El recién casado le dice en la cocina a su inexperta mujercita: "-Hazme veinte pares de huevos estrellados, mi vida''. "-¡¿Te vas a comer veinte pares de huevos estrellados?!'' -se asombra la muchacha. "-No -responde él-. Nada más el único que te va a salir bien''... ?-¡Quita las manos!"'' -exige la indignada muchacha a su ardiente y ávido galán. "-Perdóname, Rosibel -se disculpa el muchacho-. Es que estoy ciego de amor por tí, y ya sabes cómo se nos desarrolla a los ciegos el sentido del tacto''... Le comenta un señor al consejero matrimonial: "-Me preocupa mucho la felicidad de mi esposa, doctor''. "-Eso está muy bien -lo felicita el asesor-. Preocuparse por la felicidad de su pareja es signo de amor, y también de madurez. Qué bueno que le preocupa a usted la felicidad de su esposa''. "-