RoboCop

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

RoboCop

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 16 de noviembre de 2017
Cine
RoboCop

Un robot es una máquina con programación, con directrices trazadas y respuestas predeterminadas. La máquina es creada por el hombre y, en esencia, hace lo que éste la indica que haga; si se presenta un fallo en el hardware, es un descuido en el ensamble, si se presenta un error de funcionamiento, es una equivocación de quien efectúa la programación y el diseño.

La combinación hombre-máquina, que es denominado como un ciborg, es darle a una persona partes mecánicas, pero dejando que parte de su cuerpo, mente y decisiones se antepongan a los comandos, incluso sobre la misma mecánica de la máquina. Sin embargo, las implicaciones éticas de esta mezcla persona-robot se relacionan con cuestiones de derechos humanos; la intención es mejorar las capacidades de la parte orgánica, el hombre, mediante el uso de tecnología, pero en el proceso se ponen sobre la mesa preguntas respecto a la identidad y la humanidad del ser.

Este escenario lo explora la película RoboCop (EUA, 1987), escrita por Edward Neumeier y Michael Miner, dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por Peter Weller, Nancy Allen, Ronny Cox, Kurtwood Smith y Miguel Ferrer. Obtuvo además dos nominaciones al premio Oscar: mejor edición y mejor sonido, además de recibir un premio especial por su edición de sonido. La historia cuenta el destino de un policía muerto en servicio, que es convertido en un ciborg, mitad humano, mitad robot, diseñado por una compañía privada que tiene los derechos de administración del departamento de policía en la ciudad de Detroit.

En este mundo ficticio, los servicios públicos están manejados por empresas privadas, que eligen invertir, como le llaman ellos, para modificar la situación a su beneficio, no el de la sociedad. Ya sea escuelas, hospitales o la seguridad pública, la gente está a la merced de las esferas del poder que han comprado la infraestructura para controlar a la sociedad y orientar su desarrollo como mejor les convenga. Una privatización convertida en un medio donde se disminuyen las facultades del Estado para dejarla en manos de sectores económicos privados, que toman el control de los servicios que se les ofrecen a las personas; los llamados servicios públicos, ahora convertidos en negocios privados. Es decir, la película expone el escenario de un estado modesto, restringido, sometido al poder económico privado, tal como en la actualidad puede observarse en la totalidad de las sociedades del llamado mundo occidental.

En la historia, una de esas empresas es la OCP, o Productos de Consumo Omni, que planean construir sobre la vieja zona centro de Detroit una nueva ciudad a la que denominarán Delta. Su objetivo con esta estrategia mercadotécnica no es mejorar el espacio que ya existe, ayudando a su gente y restaurando las calles y edificios, al contrario, su plan es destruir para reconstruir, no reparar.

Debido a los altos índices de criminalidad, lo que necesitan es un sistema de seguridad eficiente y, según ellos, ningún policía puede cubrir estas necesidades, por lo que se plantean hacerse de policías-robot, en esencia, sustituir al humano por la máquina.

Su idea es convertir un tipo de servicio al que consideran no redituable, la seguridad pública, en ganancias, a través de ventas del ‘producto’ al mejor postor, en este caso, específicamente, ganar dinero por la vía de convenios para la producción, venta y distribución de las partes necesarias para el funcionamiento del robot policiaco. Sin embargo, el primer diseño presentado a la directiva falla el día de la demostración, matando a uno de los empleados en el proceso, llevando a la cancelación del proyecto.

Uno de los directivos de menor jerarquía, aprovecha el momento, y propone su propio proyecto alterno, un RoboCop diferente, uno que utiliza como base el cuerpo de un policía humano, ‘mejorado’ con partes mecánicas. Ese policía es Alex Murphy, quien fallece durante su primer día de trabajo, tras ser transferido a Detroit, durante un enfrentamiento con un grupo de criminales.

Sin su consentimiento, Murphy en convertido en una máquina mitad humana que ahora trabaja al servicio de la OCP, bajo el entendido que, para ellos, el policía no es un empleado, sino un producto que les pertenece, dadas sus partes mecánicas. Su memoria es borrada y su programación lo obliga a actuar bajo las directrices de la empresa que lo construyó. Impone justicia, en especial, porque puede enfrentarse a los criminales sin obstáculos que amenacen su vida, debido a que su cuerpo ahora es una máquina que no puede sucumbir tan fácilmente al contraataque de los criminales, pues el material del que está hecho, por ejemplo, lo hace más fuerte que un humano y tiene un blindado que evita que pueda ser herido por las balas.

Su creación tiene sus pros y sus contras, ayuda gracias a su capacidad sobrehumana, dada su manufactura, porque puede combatir delincuentes sin temor a la muerte, pero al mismo tiempo, su existencia, como persona a la que se le quitaron sus derechos básicos, entra en conflicto con su propia identidad y naturaleza humana. Su memoria y su pasado son borrados y sus garantías individuales son pisoteadas. Su pensamiento es enterrado bajo una maquinaria y en su lugar es sustituido por una serie de comandos programados. La corporación quiere que el hombre deje de ser hombre, pero ¿no es casi imposible poder quitarle a un ser humano su humanidad?

Este robot además está condicionado gracias a un codificado con cuatro reglas básicas a seguir: 1) servir al bien común, 2) proteger al inocente, 3) hacer valer la ley y, 4) no oponerse ni atacar a directivos de la OCP. Las primeras tres leyes están diseñadas para servir a la gente, a la sociedad; la cuarta, sin embargo, existe para servir a sus creadores. El propósito real de las directrices planteadas para el robot-policía es que, el fin último en realidad es servirles a ellos, no al común social. La cuarta directriz es la que asegura a los propietarios la total obediencia y, por tanto, el poder real para orientar el ejercicio de la actividad policiaca en su beneficio y propia seguridad.

La corrupción de la privatización del sistema ha logrado que la misma esfera privada se abra el camino que necesita para realizar los negocios que prefiera, legales o ilegales, teniendo el control del servicio de policía bajo su cargo y, a largo plazo, negociar con la mafia para beneficiarse ambos. El esquema perfecto del círculo vicioso: la policía encargada de la seguridad al servicio de quienes hacen negocio facilitando la labor criminal, para recibir las ganancias de esos mismos hechos delictivos.

El vicepresidente de la OCP trabaja con el más importante criminal del área, juntos, uno controla el sistema de seguridad y el otro realiza negocios ilícitos sin restricciones. Además planean a futuro, en una nueva ciudad a punto de ser construida y que, por tanto, es maleable, moldeable y sensible a corromperse en muchos sentidos; un proceso dirigido por aquellos a cargo, en este caso la OCP, o específicamente, aquellos dirigiendo el programa de los policías robot.

La intención también es, eventualmente, reemplazar al humano con la máquina enteramente, creyendo que teniendo su propiedad se tiene el control y teniendo el control se hace lo que se quiere. Sin embargo, en el caso de Murphy, su lado humano se vuelve más fuerte que sus directrices programadas y no le hace falta romper las reglas para lograr la justicia, sino hacerlas valer según el contexto racional y no la forma automática como opera su parte mecánica.

Su lado humano le hace entender la realidad, para reaccionar ante ella con lógica, no con programación. Aunque su cuarta directriz le dice que no puede enfrentar a directivos de la empresa que lo ensambló, Murphy, el policía, la persona, sabe que algunos de estos directivos son corruptos y deben pagar por sus crímenes. Si bien el robot no puede infringir esta ley, el hombre sí puede entender el problema que ello conlleva y la razón poco ética por la que la regla en sí existe y, por tanto, también puede buscar una respuesta alterna alrededor del conflicto de intereses, es decir, encontrar un camino para hacer cumplir las otras directrices mientras cumple su deber como policía, haciendo valer la ley, protegiendo a la sociedad, protegiendo a otros y sin necesidad de romper sus propias directrices. Esta búsqueda de alternativas con base en las posibilidades es, en corto, una capacidad de racionamiento humano, es su naturaleza humana, es la posibilidad de pensar, cuestionar y opinar, algo que las máquinas no pueden hacer por sí mismas.

Murphy sueña con su familia, a pesar de que su memoria ha sido borrada, porque su cerebro es más fuerte que la máquina, porque su identidad y su mente no pueden ser sustituidos; esto es aquello que lo hace aún un hombre y no completamente una máquina vacía compuesta por partes de metal, cables conectados y software sistematizado.

Dentro de historia también se abordan temas como la manipulación y la enajenación mediática, el cómo los mismos medios de comunicación, en este caso a través de noticieros y comerciales, que responden a los grupos a cargo en las altas esferas del poder, contribuyen a una ideología de la violencia y la subyugación; los medios masivos de comunicación cumpliendo la función de entretener, mal informar, promover el consumo, exaltar la participación privada en áreas antes reservadas al estado y sobre todo, demandar más seguridad policiaca como si este fuera el sentir de los ciudadanos; la decadencia de la sociedad y el odio entre personas promovida y celebrada por los medios, que la alimentan como estrategia de consumo a su favor.

La narrativa de la película expone de forma satírica hacia la cultura actual la manera como la sociedad intenta volver banal la realidad de los problemas sociales, presentado así una forma de crítica social que evoca a la reflexión de sus temas centrales: el uso y abuso de la ciencia y la tecnología, la puesta al servicio de intereses estrictamente económicos al margen de cualquier beneficio colectivo, así como la fácil manipulación por parte de aquellos en control de la infraestructura social. Se ve entonces un paisaje en donde no gobierna el hombre con el empleo de tecnología, sino una sociedad en donde el hombre está sometido por el uso que le da a la ciencia y a la tecnología el grupo élite en el poder.

Ficha técnica: RoboCop

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