El Señor hizo a la tortuga.
Vio ella el mundo, y encontró que era bueno. Con lentos pasos fue a ocuparlo.
La miró el hombre y dijo, desdeñoso:
-¡Qué lenta es!
-Te equivocas, Adán -lo corrigió el Señor-. Para lo suyo es tan rápida como puedes ser tú para lo tuyo. Lo que sucede es que eres hombre. Vive en ti la soberbia, el primero y mayor de todos los pecados. Piensas que el hombre es la medida de todas las cosas. Y eso es falso. El hombre es sólo la medida de esa pequeña cosa que es el hombre. Cada criatura tiene su propia medida. Conforme a la medida de la tortuga ¡vieras qué rápida es!
Adán no dijo nada ya. Se propuso ser más humilde. Y ése es un propósito muy grande. Al menos para su medida.
¡Hasta mañana!..
Pepito le dice a su mamá: "Mi papi no sabe contar". La señora, extrañada