El brujo estaba trajinando con sus calaveras, sus peroles humeantes, su lechuza y sus yerbas, cuando un feo sapo se detuvo en la puerta. "Es el lechero, -le dice el brujo a su señora-. ¡Qué hombre tan terco! ¡A pesar de lo que le hice te viene a visitar otra vez!"... La pareja de recién casados llegó a su cuarto en el hotel de la ciudad donde ese día contrajeron matrimonio. Ahí pasarían su noche nupcial, pues hasta el día siguiente tomarían el avión que los llevaría a su luna de miel. Vistió el novio su elegante pijama de seda; ella lució su vaporoso negligé. Se metieron los desposados en la cama, y apagaron la luz. Una romántica penumbra se hizo en el cuarto; sólo un leve resplandor lunar entraba por la ventana de la habitación. Se volvió el novio hacia su dulcinea; la tomó entre sus braz