Enemigo Público

Mis días de cineDiana Miriam Alcántara Meléndez

Enemigo Público

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Escrito por Diana Miriam Alcántara Meléndez 08 de junio de 2017
Cine
Enemigo Público

La importancia de la privacidad reside en que la intimidad es un espacio personal, abierto a pocos, que es como cada individuo procura su persona y su identidad, incluso su desarrollo. Violar la privacidad de alguien es quebrantar su derecho a elegir qué o quienes son parte de ese círculo de confianza que, de alguna forma, lo hacen quien es. El espacio personal es como el ser entiende su individualidad y se entiende a sí mismo, como persona y dentro de su sociedad.

Violar la privacidad de alguien no sólo es alterar la vida de un individuo, sino también la de su entorno. Vigilar a los ciudadanos, o espiarlos, es perturbar la organización y la convivencia de un grupo, incluida su forma de pensamiento, entendimiento, cultura, gobierno y hasta seguridad. Irónicamente, a veces se elige, en nombre de esta idea de seguridad, transgredir la privacidad. Así lo demuestra la historia narrativa de la película Enemigo Público (EUA, 1998), dirigida por Tony Scott bajo un guión de David Marconi y que cuenta con las actuaciones de Will Smith, Gene Hackman, Jon Voight, Lisa Bonet, Regina King y Tom Sizemore, entre otros.

La temática principal de esta historia es la forma como la vigilancia extrema por parte de gente con acceso a esta tecnología, el gobierno en este caso, puede utilizarse para afectar el orden social; cómo, a través del uso de la tecnología, puede saberse tanto de una persona que todas las libertades civiles son pisoteadas, sin justificación legal que lo respalde y corrompiendo también varios valores sociales, entre ellos la ética.

En la película, el gobierno de Estados Unidos, a través de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional), propone una Ley de Seguridad de Telecomunicaciones y Vida Privada, que les daría la facultad legal de vigilar, espiar, a las personas cuando lo crean necesario y sin traba alguna para realizarlo. Esto incluye la intromisión a sus llamadas telefónicas o correos electrónicos, incluso escuchar sus conversaciones, poniéndose cámaras y micrófonos en sus casas o lugares de trabajo, todo con el fin de recopilar información para utilizarla, si se le considera a la persona un sospechoso que amenaza la seguridad nacional.

Cuando un Diputado, miembro del Congreso de Estados Unidos, se niega a patrocinar abiertamente esta ley, Thomas Brian Reynolds, una de las principales cabecillas de la NSA, lo manda matar, para quitar, por decirlo de alguna forma, a esta persona de su camino, a quien considera un obstáculo para sus planes. “Esta ley no es un paso hacia una sociedad vigilada, ya es tal sociedad”, dice el político en relación a su postura contra el decreto, quien con su frase recalca que esta propuesta legal es sólo una excusa para auto validarse, para justificar una práctica común que ya se está llevando a cabo en el gobierno, que ya los movimientos de la gente son siempre observados gracias a tecnología existente y a la mano, como las cámaras ubicadas en las calles y edificios públicos o privados. Pero aunque la práctica técnicamente es ilegal, tal lo plantea la película y lo dicta la ley, lo único que hace falta es presentar una ley que valide una realidad que ya se ha vuelto cotidiana, para así quitarse de encima cualquier crítica, demanda u obstáculo, para frenar cualquier posibilidad futura de intento por detener este tipo de programas.

Lo que Reynolds, dentro de la historia, no sabe, es que una persona grabó todo lo sucedido con una cámara de video, quien sólo por coincidencia se topó con el crimen pues había colocado la grabadora en un parque público porque es un aficionado del avistamiento de aves. Resulta entonces paradójico que el promotor de la vigilancia electrónica sea víctima de una cámara que no está en su red de control. En suma, en un mundo postmoderno todos pueden ser vistos y observados por quienes ni siquiera imaginan, porque no los conocen.

Ahora la NSA, utilizando la inteligencia de su equipo de tecnología, de vigilancia y recopilación de datos, comenzará a perseguirlo. Es en su huía y viéndose superado por los agentes que se supone trabajan para protegerlo, este hombre le pasa el video que contiene la evidencia a un viejo conocido, con quien se topa por error (o causalidad), Robert Clayton Dean, un hombre que de pronto se ve envuelto en la conspiración sin saberlo.

Es la forma como esta agencia de seguridad se adentra en la vida privada del protagonista que la película demuestra los peligros de esta realidad, el cómo puede utilizarse la tecnología, la vigilancia y la violación de la privacidad de forma negativa, o lo fácil que es acceder a esta información para conocer la vida de alguien, incluidas sus debilidades, algo que se hace posible en gran medida gracias a la automatización y digitalización de tal información.

“Cuanta más tecnología usas, más pueden vigilar lo que haces”, dice uno de los personajes. En la historia los agentes graban las llamadas telefónicas de las personas y siguen sus movimientos poniendo rastreadores en su en su ropa, utilizando satélites y señales de onda de radio para escuchar lo que dice y con quien hablan, y monitoreando sus movimientos a través de cámaras de vigilancia públicas.

La tecnología, sin embargo, avanza. En la actualidad, aparte de todo esto, o sustituyéndolo, la vigilancia puede hacerse a través de otros aparatos modernos de uso cotidiano, hackeando señales e información contenida en celulares y laptops, por ejemplo. Un simple teléfono móvil permite ahora saber dónde se encuentra una persona, a través de la geolocalización, lo mismo que permite grabar a la gente en audio y video, porque el celular mismo ya trae cámara y micrófonos integrados. Sólo hace falta tener acceso a toda esa información, derribando sus propias medidas de seguridad, algo no sólo comprobablemente posible, sino viable, debido a que, según la historia plantea, el gobierno y la industria de las telecomunicaciones trabajan juntos en el desarrollo y promoción del uso de esta tecnología, un acuerdo con beneficio para ambas partes.

Así, todo lo que tenga que ver con el ámbito de las telecomunicaciones queda expuesto, mensajes de texto, vinculación de cuentas personales de correo electrónico o de banco, ligadas también a los dispositivos personales como los teléfonos celulares, e incluso fotografías y videos subidos a la red, tanto a los canales públicos como Facebook o Instagram, como también a los aparentemente privados, como iCloud. En la actualidad, todo lo que está en la red informática, en Internet, queda susceptible a quien pueda tener acceso a esta información, el gobierno incluido, que puede en teoría espiar a través de sus programas de vigilancia todos lo que hace una persona en el ciberespacio. La acumulación de datos personales en la web deja a la gente expuesta a ser observada, vigilada, por cualquier experto en informática, vigilancia que siempre tiene fines perversos en tanto invade la intimidad de cada ciudadano.

Lo único seguro, parece ser, es estar desconectado del mundo, pero esta es una realidad imposible, presionada por la automatización de los procesos. Ejemplo de ello en la actualidad es el cada vez más común pago de productos y servicios hecho a través del dinero electrónico, la cotidianeidad de la comunicación vía formato digital, como las llamadas, videollamadas o mensajes de texto, hasta las compras en línea o realizadas a través de una compra-venta digital. En la película, la NSA se hace de toda esta información para invadir la privacidad del protagonista, para aislarlo e inhabilitarlo, bloqueando sus cuentas del banco, publicando noticias falsas sobre él, localizando su ubicación o conociendo a fondo quién es la gente a quien pueden usar como medio para el chantaje, rastreando, grabando, escuchando e interceptando sus llamadas telefónicas.

La información privada deja de ser privada y esto viola los derechos del hombre, a pesar de que la decisión se justifique en nombre de la seguridad de las sociedades. ¿Quién vigila al que vigila a la gente común, a los ciudadanos? La pregunta se plantea en la película, recalcando cómo el tener acceso a la información personal de las personas, a través de un tipo de espionaje de este tipo, es una práctica que viola los derechos civiles sin barreras ni límites. ¿Quién y cómo se decide en qué punto se traspasa la línea ética de la situación?

La película también hace referencia a la novela ‘Un mundo feliz’, de Aldous Huxley, que trata sobre un mundo futurista utópico en el que la sociedad ha llegado a desarrollarse aparentemente de manera próspera, sin, por ejemplo, pobreza ni guerras, gracias a los avances tecnológicos que han ampliado su campo de acción al conjunto de actividad productiva y social, pero, el uso común de la tecnología, que ahora influye en todos los aspectos de la vida de las personas, ha venido de la mano la pérdida de otras particularidades sociales propias y necesarias para el desarrollo del hombre, como la cultura o la reflexión filosófica.

El uso común de la tecnología se convierte, de alguna forma, en el inicio de una especie de declive social, donde la gente cree estar ‘feliz’ a pesar de vivir sin completa libertad. Respecto al contexto en que se vive en el mundo en que se desarrolla la película, y cómo se hace ahí el uso de la tecnología, uno de los personajes señala que se trata ya de este ‘mundo feliz’ del que habla Huxley en su texto, cómo el mundo distópico por él descrito en su obra, ha comenzado a convertirse en una realidad.

Ficha técnica: Enemigo público - Enemy of the State

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