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El Mago de Oz

Diana Miriam Alcántara Meléndez

Existen clásicos de la cinematografía, películas que por su aporte a la industria y a la cultura popular son reconocidas por propios y extraños como pertenecientes a una categoría superior, son, por decirlo así, excepcionales. Ya sea por su técnica, sus artistas o sus historias, estas películas se convierten en parámetros por alcanzar, ejemplos a seguir y, en especial, material fílmico de entretenimiento enriquecedor, de contenido significativo que ha quedado para la posteridad.

El Mago de Oz (EUA, 1939) es una de esos ejemplos. Película protagonizada por Judy Garland que cuenta la historia de Dorothy, una vivaz joven que llega al mundo de Oz luego de que un tornado hiciera volar su casa. Para poder regresar a su mundo, Dorrothy debe emprender un viaje a ciudad Esmeralda y pedir al Mago que conceda sus deseos; en su camino tres peculiares personajes: el León cobarde, el Hombre de Hojalata sin corazón y el Espantapájaros relleno sólo de paja, se unen en su aventura.

Una premisa que combina fantasía y realidad, acompañada además de números musicales, ha pasado a la historia como una de las grandes películas, que exhibe también el increíble talento y la gracia de la gran Judy Garland. El Mago de Oz es más que mero entretenimiento. Su moraleja es clara e incluso puntualizada por el Mago en su discurso final: buscar dentro de ti mismo la fortaleza que vive dentro de cada uno de nosotros. Sus personajes son inolvidables, su música siempre vivaz será a futuro recordada y su técnica,  la combinación blanco/negro y color, es aún un claro ejemplo de la transición y adaptabilidad de la tecnología dentro de la industria cinematográfica.

La variedad de sus personajes trae consigo una variedad de lecciones. Cada cosa que uno de los cuatro viajeros desea obtener es aprendida a los largo del viaje. Dorothy desea regresar a su hogar del que había renegado, el León quiere encontrar valentía y dejar de tener miedo, el Hombre de Hojalata quiere tener un corazón para poder sentir y el Espantapájaros quiere un cerebro para poder demostrar que es más que un simple objeto sin importancia. Las aventuras de estos personajes permiten al espectador deducir por su cuenta cómo el objetivo de estos viajeros es alcanzado y la lección aprendida; misma función que toma el Mago, quien analiza y explica a cada uno de ellos que dichas virtudes viven dentro de su ser y que sus aventuras (la historia de sus vidas) han sido necesarias para traer tales cualidades a flote.

Es, sin embargo, el personaje del Mago el más enigmático en la película. Definir aquello que éste representa varía de acuerdo con el punto de vista de quien lo analiza y las interpretaciones son innumerables. Por una parte se le puede leer como la voz de la razón y la lógica, quien sólo da sentido a aquello que estaba enterrado. Pero, por otra parte, también se le puede entender de manera casi opuesta. Que el Mago aparente ser un ente poderoso y temido, que deba simbolizar con objetos materiales las virtudes y cualidades de los cuatro viajeros al final de la historia, que se haya convertido en el gobernante casi por equivocación, e incluso, que se haya negado a regresar a Kansas por desinterés o indecisión, se convierten en señales que llegan a demostrar que el personaje puede simbolizar también los obstáculos absurdos y banales, sin sustento, y charlatanerías, a los que las personas se enfrentan todos los días.

Por otro lado se encuentra el significado que las brujas toman en la historia. La constante pregunta de a quién o quienes representa cada bruja, pues en la historia, por ejemplo, la bruja buena del norte es la ayudante y guía de Dorothy, mientras la bruja malvada del oeste es una extrapolada versión de la malvada vecina que la joven tiene en el mundo real.

Es claro que se trata de una película llena de simbolismos y mensajes, en donde cabe resaltar el trabajo del autor del libro en que se basa el guión. “El Mago de Oz” escrito por L. Frank Baum [1856-1919], quien además realizó 16 secuelas literarias a su historia.

Sin duda El Mago de Oz es un fenómeno que ha encantado a generaciones, en donde el análisis ofrece más preguntas que respuestas, pero  mucha reflexión. Existen innumerables versiones de la misma historia, una gran cantidad de secuelas fílmicas, así como obras de teatro, versiones animadas en cine y televisión, y adaptaciones literarias libres e independientes, como el caso de la obra de Broadway “Wicked”, basada también en un libro original, sólo por mencionar algunas.

Todos estos productos y subproductos presentes a ciento once años de la publicación del libro original de Baum, son sólo muestra de que algunas historias son tan ricas en ellas mismas, o que existen versiones cinematográficas tan impactantes y queridas, que su trascendencia y aporte, tanto en el ambiente micro como macro, es más significativo y prominente que muchos de los proyectos a los que se tiene alcance y mucho del cine  que se acostumbra ver.

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