capitalista promedio, a favor del bien común), también se ayuda a sí mismo a crecer, intelectual y emocionalmente.

No hay una vida perfecta o imperfecta, y mientras George mira cómo otros viven sus propios sueños, triunfan o fracasan, él mismo se pregunta qué es lo que hecho con su vida. No hay nada de malo en esto, al contrario, el problema es fijarse en las desventuras acumuladas y explotar en ira o tristeza sólo porque ese momento de reflexión, de cuestionar el mundo y las decisiones propias, no fue algo que se hiciera a su tiempo. George comenzó a vivir el día a día por inercia, quedándose dentro con las penas, en lugar de dejarlas salir al momento. No se trata de ignorar los problemas o hacerlos menos, sino, además de aprender de ellos, quedarse con la lección implícita, no con el pesar del infortunio.

Si bien George puede decidir sobre cambiar él mismo, no puede hacerlo por otros. Puede, en todo caso, elegir vivir con optimismo en lugar de con desdén, que es finalmente el mensaje esencial de la historia. Ya lo dice su título: ¡Qué bello es vivir!; que es, en corto, una suma de experiencias, tanto buenas como de aquellas plagadas de tropiezos, todas las cuales tienen su grado de importancia, pues dejan su huella en la vida misma del que la respira.

Ficha técnica: ¡Qué bello es vivir! - It's a Wonderful Life

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