El callejón sin salida fue a consultar a un siquiatra.
-Sufro mucho -le dijo-. Todos los callejones tienen salida, menos yo.
-¡Vaya! -exclamó el siquiatra-. ¿De modo que es usted ese famoso callejón sin salida del que todos hablan?
-Sí, -contestó él bajando la cabeza, avergonzado-. Yo soy el callejón sin salida.
-Muy bien -dijo el siquiatra-. Supongo que tarde o temprano tenía que encontrármelo. Vamos a ver, callejón sin salida: ¿tiene usted entrada?
-Sí –respondió el callejón-. Entrada sí tengo. Nadie ha oído hablar de un callejón sin entrada.
-Pues así no hay problema. Por donde se entra se puede salir. Si tiene usted por dónde entrar no es un callejón sin salida. Su caso está resuelto. Salga por donde entró.
Salió por la entrada entonces el callejón sin salida. Cuando llegó