Afrodisio Pitongo, galán proclive a la concupiscencia de la carne, conoció en un bar a una linda chica, y le invitó una copa. Ella aceptó, y aceptó también una segunda, y otra más. Afrodisio consideró que la situación se presentaba bonancible, y le sugirió a la muchacha ir a un sitio más discreto. Mencionó un cierto motelito que estaba por ahí cerca. Ella se molestó al oír aquella proposición indecorosa. "¿Piensas acaso -le dijo con acrimonia a su amigo ocasional- que tres copas son suficientes para hacer de mí una prostituta?". Pregunta Afrodisio: "¿Entonces cuántas se necesitan?"... El próximo viernes pondré aquí dos cuentos de color subido. Siempre acostumbro anunciar uno, pero en está ocasión narraré dos. Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedade