Nacional lunes 17 de mar 2014, 8:40am - nota 15 de 47

Cuesta caro consevar linaje

Por: AGENCIAS/ CHICÁN, YUCATÁN
Auditivo. Con los dedos y palmas de sus manos han establecido los signos para comunicarse, sobre todo con los otros 250 habitantes que sí pueden hablar.


EN UNA COMUNIDAD COMPLETA SE CASAN ENTRE SÍ PARA CONSERVAR SU LINAJE

No entienden de consanguinidad, tampoco de genética, pero la realidad es que pagaron el precio de escuchar y obedecer las creencias de sus ancestros, las del linaje maya, de preservar la raza autóctona y fue así como al pasar los años crearon su comunidad, de 635 habitantes, de los cuales, 385 padecen discapacidad, son sordos.

El pueblo escondido, entre selva baja y maleza del sur de Yucatán, entre brechas y grandes matorrales, a 125 kilómetros de Mérida y a tan sólo 20 kilómetros de Peto, es una de las cabeceras sureñas del estado, un pequeño lugar en donde el silencio es cosa de todos los días.

Son familias que decidieron casarse entre sí, primos con primos, sobrinos con tíos y hermanos con hermanos, en algunos casos; con esa decisión, los chicanenses ocasionaron un "choque genético", el de la sangre, de acuerdo con estudios del sector salud en el estado.

Estudios señalan que existen líneas sanguíneas que no son compatibles y esto pudo ser lo que generó la discapacidad. El DIF estatal en su momento destacó que la comunidad proviene de dos familias nucleares y que sus descendientes se han casado entre sí durante varias generaciones.

Sin embargo, poco les importa. No usan ni conocen el alfabeto dactilológico ni el abecedario y lenguaje de señas formal de los sordos.

Ninguno sabe o quiere saber el porqué de su discapacidad y entre ellos crearon su propio lenguaje de señas. Con los dedos y palmas de sus manos, han establecido los signos para comunicarse, sobre todo con los otros 250 habitantes de la comunidad que sí pueden hablar.

Valentina Ucam Collí, prima hermana de José Abtenecio Colli Colli y de su esposa Neydy Noemí Colli Tilán, ambos sordos, logra comunicarse con esa peculiar forma, con golpes de ambas palmas de las manos, con movimientos lentos de sus dedos y con tocarse la cabeza, el pecho y el estómago.

La familia Colli-Colli ha procreado dos hijos, Nelly Marisol y Cruz Alexis de 15 años y 11 años de edad, respectivamente, que heredaron también la discapacidad.

José Abtenecio, un ejidatario de 64 años de edad, se casó con Neydy Noemí de 43 años, ambos son primos hermanos. En su modesta vivienda de esta comisaría, tejen hamacas y cultivan su huerto familiar, crían gallinas y cerdos, además de que siembran maíz en su milpa de dos hectáreas, herencia de sus padres y abuelos.

Ucam Collí relata que sólo hay una escuela en el lugar para "gente normal" y que los sordos que desean aprender a leer y escribir, deben viajar 65 kilómetros para llegar hasta Tekax, Yucatán, el municipio más cercano para acudir a una escuela de educación especial.

Básicamente los más jóvenes son los que viajan dos veces por semana hasta Tekax.

José Abtenecio, expresa con señas que su discapacidad no les impide ser felices porque son familia, porque se entienden y porque "No… no nos falta la comida".

Ambos, marido y mujer, reciben material para urdir las hamacas, elaboran tres a la semana y reciben de un intermediario que viaja hasta allá todas las semanas 210 pesos semanales, dinero que sirve para comprar las cosas del hogar.

Nelly Noemí recuerda que sus abuelos le decían que tenían que mantener la tradición maya, para que su apellido perdurara, pues su raza es única y debían valorarla.

Con una sonrisa en el rostro, dice que ser "una Collí es un orgullo, es lo mejor" y que sus hijos también heredarán ese linaje.

La familia ha sido motivo de visitas del Instituto para el Desarrollo de los pueblos Mayas (Indemaya) y también del DIF Yucatán, pero ninguno ha querido salir de su comunidad y tampoco aceptar aparatos especiales para escuchar.

El choque de las palmas de ambas manos es percibido por ella, por Nelly Noemí, porque dice que en el oído derecho escucha ruidos, pero nunca ha querido ser objeto de revisiones médicas.

Ninguno de ellos se preocupa por el futuro. Su presente, es "sacar lo suficiente para comer y los gastos de la casa". Las hamacas, la venta de gallinas y pavos, la carne de cerdo que a veces sacrifican Y el huerto familiar en el traspatio son sus medios de subsistencia.

Son familia, cuidan de sí y de su pasado, de todo lo que sus abuelos les decían, de que Chicán es un lugar de ellos y para ellos, su significado maya es "Jícama", fruta típica de Yucatán.

La familia Colli-Collí es una las decenas que comparten ese apellido, en otros casos no varía mucho, están los Chan-Chan y los Ucam-Collí, entre otros. La tradición continúa y se mantendrá durante varias generaciones más, pues Nelly Marisol y Cruz Alexis ya saben que deben preservar su origen, su cultura, sus costumbres y la tradición maya. No importarán los resultados, únicamente que sus apellidos indígenas se mantengan a toda costa.

→ Linaje
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