Nosotros domingo 18 de dic 2011, 1:49pm - nota 17 de 18

Trilogía de bandidos legendarios

Por: LIC. GILBERTO JIMENEZ CARRILLO
Arrieros de la sierra de Durango bajo el mando de Octaviano Meraz transportando barras de plata en 1913.


SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

Una vez que la familia Parra es perseguida por el gobierno, Ignacio Parra comienza sus actividades como bandolero al lado de sus hermanos Cirilo y Matías y de un primo de nombre Vicente, todos ellos de apellido Parra. Cuando Bernal incursionaba en Durango, específicamente en Canatlán, era cuando ambas gavillas se juntaban y hacían de las suyas. Ocasionalmente Parra acompañó a Bernal en territorio sinaloense. Mientras tanto, "el rayo de Sinaloa" se había convertido en un dolor de cabeza para el gobierno federal porque sus actitudes y modo de repartir el producto de sus atracos, regularmente lo distribuía entre la gente más humilde, adquiriendo protección de los habitantes de los pueblos por donde desarrollaba sus actividades. Los señores Gurrola, propietarios de la mina en Tayoltita, le recomendaron al gobierno de Durango que fuera Octaviano Meraz quien al mando de una fuerza de diez hombres perfectamente armados y con caballos finos y bien alimentados, diera persecución a Bernal. Durante poco más de dos años lo persiguió tenazmente y la última vez que lo acorraló, Bernal salió huyendo dejando a su mujer de nombre Bernardina García, abandonada en una cueva. Meraz la tomó como rehén pensando que Bernal la rescataría, pero ni fue así. Octaviano se llevó a Bernardina al pueblo de La Guitarra, -donde éste vivía en compañía de su familia-, y grande fue su sorpresa cuando su esposa Dolores Soto y Bernardina García se abrazaron, resultando que eran primas.

El doctor Friedrich Katz, recientemente fallecido, afirma en su libro PANCHO VILLA, que Octaviano Meraz dio muerte al "rayo de Sinaloa", dato inexacto. Lo que sí es verídico es que debido al acechó de Meraz sobre la cada vez más diezmada gavilla, Bernal tuvo que ausentarse en definitiva de territorio duranguense. Bernal muere en el Cerro Pelón, perteneciente a San Ignacio, a manos de una partida de federales el 5 de enero de 1888. Fue traicionado por un amigo suyo de nombre Crispín García, que sabiendo de su escondite lo abastecía de alimentos. Su cuerpo se exhibió en la plaza de la población de Cosalá, costumbre utilizada para que sirviera de ejemplo y escarmiento para los que se atrevieran a desafiar al gobierno federal.

Con los conocimientos adquiridos y al convertirse en bandido por la estigmatización que de su familia hizo el gobierno, Ignacio "el tigre" Parra inicia sus correrías en el estado de Durango, particularmente en San Juan del Río, Canatlán, Tejame, Santiago Papasquiaro y ocasionalmente recorriendo algunos pueblos de la sierra de Sinaloa en compañía de Heraclio Bernal. Parra se hizo peligroso y el gobierno lo perseguía. Fue tanta su fama como bandido que incluso quinde años después de su muerte José Guadalupe Posada le dedicó una litografía en 1913. Doroteo Arango queda huérfano de padre a los doce años de edad y a partir de ese momento de dedica a varias cosas, entre ellas a sembrar las tierras de la familia López Negrete en la región de Gogojito y Santa Isabel de Berros, pertenecientes al municipio de Canatlán.

Teniendo dieciséis años se da el hecho del intento de abuso de Agustín López Negrete sobre su hermana Martina Arango. Doroteo balacea al patrón motivo por el cual debe de huir rumbo a la sierra de la Silla, que se ubica exactamente frente a Gogojito y Santa Isabel de Berros. Ocasionalmente "bajaba" del cerro a visitar a su madre doña Micaela y a sus cuatro hermanos, hasta que un día de esos, su primo Jesús Alday le recomienda que para qué no ande solo y salto de mata, mejor se una a la banda del famoso Ignacio Parra. El canatleco Parra acepta que el joven Doroteo se una a la gavilla a la cual pertenecía otro famoso y peligroso bandolero de nombre Refugio Alvarado. Fueron cuatro años los que Doroteo fue parte de la temible gavilla del "tigre" Ignacio Parra, de 1894 a 1898.

En las memorias de Pancho Villa que escribe Martín Luis Guzmán, se relata que el futuro Francisco Villa conoció el mar y algunos pueblos del estado de Sinaloa bajo el mando de Parra, lo que demuestra que efectivamente Bernal y Parra esporádicamente transitaron por pueblos de Sinaloa. Fue también en este tiempo cuando Doroteo cambia su nombre por el de Francisco Villa.

Para finales de 1896, nuevamente el gobierno de Durango le ordena a Octaviano Meraz, entonces ya jefe de la fuerza conocida como acordada, persiga y capture vivo o muerto a Ignacio Parra. Lo anduvo cazando durante año y medio y en varias ocasiones estuvo a punto de capturarlo. Parra y su gente, incluido Pancho Villa, se salvaron de ser atrapados por Meraz. No se tiene la fecha exacta, pero atendiendo a los hechos históricos, poco antes del mes de noviembre de 1898, el nuevo integrante de la gavilla de Parra de nombre José Solís, mató a un viejecito para robarle el pan que llevaba recién horneado. El incidente del pan molestó mucho a Villa que le reclamó a Parra la crueldad de Solís. Ignacio le respondió que si no le gustaba se fuera por donde había venido, separándose de esa manera Villa de la gavilla donde aprendió a ser bandido, a robar ganado, a vivir junto al caballo, a robar a los viajeros, a conocer y andar los caminos. Fueron cuatro años que marcaron esa etapa de Francisco Villa que se conoce como su historia negra, que no es otra cosa que sus orígenes como bandolero.

Quiso el destino que el Doroteo Arango originario del municipio de San Juan del Río, ya no fuera parte del grupo, ya que después de meses de obstinada asechanza, Octaviano Meraz mató a Ignacio Parra el 22 de noviembre de 1898 en un punto conocido como el puerto del alacrán. Se escaparon su hermano Matías, su primo Vicente y un individuo más que pudo haber sido ser José Solís, el del suceso del pan, ya que Doroteo había matado a Refugio Alvarado anteriormente en un altercado personal. Villa tenía varios días que se había separado de la banda trasladándose al norte del estado de Durango, conociendo en la población de Las Nieves a Tomás Urbina Reyes, otro bandido de la misma calaña que terminó siendo su compadre y compañero de armas en la Revolución. Para 1904 Villa también incursiona en Parral, Chihuahua dedicándose a diversas actividades. Trabajó en la mina La Prieta y como albañil, pero como lo seguían persiguiendo retomó su oficio de roba vacas, esta vez teniendo de cómplice a Matías Parra, hermano de Ignacio que se escapó de morir en noviembre de 1898 cuando la gavilla fue disuelta por Octaviano Meraz.

Entre otras cosas Meraz fue el protagonista de la matanza de mineros en abril de 1909 en el mineral de Velardeña, perteneciente al municipio de Cuencamé, Durango. No olvidemos que "el león de la sierra" era el jefe de acordada, el temible jefe de la policía que perseguía y capturaba bandidos en Durango. Poco antes de que Doroteo Arango se uniera a la gavilla de Ignacio Parra, se le ordenó a Octaviano Meraz trasladará cuatro reos de poca monta de la cárcel de San Juan del Río al juzgado de Canatlán para que se les dictara sentencia o se les impusiera multa. La verdadera intención consistía en aplicarles la ley fuga a la mitad del camino. Por razones de piedad o compasión Meraz les perdonó la vida, entregando a los cuatro reos en la cárcel de Canatlán. Uno de ellos era ni más ni menos que Doroteo Arango, que días después escapó de la prisión para posteriormente unirse a la gavilla de los Parra.

La última vez que el general Francisco Villa estuvo en la ciudad de Durango fue en los primeros días de noviembre de 1921. El objeto de su visita consistió en pagar los impuestos por la hacienda de Canutillo que el gobierno del estado que encabezaba el general Jesús Agustín Castro Rivera le estaba cobrando. Aprovechó el general para donar cierta cantidad de dinero a un hospicio y al final mandó buscar a Octaviano Meraz, entonces ya un hombre de avanzada edad, pues contaba con 72 años. Meraz que estaba de visita con su hija Inés recibió a la escolta del general Villa y los acompañó hasta el hotel Roma, donde se hospedaba el Centauro. Al verlo, y casi al borde del llanto, Villa abrazó a Meraz agradeciéndole que casi treinta años atrás le perdonara la vida.

Esta trilogía de bandidos legendarios tuvo muchas cosas en común. Las más significativas fueron sus orígenes humildes, las causas que los orillaron a convertirse en bandoleros y finalmente que los tres fueron perseguidos por Octaviano Meraz González. Francisco Villa no conoció a Heraclio Bernal, pero Ignacio Parra sí, motivo por el cual se puede pensar en que sin la influencia del "tigre" Parra sobre Doroteo Arango, quizá el curso de la Revolución Mexicana hubiera sido diferente.

ogjimenez66@hotmail.com

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