Doctor en Casa sábado 10 de jul 2010, 7:48pm - nota 1 de 1

Adicción a la adrenalina

Por: Fabiola Pérez-Canedo


Un adicto a la adrenalina pone su vida en la cuerda floja

En ocasiones, es divertido sentir un poco de peligro, como al subirse a un juego mecánico, pero esto también puede significar una conducta de riesgo si la persona necesita todo el tiempo experimentar esa emoción por ser la única forma de sentirse viva.

¿Qué es la adrenalina?

José Antonio Miranda Hernández, psicólogo, define la adrenalina como la sustancia que segrega el cuerpo al experimentar este tipo de emociones y que tiene factores psicológicos que pueden motivar a la persona, los cuales pueden ir desde saltar de un bungie, manejar a gran velocidad o incluso sentirse presionada todo el tiempo en el trabajo o la escuela.

“Hablaríamos de un estrés positivo que genera adrenalina y que hace que el organismo se mueva”, manifestó.

La adrenalina es una hormona secretada por las glándulas suprarrenales bajo situaciones de alerta o emergencia. Esta hormona actúa principalmente sobre el músculo, el tejido adiposo y el hígado. Comienza a secretarse en cuestión de segundos, pero su punto más alto se produce al llegar al minuto de producción. Su efectividad se extiende entre uno y tres minutos y tiene la capacidad de aumentar el metabolismo normal del cuerpo hasta en un 100 por ciento.

Ante las situaciones de riesgo, las glándulas suprarrenales secretan la adrenalina, la que relaja la musculatura de las vías respiratorias para permitir que ingrese más aire a los pulmones; estimula al corazón y lo hace latir más rápido y con más fuerza; las pupilas se dilatan para que aumente la capacidad de observar; la velocidad de la respiración aumenta y el sistema digestivo se retarda de manera que entra más sangre a los músculos, los cuales se tensionan y aumenta la presión arterial.

Adicción

El psicólogo explicó que por lo general se manejan dos casos para sentir la adrenalina. El primero es el normal, donde la persona sólo recurre a esto en ocasiones y lo hace porque busca sentirse motivada, mientras que el otro caso es un trastorno de personalidad, en el que el individuo es adicto a la adrenalina y requiere que todas sus experiencias sean “cumbre”.

“Las experiencias cumbre los llevan a un alto riesgo, ponen en peligro su vida, pero ellos necesitan sentirse en peligro para estar motivados, aquí estamos hablando de un trastorno de personalidad”, expuso. Se vuelve una adicción cuando la persona necesita vivir esto de manera cotidiana, es una cuestión similar al tabaquismo o el alcoholismo.

Miranda Hernández señaló que es normal que los seres humanos quieran sentir adrenalina, pues en lo común de la vida existen experiencias “grises”, buenas y malas, y muchas personas buscan experimentar emociones diferentes, donde recurren a lo que les genere ansiedad y excitación.

Consideró que la sociedad en la actualidad está más orientada a producir este tipo de experiencias.

“En el caso del trastorno de personalidad, es gente que necesita forzosamente sentirse emocionado para sentirse vivo, necesitan experimentar algo muy fuerte para sentir que están viviendo, porque las experiencias cotidianas las ven aburridas y estas son las que se les quedan grabadas”, comentó.

La persona que tiene adicción a la adrenalina puede estar tratando de llenar un vacío interior con esta “inyección” de energía, lo que puede ser muy peligroso para su vida diaria, al buscar emociones en actividades como saltar en paracaídas, en bungie, excursiones en las montañas, la velocidad al conducir.

La gente en esta situación suele no poder explicar lo que siente cuando se lanza al vacío, algunos dicen que es como si se fueran a morir y luego se relajan cuando nada pasa, pero corre en su interior una energía muy fuerte que les hace sentir capaces de todo.

Pero como en toda droga, el adicto cada vez requiere de una dosis más alta de adrenalina para sentir los efectos que antes le solía producir, lo que se traduce en la necesidad de exponerse a una situación de mayor riesgo en la siguiente ocasión.

La diferencia entre vivir intensamente y ser un adicto a la adrenalina, está en que este último no evalúa las consecuencias o efectos que pueden producir sus actos, porque lo fundamental es tener mayor satisfacción, tanto a nivel biológico como psicológico.

Por lo tanto, la persona que padece este cuadro estará en constante búsqueda de nuevos desafíos que le permitan cumplir sus necesidades de peligro, las que pueden tener su explicación en el plano emocional.

Del gusto al trastorno

El psicólogo dijo que una persona con trastorno de personalidad que tiene adicción a las emociones fuertes presenta un perfil característico: huye al compromiso, tiende a aburrirse continuamente, necesita tener un grado de excitación en su vida, requiere enfrentar el peligro constantemente.

Es decir, la persona disfruta de aquello que domina y no de lo que lo domina a él, en estos casos, el problema es que no pueden dejar de hacerlo ni disfrutar de otra manera que no sea esa. Este tipo de individuos requieren de la secreción de adrenalina porque les produce efectos químicos a nivel del organismo que se traducen en sensaciones que evocan las del orgasmo.

También la producción de adrenalina estimula la liberación de dopamina en el sistema nervioso central, una sustancia que provoca sensación de bienestar anímico.

Miranda Hernández explicó que el problema de estas personas es que no saben establecer un límite, por lo que hay rangos que van desde practicar deportes de riesgo hasta buscar situaciones de peligro extremo. En el caso de este trastorno, la conducta maneja a la persona, cuando debiera ser al revés.

El tratamiento de este tipo de personas es con terapia farmacológica y psicológica, pero el principal problema en estos casos es que el adicto no se ve como tal y la gente a su alrededor tampoco lo identifica así, sino que lo ven como alguien valiente.

“Eso hace que refuerce su conducta y continúe teniendo experiencias así, un ejemplo de esto lo vemos en los corredores de autos, en los toreros, generalmente están expuestos al peligro pero la gente los ve como valientes, como personas admirables y esto hace que no se den cuenta de que tienen un problema”, expresó.

Pretextos

La adrenalina, también llamada epinefrina, fue aislada por primera vez por el químico japonés Jokichi Takamine, quien dio pie a los estudios que se conocen al respecto, los cuales señalan que en cantidades normales en el cuerpo permite el correcto funcionamiento de los triglicéridos (principal tipo de grasa en el cuerpo humano), así como el óptimo aprovechamiento de azúcares por parte del organismo.

No obstante, el desafío puede convertirse en adicción, ya que cada vez son más altos las exigencias a satisfacer bajo el pretexto de eliminar el estrés del cuerpo y, como una droga, necesitan de dosis más fuertes para poder complacerse.

Actualmente son motivo de investigación los impulsos en la motivación, pues son cada vez más los adictos a la adrenalina, quienes viven en constante competencia con ellos mismos, más que con los demás, ya que se imponen retos propios.

En algunos casos de emergencia, la adrenalina se usa para restablecer el latido del corazón inyectándola directamente, por ejemplo, en un paro cardiaco que no responde a maniobras de reanimación. Asimismo, los asmáticos suelen emplear medicamentos a base de esta hormona para abrir las vías respiratorias, de igual manera se aplica ante un congestionamiento nasal, ya que reduce todas las secreciones corporales.

En busca de lo exótico

El psicólogo dijo que la sociedad, mientras más avanza, más se ha ido por el camino de la tecnología, pero a la vez la gente es más solitaria y tiene menos contacto con sus emociones, por lo que cada vez son más los trastornos de este tipo que se presentan.

“Evitan el compromiso y tratan de encontrar experiencias exóticas y excitantes”, comentó.

El psicólogo Miranda Hernández dijo que un trastorno de personalidad sin duda lleva consecuencias que pueden ser fatales, pues de tanto arriesgarse, pueden terminar en un accidente, su vida tiene un riesgo mayor que el de una persona normal.

Como recomendación, el psicólogo señaló que es positivo vivir experiencias de adrenalina pero no como una adicción.

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