L U N E S
Extraño destino el de algunos seres de ser para no ser. Ahí tenemos entre esos muchos, el caso de la que se decía Anastasia, y que otros afirman que sólo era la hija de unos campesinos polacos. Esta mujer parece que nació exclusivamente, sin ningún otro objeto que justifique su existencia, para pasarse la vida peleando por ser reconocida como la que decía ser: Gran Duquesa, hija del Zar Nicolás II de Rusia.
Y como ni ella convenció a todos ni sus opositores logran confundirla, esta mujer dejó este mundo legándole un misterio más.
Otros han sido, por ejemplo, aquél del hombre de la máscara de hierro, que Dumas aprovechó tan bien y gracias al cual Douglas Fairbanks, padre, pudo hacer, en su tiempo, una de las más espectaculares películas de capa y espada. Por cierto que el his