EDITORIAL jueves 22 de may 2014, 7:27am - nota 3 de 9

El desgaste

Por: PATRICIO DE LA FUENTE


Sin lugar a dudas...

"El hombre moderno se rodea de infinitas posibilidades de comunicación y paradójicamente, es lo que siempre le falta".— Marcel Marceau

La nueva administración ha hecho esfuerzos titánicos por replantear el modelo y no mencionar, ni por asomo, la palabra "guerra" en el discurso gubernamental. Porque para efectos prácticos, tal expresión no hizo mas que apuntalar la psicosis colectiva de todo el país.

La "guerra" de Calderón, la "guerra" contra el narco, la "guerra" que dejó centenas de miles de muertos. Un modelo discursivo y de comunicación monotemático primordialmente en manos de improvisados, que al asumir Enrique Peña Nieto la presidencia, no tuvo cabida. Vendría entonces un golpe de timón.

"Mover a México", sacarlo de su postración y de la parálisis en que lo sumieron doce años de panismo: esa idea había que venderle a la opinión pública. El gobierno de las grandes y ambiciosas reformas, el presidente de los amarres, el Pacto por México y los acuerdos con la oposición.

El PRI experimentado en el ejercicio de gobernar, un grupo de poder que sabe romper con las inercias históricas, versado en política, en eso se basa el modelo de comunicación gubernamental pero… ya no sirve y hay que cambiarlo.

Porque ya pasaron 18 meses desde que Peña Nieto llegó al poder y las reformas, aunque algunas de ellas funcionen, no traerán beneficios tangibles ni su impacto será palpable en el corto o mediano plazo.

Es más, la miscelánea fiscal -no me atrevo a llamarle reforma- que como focas aplaudieron los priistas y que votaron en comparsa con el PRD, lo único que ha traído son consecuencias negativas a la economía del país, hoy paralizada, y a las perspectivas de crecimiento que se ajustan a la baja.

¿Y ahora qué sigue?, es la gran pregunta que nos estamos haciendo. Ya se amarró, ya se acordó, ya se propuso y ya se legisló, pero en términos de opinión pública y de percepción, México no se mueve gran cosa.

El círculo de poder y los cercanos a Los Pinos no lo admiten públicamente, pero en privado acusan preocupación: los grandes golpes mediáticos del inicio del sexenio, la captura de Elba Esther Gordillo y de Joaquín "El Chapo" Guzmán, entre otros, no se traducen en un aumento de la popularidad del presidente, que ronda el cincuenta por ciento y continúa a la baja.

Preocupante, dicen, si se compara con los índices de aprobación de otros mandatarios a estas alturas del sexenio. La violencia, aunque se evite mencionarla en el discurso gubernamental, ocupa las primeras planas de la prensa.

Si no es Michoacán es Guerrero, mañana las autodefensas, el aumento en el índice de secuestros y delitos del fuero común, pasando por lo insostenible y la bomba de tiempo que supone Tamaulipas, pero el caso es que el discurso que evita, evade hablar del tema o peca de triunfalista al afirmar que "se registran avances sustanciales en el combate a la violencia", ni sirve ni los mexicanos se lo compran.

¿Qué sigue?, nos preguntamos, y lo mismo se cuestiona el Gobierno con sentido de urgencia, desde la premura de saber que las elecciones intermedias de 2015 están a la vuelta de la esquina y que de continuar como van las cosas e insistir en el modelo de comunicación de hace 18 meses, el de "Mover a México", seguramente el PRI sufrirá un duro revés en las urnas.

Porque se han hecho cosas buenas, pero el mexicano no las percibe, ni las compra ni se las cree a un Gobierno que no está siendo efectivo a la hora de comunicar. Es hora de cambiar el discurso, de replantear la estrategia, apelar a la sensatez y reconocer aciertos y errores. Desde los triunfalismos y los eventos de relumbrón con marimba y maracas no se obtienen votos, por lo menos en el universo de una ciudadanía cada vez más crítica y pensante que sabe -aunque el Gobierno le quiera vender piñas- que las cosas hoy no marchan como hace 18 meses nos dijeron que marcharían.

De hecho, no van tan bien y se leen peor. Ese es el infortunio y el precio que se paga cuando no se sabe comunicar.

Nos leemos en Twitter,

sin lugar a dudas: @patoloquasto

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