Las personas con tiquismiquis de conciencia no deben leer el execrable cuentecillo que hoy abre el telón de este inane articulejo. Helo aquí. Una guapa turista viajaba en su automóvil por las vastas planicies de Arizona. En un camino rural el vehículo dejó de funcionar a causa del intensísimo calor propio de los desiertos arizónicos. Seguramente la escultural mujer habría muerto de insolación y sed de no haber sido porque pasó un piel roja en su caballo, y le ofreció llevarla en ancas del corcel hasta el siguiente pueblo. Así lo hizo, y la dejó sana y salva en el saloon del lugarejo. Ahí contó su aventura la viajera. "El indio me trajo en ancas de su noble bruto -narró a los circunstantes-. Algo me llamó la atención: cada 15 minutos el piel roja lanzaba un alarido formidable, comparado con