Mirador

EDITORIAL

Este viento que llega de la sierra ya es de invierno.

Es viento gris. De ese color se ven los pinos que hace unos días se miraban verdes.

Los muros de la casa han perdido sus colores, y son grises. Grisáceo también se ha puesto el mundo.

No hay nubes: el cielo todo es una sola nube. Si baja un poco más desapareceremos.

El corazón está preso de sí mismo. Con esta niebla los recuerdos no se pueden recordar. La vida ahora es un poco muerte.

En este momento llega de la cocina el ruido que hace la olla al borbollar. El olfato percibe aromas de guiso campesino. Se escuchan voces de mujer, gritos y risas de niños.

Las paredes de la casa dejan de ser grises y se vuelven azules, rojas, amarillas y de color de rosa.

Ahora la vida no se parece ya a la muerte.

Ahora la vida se parece a la vida.

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