Don Salacio aprovechó la ausencia de su esposa para buscar los favores de la nueva criadita de la casa, Marythorn. Ella al principio resistió las rijosas instancias del patrón, pero cedió al final porque él le hizo un sustancial ofrecimiento monetario. "¡Qué labioso es usté, siñor! -le dijo entonces con un mohín de coquetería-. ¡Ya mi convenció". Seguidamente lo invitó a ir a su cuarto. "Pero antes -le pidió- inséñeme un certificado de buena salú, pa' saber que no tiene usté eso que le dicen sida". Se sorprendió Salacio ante esa inesperada petición. Sin embargo recientemente le habían hecho un examen de salud, de modo que pudo mostrar la constancia que demandaba la criadita. Se llevó a cabo, pues, el erótico trance de fornicación. Acabado el ilícito ayuntamiento don Salacio le dijo a la mu