
En la víspera del Día de San Lorenzo, todo Parras huele a fiesta y uva. A los costados de la carretera que lleva a esta pequeña ciudad coahuilense, cuatro veces centenaria, se observan los puestos de comida, bebida y recuerdos.
En la ex Hacienda de San Lorenzo, los danzantes se preparan para la ofrenda al santo mártir, el diácono romano ejecutado bajo el reinado del emperador Valeriano, el 10 de agosto del año 258.
Las piras y "toritos" esperan el fuego en el patio de la Casa Madero, la vinícola más antigua del continente. El pueblo comienza a congregarse. En el cielo se aglomeran unas nubes que presagian lluvia... pero nadie se arredra, porque Parras está por celebrar una de las fechas más importantes de su calendario, que en este año cae en miércoles.
UNA DANZA PARA CELEBRAR