Nosotros domingo 2 de nov 2003, 11:22am - nota 19 de 20

PSIQUIATRIA / Medicamentos psiquiátricos

Por: Fernando Villa Hernández


Los conocimientos respecto al funcionamiento de la naturaleza nos han dado herramientas para manipularla dentro de ciertos límites que dependen de la extensión y profundidad de éstos.

Los logros de la ciencia han disminuido muchas de las incomodidades, dolores y limitaciones del pasado, el conocer el origen de las enfermedades y la forma de enfrentarlas, han sido la base de nuestro relativo bienestar actual, la salud en general ha aumentado prolongando el tiempo y calidad de vida sobre todo en los países ricos.

Los medicamentos actuales han aumentado en número, calidad y área de uso en forma sorprendente, sin embargo los conocimientos por adquirir no terminan y en el futuro existirán medicamentos y recursos para lograr mejores resultados en la lucha contra las enfermedades.

Sustancias que actúan en el cerebro han sido usadas empíricamente por muchos pueblos y culturas, las bebidas alcohólicas, tabaco, café, cacao, peyote, coca y hongos, han sido ingeridas para lograr efectos que fueron usados como forma de convivencia o para tener experiencias que consideraban místicas, otras como la valeriana, tila, paciflorina, entre otras, para lograr disminuir la ansiedad o para favorecer el sueño.

En la medicina se lograron avances de anatomía, fisiología y microbiología que sustentaron el descubrimientos de múltiples fármacos para tratar las enfermedades. Se abandonaron las explicaciones místicas de las dolencias que se entendieron como el producto de interacciones de nuestro cuerpo con microorganismos o cambios desafortunados de nuestra propia organización biológica.

Sin embargo, las manifestaciones normales del cerebro como la emotividad, inteligencia, sensaciones, voluntad, deseos y actitudes continuaban siendo difíciles de abordar, tanto porque la tecnología y ciencia no habían avanzado como porque éstas funciones humanas continuaban teniendo una importancia mística y moral.

En los inicios, para comprender funciones normales y alteradas de la mente se postuló a principios del Siglo XIX la explicación moral. Según éste esquema, las alteraciones mentales aparecían como producto de pensamientos y actitudes inmorales de acuerdo a las buenas costumbres y religión; la penitencia y los cambios radicales de los rasgos inmorales podían reivindicar a la persona recuperando con ello la salud.

Los que no estaban de acuerdo con esta idea no podían sustentar sus hipótesis de bases biológicas por el atraso del conocimiento y tecnología de la época. Las discusiones bizantinas de las dos tendencias no llegaban a concluir grandes cosas, como herencia de esto aún persisten ideas como las luchas entre los instintos considerados perturbadores del ?id? con las ideas moralizantes del ?superego? que producían ansiedad, neurosis.

Apenas hace pocos años intentaba explicar la paranoia, esquizofrenia e incluso la epilepsia, estas fuerzas internas se enfrentaban en gran parte por fuera de nuestra conciencia y ocasionalmente podíamos darnos cuenta de esto por medio de las imágenes oníricas (sueños) o por pensamientos o palabras no deseados que provenían de esta lucha en gran parte secreta, pero de consecuencias graves para nuestra salud mental.

Actualmente sabemos que dichas controversias psicológicas se producen, pero su importancia sobre nuestra psicología no es tan determinante como se pensó. Los descubrimientos en neurología y neurofisiología aplicados al funcionamiento cerebral normal o alterado nos ha dado la explicación, aún en forma incompleta de enfermedades tan graves como la paranoia, esquizofrenia, psicosis maniaco-depresiva, demencias y han permitido que se puedan diferenciar con más claridad las alteraciones de la personalidad (llamadas neurosis) de cambios anormales de la bioquímica en las sinapsis neuronales como sucede en la depresión endógena.

Respecto a la personalidad sana, se puede comprender mejor que es producto de la particular estructura bioquímica y neuronal del cerebro de cada quien y que fue programado por los genes heredados, muchas de las emociones y conductas son ahora considerados normales (dentro de cierto límite) y no producto de luchas internas misteriosas.

Estos conocimientos han sido acompañados por descubrimientos de fármacos que han servido para tratar con relativo mejor resultado enfermedades que se habían mantenido como las más temidas, vergonzantes y desconocidas.

Los medicamentos psiquiátricos son sin lugar a dudas los que más han logrado avances en los últimos quince años, son más eficaces y los efectos colaterales que antaño fueron temibles, son proporcionalmente mucho menos difíciles.

Existen tranquilizantes variados que se pueden adaptar a la particular idiosincrasia de cada paciente, los antidepresivos abundan y sus mecanismos de acción sobre los neurotransmisores se han hecho más amplios por lo que tenemos un arsenal más variado para tratar las depresiones que en cada paciente puede ser por diferentes alteraciones neurobioquímicas.

La psicosis puede ser enfrentada con neurolépticos (antipsicóticos) más tolerados y que actúan por distintos mecanismos, la enfermedad llamada mental o psiquiátrica ha dejado de ser tan misteriosa y cruel como lo fue en el pasado, aunque no del todo, pues aún continúa siendo difícil y falta mucho por descubrir respecto a sus causas y la forma de enfrentarla.

La mayoría de los medicamentos en psiquiatría no se usarían para buscar efectos de los perseguidos por los adictos y pocos de ellos cuando se usan mal llegan a formar hábito; sin embargo, son medicamentos que deben usarse después de haber llegado a un diagnóstico correcto y a las dosis adecuadas de acuerdo a las múltiples y particulares circunstancias de cada caso.

La medicina tiene en la especialidad de psiquiatría uno de sus éxitos más aparentes de los últimos tiempos y ha logrado salir en forma importante de la ignorancia y fantasía que frecuentemente la acompaña.

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