Cultura viernes 18 de ene 2013, 9:24am - nota 1 de 5

Las Palabras Tienen la Palabra

Por: Juan Recaredo


Un tema algo escabroso

Abordar el tema –tengo que reconocerlo- me pone algo nervioso. Hablar de las palabrotas en un medio masivo pues como que se presta para que te juzguen mal si te sales del huacal y como vas caminando por la orillita del precipicio, con cualquier resbaloncito te caerás irremediablemente al abismo de la vulgaridad.

Es ciertamente un tema difícil, pero apasionante porque está presente –muy presente- en nuestro lenguaje cotidiano. Son palabritas y palabrotas, vocablos y expresiones que están prohibidas, pero que todos usamos y lo peor es que sabemos perfectamente que las usamos y sin embargo ante los demás –que también las dicen con harta frecuencia- no las decimos porque es de mal gusto.

Es un tema prohibido porque nos está vedado hablar libremente del sexo y generalmente son palabras relacionadas de alguna forma con la actividad sexual. Las mal llamadas palabrotas por lo general son palabras ordinarias que en sí no tienen nada de malo. ¿Qué significa por ejemplo el verbo coger? Pues asir, agarrar, tomar. Sin embargo cuando oímos mencionar esa palabra no podemos evitar asociarla con la actividad sexual.

¿A poco cuando oye usted que al torero le dieron una cogida –que para los españoles es una cornada- digo, a poco se aguanta de dibujar una leve sornisa en su rostro, pensando en lo que usted entiende por cogida? O tal vez lo que pasa es que al oír aquella palabra recuerda al novillero mexicano casado con una española que tuvo una tarde terrible y regresa a su casa todo revolcado, en condiciones verdaderamente lamentables, pero caminando por su propio pie y la esposa al verlo angustiada le pregunta ¿Qué te pasó? ¿Te cogió el toro? Y el tipo contesta en un lamento “Pues nomás eso le faltó”.

¿Cuántos sinónimos le hemos adjudicado a ese verbo? Coger es fajar, planchar, parchar, bombear o picar. Como los viejitos que estaban platicando y uno dice: pues yo tengo ochenta años y pico… y dice el otro yo tengo ochenta y cinco, pero ya no… ¿ya no qué? Ya no pico.

Algunos medio pudibundos le dicen a su chava: ¡ándale,vamos a hacerlo! o más descarademente “vamos a ponerle”. Hay quienes le dicen a eso caldear mientras otros dicen “a ésa me la clavé”. Y cada comediante le va dando un nombre a esa actividad que se convierte en “hacer cuchi cuchi, hacer prau prau, hacer canchis canchis o darle pa’ arriba arribotota. Hay quien le dice cuchiplanchar y un mecánico a lo mejor lo asocia con “medir el aceite”.

Para algunos realizar el acto es “subirse al guayabo” y bueno, pues el subirse se entiende, pero ¿al guayabo?, ¿por qué precisamente al árbol productor de esa rica fruta que es la guayaba? Pues no si a usted le sucede, pero para mí la guayaba tiene un nombre muy sexual. También hay quien dice que eso es porque en un tiempo en España guayabo le decían a una chica bella y apetecible. Eso explicaría plenamente la expresión.

En Venezuela “echarse un palo” o más cariñosamente “un palito” es tomarse un trago de alguna bebida alcohólica y eso produce embarazosas situaciones cuando una venezolana invita a un mexicano a lo que aquí sería simplemente tomarse una copa y el compatriota entiende que la “hija del Arauca vibrador”, le que quiere es “ir a Dallas”, o sea que quiere darle algo íntimo que no se le da a cualquiera. Por eso le recomiendo: tenga mucho cuidado con todas esas palabritas y palabrotas.

Escríbale a Don Juan Recaredo: La dirección de su correo electrónico es donjuanrecaredo@gmail.com

PREGUNTA DEL PÚBLICO:

Marisela Tovar quiere saber como se llama el sonido del elefante y el del pato.

RESPUESTA:

El sonido del elefante es barritar y el del pato parpar. El elefante barrita y el pato parpa.

Reflexión para terminar: dos cosas me parecen admirables: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres ¿Cómo dijo? LAS PALABRAS TIENEN LA PALABRA.

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