Si yo fuera alguno de mis cuatro lectores no leería mañana esta columnejilla. ¿Por qué? Porque saldrá aquí un cuento de goliardos cuyo solo nombre causa repeluznos: se llama "El hábito sí hace al monje". La tética -no tétrica- exhibición de Janet Jackson es una rosa de pitiminí comparada con esa vitanda narración. Cuentos así, por su depravación, anuncian el fin del mundo... Don Astasio llegó a su casa al término de un viaje y encontró a su esposa Facilisa en inmoral consorcio de lujuria con un toroso mocetón en quien reconoció al repartidor de pizzas. El infeliz marido se hizo mentalmente el propósito de no volver a comprar pizzas de la marca que el membrudo mancebo repartía -salvo la de salami, que le gustaba mucho-, y luego fue al chifonier en busca de la libretita donde anotaba vocablo