Rosilí, muchacha soltera, le confesó a su mamá que esa noche había hecho el amor por primera vez. "¡Santo Cielo! -exclamó, preocupada, la señora-. Y ese hombre ¿te cumplirá?". "Ya me cumplió, mamá -contesta Rosilí-. Me pagó 500 pesos"... En el lecho de agonía la señora le pidió a su marido: "Si contraes nuevo matrimonio, no vayas a traer a tu nueva mujer a la que fue mi casa". "No -responde el individuo-. A ella no le gusta esta colonia"... Añoro aquellos teatros de carpa que vi en mi juventud, herederos de las corralas cervantinas y de "La barraca" de García Lorca. En ellos pervivía una declamatoria tradición escénica. Decir: "Está muerta" era pecado; había que pronunciar: "Eshtá muéreta". Ponían esas insignes compañías el Tenorio "con todos los trucos que requiere la obra", y presentaban