Al Larguero

Columnas Deportes Alejandro Tovar

En el futbol, cada cual lleva su catálogo de agravios, porque la vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir y donde la mayoría silenciosa termina pensando que este juego es el arte de lo imprevisto, donde la espontaneidad y el ingenio afinan su mirada y derriban todo lo común, como Rayados que desenmascaró todos los defectos del líder que terminó con estrés y ansiedad.

Almada jugó en su estilo exitoso pero el rival tenía su Caballo de Troya envuelto en Jansen y Marlon dentro, que convirtieron el agua en vino, en la noche sobrada de actitud ganadora. Para ello Mohamed mostró sus armas poderosas en la táctica fija, con el implacable Nicolás, rey del juego aéreo, marcado solo con la mirada por Hugo Isaac y Orrantia tieso, con síntomas de asfixia.

El DT santista dejó en el banco y solo él sabe las razones de tal desperdicio a Gallito, el contención ideal, conservando a Ulises cuyas condiciones no van más allá de lo justo, cuando en este tipo de guerrillas se precisa de la lucha cuerpo a cuerpo, no solo el desgaste ida y vuelta. Se le aplaude la gran campaña a Almada y se debe reconocer que no supo cómo jugar el torneo corto.

Por lo demás y dejando las tragedias, a falta de boleto, hay que divertirse en la tv, donde los comentaristas, tal vez son consumados catequistas o llegan al partido luego de ir a misa con el obispo pues no dan culpas a nadie, toda la violencia “son choques, porque este juego es de contacto” y en las agresiones “nunca existió la intención” pero en su misericordia piden porque las lesiones no se presenten. También piden agradecer las buenas jugadas, ¿qué no es obligación de los atletas exhibir sus mejores armas? Mencionaron diez veces al portero Barovero por su apodo Trapito, que para nosotros es un pedazo pequeño de tela. No saben que al argentino le pusieron ese mote en Vélez Sársfield por un supuesto parecido con el cómic publicado en 1975, que después se hizo película y cuyo personaje fue creado por Manuel García Ferré. Ese tal Trapito era un espantapájaros viviente, sumido en la tristeza por su falta de ilusiones pero el patriarca de los pájaros le envió a Solapín, cuya misión era ser el guardián de las ilusiones de Trapito. Ambos viven peligros y aventuras juntos. ¿Es que no lo mencionan porque jamás les interesó indagarlo?

Dicen que la melancolía nos proporciona un mayor aprecio por los momentos vividos y otros aseguran que no debemos instalarnos en la conciencia de la pérdida de los buenos tiempos. La realidad es que éste solo ha sido un episodio experimental y servirá para que Santos reorganice sus fuerzas y sepa perfectamente cuáles son los sitios donde debe reforzarse. Igual, su técnico ya sabrá para la siguiente que debe tomar un rol de mago luciferino porque la mirada es al frente.

Aunque el futbol también tiene etapas con olor a frituras, pies y axilas pero hundirse ante las adversidades es algo que no está permitido y el poder del cambio curva el tiempo. Y aunque veremos el resto de liguilla con ternura, trascendencia y humor, uno difícilmente deja de pensar en algo que inquieta y es preguntar, ¿por qué los jugadores TODOS, no actúan siempre al mismo nivel que ahora mismo, sí pueden hacerlo?

Alejandro Tovar

arcadiotm@hotmail.com

COMENTARIOS

msanti miércoles 4
MUY SENCILLO TOVAR; Porqué su mentalidad no está hecha para grandes contiendas. Su mente es débil y se espantan en los juegos de liguilla, además la falta de ritmo afectó a varios jugadores, entre ellos a Orozco el portero. Toda la defensa hizo agua. Así como? Hay que reforzar esta línea, y la contención. Arriba mas delanteros letales. Pero solo IRARRAGORRI, tiene la última palabra y obvio los billetes $.
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