Debe haber libertad de expresión, sobre todo cuando te machucas un dedo con el martillo. ¿Sorprenderá entonces que haya quienes están dispuestos a ofrendar la vida para preservar esa libertad? "Give me liberty or give me death!", clamó Patrick Henry, prócer de la independencia norteamericana. "Dadme la libertad o dadme la muerte". Quizá, puestos a escoger, optaríamos por algo intermedio, pero entre las modestas misiones que me he fijado está la de ser Defensor de la Libertad. Incluso tengo destinado un día a la semana -generalmente los lunes- para defenderla. Más días no puedo, pues también he asumido la defensa de la Justicia, la Verdad, el Bien y los lustradores de calzado, que con el uso tan extendido de los tenis cada vez tienen menos qué lustrar. Últimamente me he comprometido también