DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Columnas la Laguna ARMANDO CAMORRA

"Un pendejo callado es oro molido". La frase es de Ernesto "El chaparro" Tijerina, hombre de genio e ingenio, inolvidable amigo. Y este proverbio popular lo saqué de un libro de Xavier Gutiérrez, gran poblano: "No te le acerques a un chivo por delante, a una mula por atrás y a un pendejo por ningún lado". Sirvan esos dos apotegmas como lección de vida. "Tengo dos culitos" -así le dijo en el teléfono un compadre a don Chinguetas. Con eso quería significar que estaba en compañía de dos damas complacientes, y que necesitaba a alguien que le hiciera el cuarto. Don Chinguetas se percató en ese momento de que su esposa, doña Macalota, había descolgado la extensión del teléfono, y por tanto estaba oyendo todo. Así, cuando su compadre le dijo: "Tengo dos culitos", don Chinguetas contestó de inmediato: "Pues hágase operar, compadre, porque lo normal es tener solamente uno". En mi ciudad cierto abogado litigante envió un ocurso memorial al juez que habría de sentenciar a su cliente, acusado de adulterio. La tal misiva decía, más o menos: "Señor juez: Le suplico tenga consideración para mi defendido, hombre bueno, trabajador y responsable cuyo único defecto es que le gusta mucho la nalguita". Esta misma palabra usó hace días José Manuel Mireles, quien antes había calificado de "pirujas" a las mujeres que viven en unión libre con afiliados al ISSSTE, institución de la cual es subdelegado en Michoacán. Muestra de insolente machismo es usar el nombre de partes del cuerpo de la mujer para referirse a ella, lo mismo que calificarla con adjetivos denigrantes. El subdeslenguado, sin embargo, no tiene de qué preocuparse: su jefe máximo lo perdonó ya, igual que perdonó a Bartlett. Y es que AMLO extiende su perdón a los suyos, los ampara y protege con paternal solicitud, en tanto que a sus desafectos los persigue con saña vengadora, aun por encima de la ley, y endereza calificativos denostosos a sus críticos. Complacencia para los amigos y rigor para quienes no lo son. Aunque quizá López Obrador obró en el caso de Mireles igual que Johnson, presidente de los Estados Unidos. Alguien le sugirió que despidiera a Edgar J. Hoover. El texano se negó a pedirle la renuncia al soberbio y prepotente director del FBI. Dijo: "Es mejor tener a ese cabrón dentro de la carpa meando hacia afuera que tenerlo fuera de la carpa meando hacia adentro". Un mozalbete se quejaba: "Fui engañado al matrimonio. El rifle con que me amenazó mi suegro para que me casara con su hija no tenía balas". La recién casada regresó de su luna de miel, la cual tuvo lugar en Niagara Falls. Les comentó a sus amigas: "Las cataratas fueron la segunda cosa que vi que no era tan grande como yo había pensado". Jactancio P. Tulante, hombre presuntuoso y fanfarrón, hablaba de su novia. Declaró: "La traigo muerta". Le sugirió un amigo: "Toma Viagra". El juzgador le dijo al acusado: "Veo en su expediente que ha tenido usted cinco procesos por fraude bancario y uno por acoso sexual". "Es cierto, su señoría -admitió el reo-. El dinero no lo es todo en esta vida". El cartel del teatro de variedades anunciaba: "Más de 50 coristas". Don Cucurulo salió de la función muy decepcionado. Dijo: "Todas son coristas de más de 50". Impericio le comentó a su amigo Libidiano: "Mi novia se queja de que soy muy aburrido al hacer el amor". El amigo, hombre diestro en menesteres de colchón, le aconsejó: "Ponle sal y pimienta al asunto". Al día siguiente Impericio le contó: "Anoche seguí tu consejo, y mi novia salió corriendo". Preguntó Libidiano: "¿Le pusiste sal y pimienta al asunto?". "Sí -respondió Impericio-. Ahí fue donde mi novia salió corriendo". FIN.

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