Nosotros martes 16 de sep 2003, 11:22am - nota 2 de 7

Un recorrido por la piel


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MÉXICO, DF.- Si le preguntaran cuál es el órgano sexual más extenso del ser humano, ¿usted qué contestaría? Los expertos dicen que si la retiráramos de nuestro cuerpo y la extendiéramos, la piel ocuparía algo así como dos metros cuadrados.

Es además un artículo de lujo: es portátil, se lava, se decora, se perfuma, se perfora, tiene un excelente sistema de renovación y algo muy importante, es la frontera entre nosotros y el mundo que nos rodea.

Este texto podría ser un viaje, una invitación a conocer la piel que cubre todo nuestro cuerpo. Este recorrido nos permitiría darnos cuenta de las diferentes texturas que presenta, de sus diversas temperaturas y humedades, de su variada sensibilidad.

No va a decir que se siente igual cuando toca la piel que cubre sus rodillas, a la que se encuentra entre sus muslos; no percibe la misma sensación si se toca los codos o el antebrazo, que si hace lo mismo con sus pezones o el periné.

La piel guarda nuestros olores, nuestros sabores; gracias a ella percibimos el frío y el calor, o las caricias y las cosquillas. Presenta zonas raspositas, o acolchonadas, con vello o sin él; en ella se deposita nuestro color y todas sus variantes.

A la piel la pintamos, la decoramos, la cubrimos, la “tostamos”. Habla por nosotros, nos dice si nuestro cuerpo tiene sed o si ha estado sometido a un largo proceso de estrés; manifiesta nuestros cambios hormonales, y por supuesto, nuestra edad.

La piel aloja cuidadosamente a uno de los cinco sentidos: el tacto. Por él podemos sentir la diferencia entre una lamida y un pellizco, la piel fresca de un recién nacido o la cicatriz de una intervención quirúrgica.

El tacto es uno de los elementos indispensables para que los humanos sobrevivamos. Algunos experimentos hechos en universidades estadounidenses, hablan de ello. En la Facultad de Medicina de Colorado, separaron de su mamá a monos recién nacidos. Los investigadores registraron en los pequeños, cambios en su temperatura corporal, en su ritmo cardiaco, en su ritmo de sueño y hasta en las funciones de su sistema inmunológico. Concluyeron que la falta de contacto con la madre podría acarrear perturbaciones físicas y sicológicas.

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