Hu-Ssong, filósofo oriental, oyó narrar el apólogo del hombre que encontró cierto día una moneda tirada en el suelo. Desde entonces no volvió a levantar jamás la vista, con la esperanza de hallar otra moneda.
-Yo sé otro apólogo -dijo Hu-Ssong a sus discípulos-. Un hombre quiso llevar siempre la mirada en las alturas. Por ir así no miró un pozo, y cayó en él.
-¿Cuál de los dos apólogos -le preguntaron los alumnos- debemos entonces aceptar?
-Ninguno de los dos -les contestó el maestro-. Hay tiempos para mirar el cielo, y tiempos hay para poner los ojos en la tierra. El ideal es siempre hermoso, pero no debe apartarnos de la realidad.
¡Hasta mañana!...
El adulterio es algo feo de mencionar. Muchos estarían dispuestos a cometerlo, pero no a decir la palabra en público. El padre Arsilio s