EDITORIAL jueves 4 de mar 2010, 8:45am - nota 6 de 9

Liberación femenina

Por: YAMIL DARWICH


Diálogo

De nuevo los plazos se cumplen y pasa un año más, hasta llegar al ocho de marzo: el Día Internacional de la Mujer.

En 1791, Olympe de Gouges, hizo la "Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana", inmediatamente después de la Revolución Francesa, tomando como base los "Derechos del Hombre y el Ciudadano", aseveraciones declaradas por los pensadores galos de la época.

En Inglaterra, durante el siglo XIX, apareció un grupo de mujeres que empezaron a reclamar el derecho a ser tratadas como iguales ante los hombres y se les diera voto para elegir gobernantes; así iniciaba el movimiento que luego se definiría como "Liberación Femenina", que al ser retomado por las hembras de los Estados Unidos de Norteamérica, les llamaron "sufragistas".

Ese inicio de lucha por la igualdad daría lugar al fenómeno más profundo e importante: la verdadera oportunidad de que las mujeres encontraran realización humana a través de sus propios planes, esfuerzos y logros.

Actualmente, podemos encontrarla en todos los ámbitos laborales; igual como eminentes neurocirujanas, hábiles ingenieras, reconociéndoseles como excelentes investigadoras o trabajadoras en líneas de producción.

Aunque haya avance importante, aún no es suficiente.

Nuestras leyes han sido modificadas para darles la igualdad; así, podemos ver que en los puestos de administración pública se busca el equilibrio, asegurándoles una representación casi igual a la de los hombres, aunque existan algunas de ellas que renuncien al privilegio entregando la plaza ganada a los varones en decepcionante sumisión partidaria política. ¿Recuerda a las diputadas "juanitas", que rompieron con el principio de igualdad al renunciar y entregar puesto y dignidad a los varones suplentes?

A lo largo de la historia, han existido mujeres destacadas en las letras, ciencias y artes; deportistas y políticas, capaces de dirigir a una nación, siempre luchando un poquito más que los hombres, quienes por tradición tenemos mayor acceso y nos sentimos derechosos. Sería largo enunciar ejemplos, baste reconocer que a nuestro alrededor tenemos muchos casos.

En el año de 1975, proclamado por la ONU, se celebró en México el "Año Internacional de la Mujer", que tuvo amplia difusión en todos los medios de comunicación.

Por los años cincuenta, este movimiento tuvo la desgracia de ser "adoptado" por un grupo de pseudointelectuales, que le hicieron medio para imponer criterios y teorías raras, persiguiendo fines distintos a la igualdad y superación femenina valiéndose del impulso generado por otras a lo largo de los últimos siglos, buscando cobrar deudas individuales a la sociedad y a los varones.

Evidente la lucha de esas minorías de pseudoliberación sexual, que defienden posiciones extremas, insistiendo en romper con formas de vida e instituciones establecidas.

De hecho, es hasta conveniente escucharlas para revisar y validar a las instituciones con sus leyes, reglas, políticas, usos y costumbres.

Así es como se ha perfeccionado la forma de persistir -de los seres humanos- en convivencia: lo malo llega cuando no se tiene una contrapropuesta que vaya más allá de la destrucción.

Desde luego que habrá que hacer justicia a la mujer y entregarle -que no es correcto decir "darle"- el lugar que le corresponde; seguro que debemos exigirle al hombre su colaboración en las actividades de pareja y familia, haciéndoles más llevadera a las féminas la responsabilidad de ser madres, hijas, esposas, trabajadoras diversas, desde profesionistas a lavanderas, curadoras, compradoras, cocineras y otras muchas funciones que realizan en el transcurso de uno de sus días, que comúnmente superan las dieciséis horas efectivas de trabajo.

Aprendamos a hacerles sentir la presencia del varón que apoya, fortalece la dignidad de la mujer y se enfrenta a la tradicional figura del macho sometedor, que insiste en ocupar el lugar preponderante de único jefe; que por cierto, en la mayoría de los casos mexicanos, lo hemos acaparado sólo por nombramiento, sin efectos verdaderos a la hora de aplicar la autoridad responsable en situaciones importantes y decisiones trascendentes.

Ahora aparece un nuevo grupo de feministas, esas que ya han descubierto estar infiltradas en sus buenas intenciones y declaran desear ser tratadas como mujeres en cuestiones de relación de pareja; niegan repudiar a los varones y eliminarlos de su vida social y familiar.

Esas mismas féminas ya se han dado cuenta del interés de verdaderas distractoras disfrazadas de defensoras, que intentan inducirlas en la decisión intelectual del ejercicio del sufragio u ofreciéndoles bases de aparente libertad para deshacerse de la pareja heterosexual.

Buscan, sin desmayar en sus propósitos de superación humana, que el hombre coopere y en armonía lograr alcanzar la verdadera felicidad en comunión. Su actuar se reflejará en el mundo futuro.

Busquemos a las mujeres que nos conceden el privilegio de convivir y participar en la vida social; felicitémoslas haciendo votos de compromiso ante ellas, reconociéndoles igualdad para buscar unidos la realización en pareja. ¿Acepta?

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