Hacía mucho tiempo que no tenía yo problemas con la Liga de la Decencia o con la Pía Sociedad de Sociedades Pías. No hay, sin embargo, felicidad eterna. Muy bien lo dijo Siro: "Fortuna vitrea est; tum cum splendet, frangitur”. "La dicha es como el vidrio: brilla, pero se quiebra con facilidad”. El día de ayer esas agrupaciones encargadas de La Moral del Mundo me advirtieron con áspera acrimonia que no debo narrar el infando chascarrillo conocido en los anales de la sicalipsis con el extraño cuanto intrigante nombre de "El Joven que se Frotaba Cierta Parte de su Anatomía con un Billete de Alta Denominación”. Maguer esa severa admonición, o sea a pesar de ella, daré a la luz tal cuento, escandaloso más que los relatos de Bocaccio o los dibujos del Aretino tan gustados por m