La cuaresma ya no es lo que era antes. Los días que antes se llamaban "santos'' son ahora comunes y corrientes, más corrientes que comunes. El paso de los años, el inexorable cambio de los tiempos, acabaron con las viejas tradiciones. Antes el regocijado júbilo del Carnaval daba el cerrojazo a la alegría mundana. Había bailes de disfraces, desfiles de carros alegóricos, combates de flores y cascarones llenos de confeti para la cabeza de los desprevenidos. Llegaba el Miércoles de Ceniza. Hombres, mujeres y niños acudían a los templos a que el sacerdote les recordara, imponiéndoles en la frente una señal luctuosa, que polvo somos y al polvo hemos de tornar. Las ciudades, como decía López Velarde al hablar de "la Cuaresma opaca'', se llenaban de "jesusitos'': tal era el nombre que recibía la