Mejorar, tarea de todos

EDITORIAL NUESTRO CONCEPTO

El ejercicio de gobierno deja por naturaleza a quienes tienen que administrar el poder público un inevitable desgaste. En la mayoría de los casos las decisiones de gobierno nos parecen malas incluso antes de conocerlas, en parte gracias al desprestigio de la clase política, y en parte también a que siempre vemos el aparato burocrático como una carga que tenemos que llevar como ciudadanos. Sin embargo, la autoridad está precisamente para detentar el poder y garantizar una convivencia saludable entre los ciudadanos, más allá de la popularidad de las medidas.

La semana pasada el Ayuntamiento de Torreón anunció que iría contra los carromatos, aquellos vehículos de tracción tirados por animales que durante años han sido utilizados por la ciudadanía para tirar escombro de construcción, basura, muebles viejos o restos de jardinería, entre otros, a un bajo costo, claro, y siempre sin la curiosidad de saber si esos desechos serán tratados de forma adecuada, porque mientras resuelvan el problema de retirar la basura de quien los contrata, poco importa si generan un foco de contaminación en otra parte.

Varios programas municipales han intentado limpiar lo que por años han sido corredores hacia los que desfilan los carromatos para tirar lo que recolectan en el día. Pero más se tardan las autoridades en limpiar un terreno o lote baldío que este en volverse a convertir en improvisado relleno sanitario; al grado de que el recurso que se invierte para esta tarea termina siendo literalmente dinero mandado a la basura.

Más allá de las multas que se puedan poner a quien sea sorprendido en flagrancia arrojando basura en un lugar prohibido, o el control que se deba tener de quienes se ganan la vida trabajando con este tipo de vehículos, más que nunca, en la solución del problema se necesita la participación ciudadana, y más allá, es fundamental la participación de Gobierno y sociedad en el trazo de una solución.

Claro que hay que exigirles a las autoridades el control de este tipo de contaminación, pero también hay que preguntarnos hasta dónde llega la responsabilidad de muchos propietarios de terrenos abandonados que no cercan su propiedad y la mantienen limpia y segura aunque se trate de un terreno. Tampoco se trata de despojar de su fuente de trabajo a quienes durante años han vivido de esta forma de comercio.

El ejemplo está ahí, a solo un clic de distancia, muchas ciudades latinoamericanas han logrado bajar recursos de organizaciones internacionales que promueven, entre otras cosas, por la dignidad al trato animal, que estos carromatos sean prohibidos; para ello ofrecen subsidios que permitan a quienes viven de este oficio adquirir un vehículo de motor y mejorar sus condiciones de vida. El tema está en la agenda, y hoy más que nunca es necesario discutirlo con firmeza, respeto, conocimiento y tolerancia.

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