Reportajes viernes 7 de nov 2003, 11:22am - nota 1 de 1

Día del ferrocarrilero| Poco qué festejar...

Por: CRISTAL BARRIENTOS TORRES / EL SIGLO DE TORREÓN


Jubilados esperan "justicia"

Torreón, Coah.- Las vías del tren formaron parte de su vida durante 27 años. A diario recorría más de 15 kilómetros para reparar rieles sueltos y cambiar rutas. Pero Fernando Sánchez Luna asegura: Para los jubilados en el Día del Ferrocarrilero no hay mucho qué festejar.

Tenía 22 años cuando comenzó a trabajar en Ferrocarriles Mexicanos. Su padre también era mayordomo en la empresa y no le fue difícil conseguir un puesto.

Su primera obligación fue reparar las vías, después cambiar la ruta de los trenes. El trabajo siempre fue duro: debía recorrer más de 15 kilómetros diarios y al final terminaba con los pies hinchados de tanto caminar.

-Me encargaba de mantener en buenas condiciones los rieles para darle paso a los trenes, fue un trabajo de mucha responsabilidad.

En una ocasión él y sus compañeros tuvieron que reparar más de 100 kilómetros. El trabajo duró días y terminaron exhaustos: con las manos llenas de callos.

A pesar de que la mayoría de los hijos de ferrocarrileros sabían que tarde o temprano seguirían los pasos de sus padres, Fernando asegura que no era el trabajo que todos desearan.

-Mi papá casi nunca estaba con nosotros, tenía 22 años cuando comencé a trabajar en Ferrocarriles, la pensé mucho para animarme a entrar.

El Departamento de Vía donde trabajaba Fernando era la columna vertebral del ferrocarril. Se arriesgaban por la conservación de las vías para que los trenes pudieran circular libremente sin sufrir ningún accidente.

Durante 25 años nunca reparó las vías de Torreón. Siempre estuvo lejos de su familia. Iba y regresaba cada ocho días para pasar unas cuantas horas con sus hijos y esposa. Fue en los dos últimos años cuando la empresa le dio un puesto en la estación de la ciudad.

Fernando dice que la gente cree de manera equivocada que el salario de los trabajadores era bueno. Incluso muchas mujeres los buscaban para casarse porque querían asegurar su futuro.

-Los sueldos siempre fueron bajos, no eran tan buenos como muchos creían.

Soportó 25 años lejos de su familia con la esperanza de que cuando llegara a viejo, tendría una pensión que le permitiría vivir sin problemas económicos. Se equivocó.

-Estoy jubilado por míseros tres mil 200 pesos. Todos los jubilados hemos puesto demandas para que nos den más dinero, pero nada. Desde 1997 nadie nos resuelve.

Antes, dice, eran respetados y queridos, incluso envidiados por trabajar en la empresa, pues a pesar de que tenían malos salarios eran mejores que los de muchos otros.

-Teníamos la facilidad de poder renunciar hasta por un año a la empresa y luego regresar, muchos aprovechamos eso para trabajar en otra cosa cuando teníamos deudas.

Por eso sabe otros oficios: estibador, albañil, incluso trabajó de policía. Tenía que hacerlo para mantener a su familia porque el dinero no le alcanzaba.

-El sueldo era un “chivito” seguro pero no completábamos. Y eso que nos enfrentábamos a muchos peligros.

En ocasiones al caminar sobre las vías se topaba con animales peligrosos. El riesgo aumentaba cuando trabajaba de noche.

-Durante 25 años fui foráneo porque todo se manejaba por escalafón, los que tenían muchos años trabajando eran los que podían darse el lujo de estar en Torreón.

A pesar de que el dinero nunca le sobraba, Fernando se siente orgulloso de ser ex ferrocarrilero. Pero también siente pena por la vida que llevan los jubilados porque la pensión no les alcanza para vivir.

A diario los jubilados acuden a las oficinas del Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros, con la esperanza de recibir buenas noticias por parte de sus líderes.

-Las demandas hace años que las pusimos y no prosperan, nadie nos sabe decir qué va a pasar con nosotros.

Muchos como Fernando se hicieron viejos en Ferrocarriles Mexicanos con la esperanza de tener una pensión que compensara el esfuerzo de tantos años.

-Ojalá y fueran justos y nos dieran lo que en realidad nos merecemos.

Otra historia

Ezequiel Romero Hernández ahora es director del Museo del Ferrocarril. Antes trabajó en Ferrocarriles Mexicanos y al igual que Fernando, tuvo que pasar muchos años fuera de Torreón lejos de su familia.

Entró a trabajar a Ferrocarriles Mexicanos en 1971, durante cinco años fue practicante porque no había un instituto de capacitación dónde aprender el oficio. Siempre fueron los mismos empleados quienes enseñaban a los “chícharos” –así se les conocía a los nuevos trabajadores-.

-Así empezaba la vida de los ferrocarrileros, como “chícharos”, haciendo de todo un poco.

Ezequiel pasó de oficina en oficina. Por un reajuste de personal tuvo que comenzar a trabajar en otras ciudades, ni siquiera tuvo la oportunidad de convivir con su hija recién nacida.

-Siempre trabajé en las oficinas, nunca anduve en el tren, pero aún así era difícil.

A decir de Ezequiel en la empresa jamás se contrataban personas externas como albañiles, electricistas, fontaneros, entre otros.

-Había gente de todos los oficios y nunca fue necesario traer a alguien de fuera para reparar o construir algo.

Quien trabajaba en Ferrocarriles Mexicanos era una personalidad e incluso era invitado especial a los eventos municipales.

-Todo eso con el tiempo se fue perdiendo. En los últimos años se le ha catalogado de mujeriego y alcohólico.

El motivo principal, dice, fue que los ferrocarrileros perdieron el amor al trabajo.

El declive

En opinión del jubilado ferrocarrilero, Rubén Cepeda, atribuir el déficit financiero y fracaso de Ferrocarriles Mexicanos a sus trabajadores, es injusto, pues antes se deben analizar otros aspectos de la empresa como: entorno legal, interrelación gubernamental, organización, pero sobre todo la responsabilidad social para dar respuesta a la economía y eficiencia de transporte.

Se debe reconocer, dice, al trabajador que hizo posible la movilización de trenes con marcadas carencias pero con mucha voluntad de servicio.

“Existen datos de que tan sólo en una de las cinco empresas nacionales, movieron en un año casi 67 millones de toneladas de carga netas. Un estudio auspiciado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, dice que los ferrocarrileros aún y con sus defectos, en conjunto arrojaron un beneficio social en el año de 1979 de alrededor de ocho mil 235 millones de pesos de esa época”.

La llegada a Torreón

El 23 de septiembre de 1883 llegó el primer tren del Ferrocarril Central, pero oficialmente se inaugura el 22 de marzo de 1884. El tráfico de la Ciudad de México a Ciudad Juárez, Chihuahua, se abrió el diez de abril de ese mismo año.

Daba servicio al Estado de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, Coahuila y Chihuahua, tocando Texas con su trasbordo. El Ferrocarril Central construyó 1970 kilómetros de vías en mil 388 días con un promedio diario de un kilómetro y medio.

El Héroe de Nacozari

En la ciudad de Hermosillo, Sonora, nació, el 13 de noviembre de 1881, Jesús García Corona, a quien la historia conociera como El Héroe de Nacozari. Murió el siete de noviembre de 1907. El Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros instituyó en 1944 -por declaratoria presidencial- esa fecha como el “Día del Ferrocarrilero”.

El martes siete de noviembre de 1907, era otra más de las jornadas de trabajo de Jesús García en la mina. Llegó en pocos minutos al kilómetro “El Seis”, donde había almacenes y casas de trabajadores que mantenían las vías. Después de una primera vuelta a la mina, la locomotora alcanzó de nuevo “El Seis”. Con suerte, Jesús debía completar dos corridas más. Un mensajero lo aborda para darle una noticia inesperada: Necesitan suplementos en la mina.

Jesús dejó 50 de sus góndolas en “El Seis” y descendió a la mina. Cuatro toneladas de dinamita (utilizadas en la ampliación de la mina) serían llevadas al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones.

En el nivel más bajo de la mina, el cargamento había sido completado. Sin embargo los ingenieros no colocaron los carros con explosivos al final del cuerpo del tren sino en los dos primeros, enseguida del motor de combustión. La locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, que no había sido arreglado, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones cargados con cajas de dinamita.

Incrementado por el viento que el movimiento del tren producía, el fuego se expandió. El aire fluyó a través de las cajas e intensificó las llamas, intentaron inútilmente detener con sus ropas el fuego. Cuando la esperanza se desvaneció por la intensidad del fuego, Jesús le pidió a la cuadrilla que lo acompañaba que se arrojaran del tren e imprimió toda la fuerza a la locomotora.

Tan enorme fue la explosión que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Gran parte del motor fue también lanzado y su cuerpo fue alcanzado por las ruedas traseras.

actividades

Este siete de noviembre el Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros realizará algunas actividades:

* 08:00 horas: ofrenda floral en el busto de Jesús García Corona.

* 08:30 horas: peregrinación ferrocarrilera.

* 10:30 horas: partido de futbol.

* 15:00 horas: convivio en el Centro Social Ferrocarrilero, Sección 27.

FUENTE: Sindicato Nacional de Trabajadores Ferrocarrileros, Sección 27

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