Una mujer y un hombre que se habían amado cuando jóvenes, pero cuyo amor no cristalizó por cosas de la vida, murieron casi al mismo tiempo. Se encontraron en el Cielo, y felices por verse reunidos decidieron hacer lo que en la Tierra no pudieron: casarse. Fueron entonces con San Pedro, y le comunicaron su intención. El celestial portero declaró: "Si quieren casarse deberán esperar 100 años". Pasó ese tiempo, y los enamorados regresaron. "-Deberán esperar otros 100 años" -les dijo el apóstol. Transcurrió el siglo, y de nuevo volvieron con San Pedro el hombre y la mujer. "Ahora sí pueden casarse" -les dice él. Llamó a un cura, y éste ofició la boda. Al terminar la ceremonia pregunta tímidamente ella: "San Pedro: si algún día decidimos divorciarnos ¿podremos hacerlo?". El apóstol se estiró lo