Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam (aunque interina) de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, no tomará vacaciones este año. Suele pasarlas en un hotel-spa de la Riviera Maya. Ahí recibe los masajes de un hombre de color -negro, para mayores señas-, membrudo y de estatura procerosa. El hombre, cubano de nacionalidad, se llama Tonino, pero doña Tebaida le dice Toni, pues ya tiene años de tratarlo. Cuando se dirige a él con ese diminutivo, la dama se ruboriza levemente. A lo que voy es a decir que siempre me valgo de esa circunstancia -las vacaciones de la ilustre defensora de la moral en Occidente- para narrar algún desaforado cuento que no me atrevería a escribir si ella estuviera en la ciudad. Pero ahora no tomará su asueto anual doña Tebaida: en mala hora le apareció un forúnculo de