La noticia me estremeció. Rezaba el titular de la primera plana: “Castiga Estados Unidos a México por López Obrador”. ¡Dios mío! -pensé lleno de angustia-. ¿Será eso consecuencia de las declaraciones que hizo AMLO sobre mí? ¿Tendrá que padecer toda la República los efectos de ese exabrupto, intempestivo como generalmente suelen ser los exabruptos? Me afligí sobremanera ante la sola posibilidad de que por causa mía, aunque indirecta, sufriera la Nación. ¿Cómo podía castigar Estados Unidos a López Obrador, pregúnteme, si con Bush tampoco estoy en buenos términos? Andrés Manuel López Obrador, según es bien sabido, es mi agente de publicidad. Gracias a sus buenos oficios el chiste que escribí sobre él lo conoció todo el país: fue difundido por los canales de la televisión, apareció