Milagro en la calle 34

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Milagro en la calle 34

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 20 de diciembre de 2018
Cine, Milagro en la calle 34, Miracle on 34th Street
Milagro en la calle 34

Los mitos son narraciones fantásticas, ubicadas a veces en realidades inexistentes, en otras construidas en referencia a hechos ocurridos en el mundo social humano pero sobre los cuales no existe explicación científica aceptable, o aceptada colectivamente. Los mitos son generalmente protagonizados por personajes a los que se les atribuyen cualidades específicas, que muchas veces los posicionan por encima del hombre promedio, es decir, son personajes extraordinarios con dones sobrenaturales, como dioses o divinidades, por ejemplo.

Su imagen es simbólica y la lección o enseñanza que pretenden transmitir es, aunque presentada en un relato ficticio, preferentemente con las suficientes herramientas y/o parámetros como para aterrizarlos en la realidad, o sea que las historias enseñan valores específicos para que sean retomados en la cotidianidad de la vida del hombre, es decir, que los mitos narran gestos heroicos que se vuelven saber para el hombre común.

El personaje de Santa Claus está en este rubro, y aunque se basa en varias leyendas, relatos folclóricos y hasta personas de la historia, la figura dentro de la cultura como se le conoce popularmente no es sino producto de la evolución de estas historias en combinación con la mercadotecnia. Su mito, no obstante, habla de ideas muy específicas como la bondad, solidaridad, caridad, cordialidad, inclusión, integración familiar y otros valores sociales.

Este personaje se encuentra al centro del relato titulado Milagro en la calle 34 (EUA, 1994), película dirigida por Les Mayfield y escrita por John Hughes, que se basa en el guión de la versión cinematográfica de 1947 escrito por George Seaton, aquel a partir de una historia original de Valentine Davies.

Protagonizada por Mara Wilson, Richard Attenborough, Elizabeth Perkins, Dylan McDermott y J.T. Walsh, la cinta trata de un hombre de nombre Kris Kringle, quien es invitado a trabajar personificando a Santa Claus en Cole’s, una tienda de almacenes en Nueva York. Su actitud amena, presencia simpática y relación empática con los niños principalmente, provoca que la cadena competidora idee una forma de desprestigiarlos, algo que logran cuando acusan a Kringle de tener problemas mentales, luego de que alega que él es el verdadero Santa Claus. Defendiéndole durante una audiencia ante un juez se encuentra Brian, un exitoso abogado y pareja de Dorey, la mujer que contrató a Kringle en Cole’s, y cuya hija, Susan, de seis años, no cree en Santa Claus.

“Simbolizo la capacidad humana de suprimir esas tendencias egoístas y odiosas que rigen gran parte de nuestras vidas. Si no puedes creer, si no puedes aceptar nada por tu fe, entonces estás condenada a una vida llena de dudas”, le dice Kringle a Dorey. Ese es uno de los mensajes más importantes de la narrativa; no se trata tanto de si este hombre es o no ese personaje mítico, sino de lo que Santa Claus representa para la gente que lo toma como modelo de valores, siendo ícono de unidad familiar, armonía, amabilidad y convivencia.

¿Importa si es o no es realmente Santa Claus? ¿No es acaso más importante lo que representa, ejemplificado en la historia cuando las personas se unen en su defensa y públicamente lo apoyan porque, más que creer en él como persona, creen en el mito? Se trata finalmente de una figura simbólica que carga con suficiente poder de confianza de aquellos que encuentran en su ícono una serie de parámetros y valores a seguir.

Este razonamiento también da pie a varias otras reflexiones, específicamente en temas como la verdad y la fe, y cómo estos rigen el actuar del hombre. “Tienes derecho a creer lo que quieras creer […] El saber la verdad y el ser veraz con los demás, y más importante, contigo misma”, le dice Dorey a su hija, una vez que ella comienza a preguntarse a sí misma en qué cree porque se lo inculcaron, y en qué elige creer según su propio razonamiento de la situación.

Susan está convencida que Santa Claus no existe porque así se lo ha inculcado su madre; y la niña confía en ella y en su experiencia de vida. El punto más importante de la historia, más allá de la magia y el milagro, es la capacidad de Susan de cuestionar su entorno y elegir aquello en lo que quiere depositar sus ideales, a partir de la reflexión y análisis de la evidencia que tiene enfrente. Creer, incluso si ese algo no es real o comprobable, es por sí solo simbólico y relevante.

“No creo que le haga daño no creer en un personaje que muchos reconocen como fantasía”, explica Dorey, y en su lógica esto tiene sentido, porque tiene razón. Lo acertado es, uno, dejar que Susan tome sus propias decisiones sobre el tema: creer, no creer, que tanto y, más importante, por qué. Y dos, entender que este mito es más grande que cualquier realidad, hecho verificable o sustento a debatir; uno en el que además muchas personas confían por el poder, simbólicamente hablando, con que cuenta, es decir, todo lo bueno o positivo que representa a su alrededor. Entonces no hay nada mal en lo que esta madre haya enseñado a su hija; lo que es mejor o más indicado es, en todo caso, que la niña acepte la gama de posibilidades que tiene enfrente y con sustento tome una decisión propia al respecto. Se trata entonces de entender el valor real en la praxis social de los mitos y de su impacto en la psique del individuo para adquirir confianza y seguridad en sí mismo, así como de valorar la manera como el mito incide en los comportamientos cotidianos para favorecer o no la convivencia social.

La defensa de Brian en el juicio se basa en una idea similar; no es tanto el que Kringle sea o no realmente ese ser mítico, o surgido de un mito, Santa Claus, sino que no hace daño a nadie creyéndolo, o diciéndolo. Depositar la fe en una fuerza divina, mágica o sobrenatural, además, no es tampoco un sentimiento ajeno al hombre, y uno que, eventualmente y para fines prácticos, tampoco perjudica directamente a nadie. Este alegato por cierto, por lo menos en esta versión de la historia, está sustentado en la cultura estadounidense moderna y una realidad comprobable: el gobierno firma en sus billetes, conforme lo acepta, con la frase: En Dios confiamos. ¿Por qué no creer entonces en Santa Claus?, expone el juez que preside la audiencia una vez que falla a favor de Kringle.

Existe en la ecuación narrativa otro factor importante, el de la mercadotecnia. Dorey elige a Kringle como ‘actor’ de Santa Claus durante el desfile del Día de acción de gracias, fecha y evento importante en el colectivo social en Estados Unidos, para cubrir una expectativa de la comunidad hacia un evento socialmente importante. Después, cuando la gente responde positivamente al personaje, o específicamente a Kringle como el personaje, por su buena disposición y actitud servicial, amistosa y colaborativa hacia las personas, los clientes y sobre todo los niños, los directivos de la tienda Cole’s ven en él una oportunidad de ventas. Una oportunidad además vital porque la empresa está inmersa en deudas y necesitan que los ingresos recaudados en épocas navideñas no sólo sean buenos, sino excelentes. Su principal rival competitivo busca cómo provocar a Kringle y sacar lo peor de su persona para entonces exponerlo, y explotar ese tropiezo a su favor, o en contra del otro. Su táctica es atacar a Kringle como persona para, por asociación, atacar a Cole’s. Excepto que lo que sucede es que, por asociación, atacan en su lugar al personaje Santa Claus.

Es Dorey quien hace un llamado de atención a sus jefes, entendiendo la estrategia descalificatoria de su competidor, señalando que su plan inicial de deslindarse de Kringle y despedirlo va en contra de los valores que profesan, valores que el mismo hombre, como Santa Claus, fue promoviendo hacia la clientela. Valores positivos que, por ende, tienen eco en la consciencia de las personas. Y así empieza la campaña de apoyo hacia el demandado, que crece no sólo en solidaridad hacia él (¿tiene este hombre realmente problemas mentales por creer que es Santa Claus?), sino hacia la figura en sí, ‘el personaje de buenas virtudes que da regalos en Navidad’. “Nosotros creemos”, se lee en los carteles de apoyo. Creemos en Santa Claus. Se trata de una simple estrategia de asociación, en este caso mejor dirigida: Si Santa Claus representa cosas buenas y si Kringle profesa estos ideales y los promueve, como Santa Claus, entonces Kringle también es bueno. Una estrategia obligada por Brian, cabe mencionar, una vez que empuja al Fiscal a intentar demostrar que Santa Claus no existe. La idea es clara, si no hay pruebas tangibles de que el personaje no exista, tampoco las hay de que sí, o viceversa.

Es así como la idea detrás del mito se dividiera en dos rubros que chocan y al mismo tiempo se complementan. El Santa Claus como producto mercadotécnico y la época navideña como producto de ventas (los adornos, los regalos, las reuniones, las celebraciones y demás), acompañado de toda la parafernalia que es propia de los festejos decembrinos, de la conclusión de un ciclo anual de vida; y por otra parte, el Santa Claus asociado a la Navidad y a todo aquello que representa en la cultura popular, la religión, los ritos derivados de cada creencia o iglesia, la identidad familiar, el culto a lo divino, las creencias sociales y hasta la educación y crianza.

Una característica de los mitos es que pueden llegar a considerarse historias verdaderas, que se adentran en las tradiciones de la comunidad, pues los seres humanos buscan una explicación o fundamentación de su existencia, que al mismo tiempo les de satisfacción a sus necesidades vitales de sentirse protegidos y seguros. Los mitos fundamentan la identidad grupal y dan coherencia a los ritos mediante los cuales se reproduce la cultura social.

Al final, no es entonces qué o qué tanto se cree, sino cómo se interpreta ese mito, y qué importancia tiene en la cultura de cada sociedad, que es, a fin de cuentas, lo que sucede en esta película. Y si bien en su fantasía cinematográfica la historia elije que en su mundo ficticio Santa Claus exista, el relato al mismo tiempo proporciona un análisis importante sobre el poder del mito, la fuerza simbólica con que cuenta a partir de la idea que tiene de fondo y el impacto que ostenta en directrices de la formación humana y la organización del hombre en su sociedad.

Ficha técnica: Milagro en la calle 34 - Miracle on 34th Street

Cine, Milagro en la calle 34, Miracle on 34th Street, 857 lecturas.

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